No hay otro ser como la mujer
Por las redes expresan que ayer recordaron el DÃa del hombre fiel y amoroso, pero hoy el mundo entero se inclina para rendirle culto y pleitesÃa para el ser más importante de la sociedad. No existe una definición única para referirnos a la palabra mujer. Ese sexo se construye de manera individual y colectiva el cual se forma en la historia, las tradiciones, la cultura y las vivencias personales. Y no solo el sexo plantea la diferencia más grande. Tal vez el punto más supremo lo encontramos en la capacidad de gestar por nueve meses y darle al mundo otra vida. Esta capacidad no la tiene el hombre. A pesar de que a nosotros nos definen como el sexo fuerte, debo reconocer que esta es otra gran mentira, mayor que las que anuncia Donald Trump sobre el Canal de Panamá. ¡La mujer es más fuerte, en todos los sentidos! El hombre, frente a un dolor pequeño o un simple resfriado, busca refugio en la cama, pero a la mujer, esas dolencias no la detienen. Y en el hogar son ellas las que llevan el mayor peso.
Ser mujer implica vivir en un mundo donde el género influye en las oportunidades, los derechos y las experiencias. A lo largo de la historia, las mujeres han luchado por la igualdad y el reconocimiento de sus derechos, desafiando estereotipos y roles tradicionales de género. La diversidad de experiencias femeninas es enorme, abarcando diferentes edades, etnias, orientaciones sexuales, identidades de género y contextos socioeconómicos. Ser mujer es una experiencia subjetiva y personal, que se construye a través de la identidad individual, las relaciones interpersonales y la autoexpresión. La feminidad puede manifestarse de diversas maneras, y no existe una forma "correcta" de ser mujer.
Existe una diversidad de opiniones sobre lo que significa ser mujer, y muchas consideran que es importante desafiar las definiciones estrechas y celebrar las múltiples experiencias femeninas. Es una combinación de biologÃa, sociedad y experiencia personal. Es un concepto dinámico y en constante evolución. Hoy pienso más en mi madre fallecida y en mis siete hermanas, una de las cuales murió hace ocho dÃas en California. También en mis tÃas, sobrinas, primas. En ese ejército de comadres que se graduó conmigo en 1974. En aquellas que me acompañaron en la Universidad de Panamá. Pienso en mis maestras, profesoras amigas y sobre todo en esa compañera que elegà ante el altar aquel 19 de noviembre de 1983. Mujer, eres la sal de la vida; el oxÃgeno que nos mantiene en pie; el aroma de las flores; la fuerza de Sansón y el coraje para defender lo que es correcto y justo. ¡Felicidades en este tu dÃa y que Dios nos bendiga!
El autor es Periodista y Docente Universitario
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