Crisis Climática, Desarrollo Urbano y Cuestiones de Género
Reflexiones iniciales
El presente ensayo tiene como objetivo abordar la articulación entre cambio climático, cuestiones de género y el desarrollo urbano. Son reflexiones a cerca de un nudo que es crucial desatar no solo para la construcción de tejidos sociales inclusivos, democráticos y participativos, sino para enfrentar la crisis ambiental y establecer medidas de adaptación y mitigación exitosas. Â
Según ONU Hábitat, actualmente un poco más del 50% de la población mundial vive en las ciudades y esta cifra se incrementa en las regiones urbanas del sur global que crecen de manera exponencial producto de las migraciones internas. Esto genera espacios urbanos fragmentados sin la infraestructura necesaria y con servicios públicos limitados; profundizando las desigualdades socio territoriales entre las clases sociales, pero también las diferencias de género por la forma cómo se produce la ciudad.  Las mujeres viven y sufren esta fragmentación que ensancha la brecha entre los géneros. En las ciudades son ellas, las más pobres entre los pobres, las que tienen menor acceso a la tierra apta para urbanizar y las que abultan el mercado informal. Son las principales vÃctimas del cambio climático, su vulnerabilidad limita las capacidades de adaptarse y generar resiliencia. En las ciudades se produce el 80% del producto interno bruto, se concentra las actividades industriales, comerciales y de servicio. Esta dinámica hace que la mayor cantidad de gases de efecto invernadero se genere en territorios urbanos. Al mismo tiempo las inundaciones, sequÃas, huracanes y las olas de calor producen aquà los mayores estragos. Lo anterior significa que cualquiera polÃtica de mitigación y adaptación al cambio climático debe considerar de forma seria y responsable los espacios urbanos, las desigualdades de clase y género caracterÃsticas de territorios fragmentados.
Ciudad y crisis climática
La ecologÃa polÃtica crÃtica plantea que el sistema tierra entró en una nueva era geológica donde la principal fuerza que produce su transformación es el ser humano. En el origen de la crisis ambiental está la consolidación del modo de producción capitalista y su tendencia a la generación de la brecha metabólica y al uso indiscriminado de energÃa fósil.
Las primeras muestras del calentamiento global se detectaron cuando comenzó a experimentarse con la energÃa nuclear y el capitalismo fósil entró en una fase de expansión, después de la Segunda Guerra Mundial y teniendo como potencia hegemónica a EEUU (1960-1980). La situación se convirtió en una de las principales preocupaciones de los gobiernos y organismo internacionales, en el perÃodo 2003-2010 con el ascenso de China, su rivalidad con Estados Unidos y las nuevas reconfiguraciones geopolÃticas.
En ambos momentos, el norte global consumÃa la mayor parte de los recursos del planeta, expoliados de las periferias a través de relaciones coloniales y pillajes. El extractivismo se convirtió en uno de los principales mecanismos, no solo de dominación y perpetuación de relaciones de dependencia, sino en el establecimiento de una geografÃa de riesgos ambientales: El norte consumiendo recursos, devastando y construyendo mejores capacidades de adaptación, mientras que las periferias sufren las consecuencias ambientales, ven deteriorados sus recursos, se empobrecen y se hacen vulnerables.
El extrativismo y la ciudad son pilares del modo de producción capitalista. El primero es una forma de acumulación vÃa apropiación de la naturaleza y destrucción de su capacidad regenerativa, mientras que la segunda agrupa las condiciones generales de la producción necesarias para la realización de la plusvalÃa. Ambos pilares se articulan para producir la crisis global; mientras uno socaba los recursos naturales; la otra representa espacio de consumo que produce desechos, destruye la cobertura boscosa e incrementa las islas de calor. Sin embargo, en una ciudad que predomine los bienes comunes sobre los mecanismos de mercado, se convierte en un lugar estratégicos que, bien diseñado, pueden ser una herramienta fundamental para enfrentar la crisis global.
Muchas ciudades redujeron la emisión de gases de efecto invernadero aplicando restricciones al transporte privado e incentivando el uso del transporte público de energÃas limpia, otras expanden sus zonas verdes en los espacios públicos para reducir las islas de calor. En las ciudades costeras se apuesta por infraestructura que las protege del aumento del nivel del mar y muchas otras implementan tecnologÃa para un mejor manejo de los desechos sólidos enfocados en la protección y rescate de las cuencas hidrográficas. Estas medidas pueden contribuir a reducir los efectos del cambio climático, pero serÃan solo paliativos, sino se altera las relaciones sociales de producción, se implemente el uso masivo de energÃa solar y se trastoque las relaciones extractivistas cuya base fundamental es la ganancia y apropiación de las rentas.
Género, ciudad y crisis climática
En ciudades capitalistas predomina la lógica patriarcal en la producción de sus espacios, diseñados desde la visión del hombre sin considerar las necesidades de las mujeres.  Las investigaciones revelan que ellas son las encargadas de las tareas de cuidados que produce un patrón de movilidad diferente al de los hombres, pero los sistemas de transporte no se encuentran adaptados y limitan su movilidad. Existen también muchos otros ejemplos de cómo la ciudad se produce en función del hombre y no de la mujer: La cuestión de la seguridad, poca disponibilidad de baños públicos para ellas, son tan solo unas de tantas.
Las formas cómo se organiza el espacio urbano y los recursos  que contiene hace a las mujeres más vulnerables al cambio climático. Inundaciones, deslizamientos y huracanes tienen su mayor impacto en los asentamientos informales desarrollados en las periferias urbanas, en zonas de riesgo, no aptas para urbanizar y construidas con materiales inapropiados.  Una mirada de género indica que, en América Latina el 80% de los tÃtulos de propiedad se encuentran en manos de hombres y el 65% de este tipo de urbanizaciones tienen jefatura femenina. Lo anterior solo puede ser entendido a través de la existencia de relaciones patriarcales fundadas en estereotipos que justifica el acaparamiento de espacio por parte del sexo masculino. La mayor presencia de mujeres en el mercado informal termina profundizando la tenencia a la tierra y reforzando la vulnerabilidad a este fenómeno natural. Â
Conclusión
 Una agenda urbana enfocada en combatir el cambio climático debe cuestionar las relaciones sociales de producción y al mismo tiempo resetear las formas cómo se produce el espacio y la lógica patriarcal en que se fundamenta. Restricciones al mercado de tierras, la mayor presencia de mujeres empleadas en informalidad y la producción de infraestructura y servicios urbanos pensados desde la mirada de los hombres, generan vulnerabilidades ambientales en las mujeres.
El autor es profesor de la Escuela de SociologÃa de la Facultad de Humanidades


