Reencontrarse después de 50 años no tiene precio
Más de 400 maestros nos graduamos el 18 de diciembre de 1974 en el Instituto Normal de David. Esa fecha no podíamos pasarla por alto. Allá, en Chiriquí, se armó un comité organizador de lujo donde hombres y mujeres comenzaron a dibujar el programa de lo que se iba a hacer.
Lo primero fue fijar la cuota, luego la fecha y el lugar de la celebración. Se escogió la comida, la música, la decoración, en fin, no faltó detalle alguno para recibir a quienes tuvimos el placer de ser agentes de cambio en las regiones más apartadas del país. Lo primero que hicimos fue darle gracias a Dios a través de una misa. Y es que la mayoría, como cristianos, sabemos lo que representa el Todopoderoso en nuestras vidas.
El comité organizador eligió el hotel Nacional para la fiesta. Como tenía que ser sábado, no se pudo el mismo 18 de diciembre, así que la fecha fue el 21 de diciembre. Y lo del hotel Nacional no fue capricho ni imposición.
Resulta que allí celebramos el día en que nos graduamos en 1974. Días antes de la celebración me entró un dolor en el pie izquierdo que apenas me podía sostener. Como me eligieron maestro de ceremonia no podía eludir el compromiso.
Mi esposa me alistó la maleta y al poco tiempo ya estaba en la capital chiricana. Las sensaciones iban y venían. Me encontraría con personas a las que tenía 50 años de no verlas ni escucharlas. Hubo una ruma de imágenes que se chocó en mi mente. No sé a ustedes, pero en mi caso, siento que fue en el periodo de la adolescencia donde más se afianzó la hermandad entre quienes compartíamos aulas escolares.
El día llegó y a pesar de mis dolencias no quería que terminara. Como varón cumplí con lo que asignaron y de vez en cuando eché mi bailadita. Una de las canciones que más recuerdo de aquella velada de 1974 fue La banda, esa que dice… “Llegó la banda trayendo salsa.” Así como me sentía estaba para bailar la canción del cojo y la muleta.
Así es mis amigos… rememorar, ver esas caras de comadres y compadres después de 50 años no tiene precio. ¡Y qué lío para distinguir a algunas personas! Y ayer se volvieron a reunir en La Concepción para agasajar a las madres, pero no los pude acompañar. Y ya nos preparamos para la fiesta de los 75 años de graduados. Habrá que preguntarse cuántos estaremos vivos y en qué forma. Todos ya estaremos por arriba de los 90 años.
El autor es Periodista y Docente Universitario


