Violentaciones Genéricas en las Identidades Masculinas y Femeninas
Las violentaciones genéricas humanas siguen siendo hoy  tan oprobiosas y displicentes en las convivencias intersociales, es decir, perturbadoras en la armonÃa mental y corpórea en el ser social individuado y los demás pares semejantes; esta violencia conlleva al ejercitamiento de las intimidaciones perversa y conscientes por parte de uno de los sexo hacia el otro sexo dominado, estos estados diferenciadores en la sexualidad humana (dominante-dominado) conllevan intrÃnsecamente una intimación relacional inconscientemente engañosas, aflorando ciertas formas sublimales  de armoniosidad aparentes en las convivencialidades entre los hombres y las mujeres, sean ellas por filiación y afiliación, de modo que tales nexos sanguÃneos-familiares y polÃticos-familiares, conformados por las coherencias de historias ecológicas (organismos-nichos) con ascendencias-genealógicas sobre las que se envuelven las experiencias sociales como ser vivo hablante.Â
En cuanto a la cultura dominante por parte del macho cabrÃo, las violentaciones genéricas ha venido forjando una alfabetización mal intencionada, con estilos prácticas inapropiados en las relaciones ejercidas entre las identidades genéricas masculinas hacia las identidades genéricas femeninas y viceversa, hay un trauma insuperado todavÃa en la convivencia, se tienen que erradicar aquellos bienes que no son bienes, sino que siguen aupándose los males transgresores alimentadores del ethos cultural y social del patriarcado en la ideologÃa machista propiciadora del egoÃsmo de dominación material y subjetivo, que es creerse y hacerse creer como hombres, ser superiores a las mujeres; contrario a ello, la dominación sutil de las mujeres, es dejarse dominar por los hombres, pero haciéndoles creer a los hombres, que dicha dominación se arraiga en un convencimiento, que en el fondo asertivo y comprensivo que manejan estrategias sutiles y seductoras para ejercer controles sobre los hombres, que han de creerse que dominan, pero sin darse cuenta que son dominados.Â
Ambas posturas: dominación, tanto de los hombres como de las mujeres, es, pues, ocasionadora de insanas guerras entre hombres y mujeres, por lo que jamás se llegarán a la pacificación de la especie humana, si no hay una procuración decisoria y actitudinal en la igualación con equidad de respetos mutuos y derechos humanos totales, sin que priven dominadores triunfadores o dominados perdedores, todo por el contrario, una pacificidad plena en las relaciones de las masculinidades y las feminidades.Â
Las parcelaciones sobre los saberes y conocimientos permiten definirlas como representaciones sociales inconclusas, puesto que hay vÃnculos adscritos y adquiridos (biopsicosociológicos), es decir, emergen por interiorización vivencial autopoiética y por las externalidades vivenciadas en y sobre entorno socio-ambiental-ecológico, con selectividad de conservación natural y social sobre el vivir humanizado. Hay, pues, un trance de complejificación de intolerancias y desajustes neurorracionales-emocionales que desencadenan en acciones explosivas comportamentales motivadas hacia otras personas, indistintamente si son: hombres contra hombres / hombres contra mujeres / mujeres contra hombres / mujeres contra mujeres, estos estados desajustados de las emociones en las afectividades o cualquier otros motivador de interés de apropiación egoÃsta, se convierte en el clic generador de las acciones criminales comparables con las agresividades defensivas y de subsistencia de los seres vivos no racionales.Â
Para darle sentido de humanización y de racionalización se tiene que hacer teorizaciones no banales y espurias, sino más bien una actitud de vida para el bien, para que desde las masculinidades nos aceptemos asà mismos como hombres y cuyas diferencias con las mujeres, no sean perversiones llenas de misoginias escondidos y guardados en resentimientos de acatamientos competitivos para con las mujeres, estos absurdos irracionales de humanidad patriarcales, se han de atenuar, si las diferencias son aceptadas entre los sexos (hombre mujer o mujer-hombre, sin la malsana competencia de ser dominante y ejercer control, sino del convivir armónico en las relaciones sociales entre los sexos.
 Cuando haya equilibrio entre los géneros humanos (hombres / mujeres), entonces habrá sentido de vida humana; para que haya armonÃa sanada y desprejuiciada, tendrá que darse una verdadera liberación del pensamiento en los hombres y las mujeres, para que las diferencias, tanto masculinas como femeninas, sean propicias para los buenos convivios en las relaciones amatorias, familiares, amicales, escolares, laborales, entre muchas más.Â
Los dos sellos de géneros aludidos proclaman por una cultura de convivencialidad, requiriéndose ajustes y nivelaciones en las conductas pacificatorias en las relaciones humanas de derechos, respetos y enculturaciones, abriéndose para ello, nuevos espacios de tolerancias y aceptaciones de las diferencias que hay entre los sexos (hombre y mujeres), incorporándose nuevos estilos de vida sobre la sexualidad y disminuyéndose las violentaciones genéricas de las identidades. Las actuales sociedades posmodernas abren las perspectivas entre la especie humana-hablante y racional, en construcciones de sus propias masculinidades-feminidades, con sus respectivas individuaciones como sujetos sexuales y sociales, que servirán para identificar los devenires que ocurren en las situacionalidades experienciadas por partes de las mujeres y los hombres, auscultando las bases filogenética y societaria-cultural, para que jamás se mediaticen, invisibilicen y oculten los abusos en contra de las mujeres y los hombres. Quedándose muchas otras cosas que decir, que habrá que denunciar para erradicar y proponer una cultura verdaderamente de paz y la convivencia de bienestar entre ambos sexos y la sociedad.
Â
*El autor es doctor en MetodologÃa de la Investigación Social e investigador del IDEN.
Â
Â


