Las Danzas y Otras Tradiciones de mí Cultura Wounaan
Soy originario de la Comarca Wounaan y nací el 1 de noviembre de 2004 en apetí. Actualmente tengo 20 años y estudió la carrera de Geografía e Historia en el Centro Regional Universitario de Azuero.
En mi cultura Wounaan hay diferentes tipos de danzas que nos representan como originarios de la comarca. Para realizar la danza, primero los hombres y mujeres vamos a la montaña a buscar la fruta que se llama jagua, la cual obtenemos remeciendo el palo que la produce.
Después de recogerlas, las mujeres hacen un rallador usando una lata de sardina que la agujerean con un clavo. Luego rayan la fruta de jagua hasta convertirla en granitos que cocinan al fogón. Entonces buscan un pedazo de tela para exprimir el jugo que se convierte en una tinta. Más tarde cocinan nuevamente el líquido hasta hacerlo más negro.
Las mujeres buscan una especie de caña que pelan y hacen un objeto parecido a un tenedor que les sirve como pincel para pintar. Al pintar, sólo las mujeres pintan a mujeres y los hombres a los hombres. No está permitido que hombres pinten a las mujeres, pero sí las mujeres pueden pintar a los hombres. El diseño de las mujeres debe ser diferente al de los hombres porque cada diseño tiene un significado.
Una vez que todos (hombres, mujeres y menores) están pintados, el Fifancigen o señor que organiza la danza y toca los instrumentos (fifan o flauta y el tambor con sus palitos), ordena enfilar a los danzantes para iniciar la danza. Hay diferentes tipos de danzas como la del gallote, el gigante, la mariposa, el ñeque y kurt. Existe también un baile ritual llamado “El aguacerito” que representa un canto a la divinidad y cuyo ejecutor se denomina “meunkaaugen”.
En los que se refiere al matrimonio, nosotros,para tener esposa no nos casamos. Solamente nos unimos. El hombre enamora a las mujeres y después de recibir su aprobación sube a la casa del suegro a conversar todo un día acerca del interés por su hija. Luego se va para su casa y al día siguiente viene para estar con su mujer en la casa del suegro.
Cuando las niñas de entre 11 y 13 años tienen la primera menstruación, sus padres le hacen una tolda en la casa de tambo con hojas de plátano con las cuales también cubren el piso. La niña tiene que esperar cinco días en la tolda, desnuda, comiendo comida simple, sin sal, compuesta solamente por pescado, huevo y plátano sancochados y agua. El último día la mamá tiene que buscar piedras muy lisas y hace un fuego. La piedra se deposita en una vasija para que enfríe el agua y, a las
12 de la noche bañan a la jovencita que luego tiene que correr alrededor del fuego para calentarse. Al día siguiente, no puede conversar con ningún hombre, pero sí puede conversar con sus compañeras. Los pretendientes no pueden hablar con las púberes porque, según las creencias, les puede dar granitos en la piel. Deben esperar 5 días después de pasada la menstruación. Las mujeres tienen que cuidar su seno, y para que no les crezca muy grandes el papá busca una hormiga roja que le da para que ella se la ponga en el seno y permita que la muerda en el pezón, lo que evitará, según la costumbre, que el seno crezca.
Nuestra religión es diferente para adorar a Dios. Debe hacerse una casa llamada “dichar pumam” o tambo grande, dentro del cual se coloca un bote tallado de un árbol especial en el medio de la casa. Las mujeres tienen que estar vestidas de paruma blanca y con el torso descubierto. Los hombres tienen que estar vestidos con “ajua” o taparrabo de tela blanca. Hombres, mujeres y niños danzan alrededor del bote en el centro de la casa soplando la flauta, pidiendo a la divinidad. Algunos hombres se marean al soplar la flauta, y esto es indicativo de que tienen muchos pecados. Al final los hombres soplan la flauta mirando hacia el este, pidiendo que no ocurran tragedias en el mundo. Al terminar la ceremonia se comparten chicha y galletas mediante una amena conversación en el tambo sobre lo que está pasando en el mundo. Después todas las personas tienen que ir al río a bañarse para que el pecado se limpie.
El autor es Estudiante del Centro Regional Universitario de Azuero


