Sanando las heridas emocionales
Parte b
En el artÃculo anterior se escribió acerca de qué son las cicatrices emocionales, sus tipos y posibles consecuencias. Aquel espacio era para hacer un alto, reflexionar acerca de esas posibles acciones que tuvieron el potenciar de herir, marcar, dejar una huella, quizás imborrable, no obstante, ahora se planteará ese posible camino a su restauración.
Las heridas son infringidas por una persona a otra persona, y, quizás este sea el criterio más perturbador y difÃcil de trabajar. ¿cómo se explica que un humano dañe a otro de su misma especie? Para contestar esta pregunta se tendrÃa que adentrar a un análisis detallado de esa personalidad, por lo pronto nos quedamos con la idea de que es posible que una persona le haga daño a otra.
Las heridas se resienten y se viven con dolor, tristeza, depresión, ansiedad, enojo, culpa y un posible cúmulo de sentimientos asociados a dicha experiencia y sujetos involucrados. Como se trata de una herida producto de otra persona, pueden tener el potencial de dañar esa capacidad de hacer nuevas, funcionales y sanas relaciones con otras personas.
Cualquier persona, en cualquier momento de la vida, puede experimentar alguna situación de corte hiriente, que le lastime a tal grado que ponga en duda su seguridad, autoestima y competencia; son estos datos los que queremos rescatar y darle la validez que tienen.
Lo que se esbozará son recomendaciones generales que lleven a la reflexión y de ser necesario a la búsqueda de atención psicológica, tal como sigue:
- Tomar consciencia, darse cuenta de que se pueden tener heridas abiertas o mal cicatrizadas
- Reconocer qué tipo de interacciones pasadas se experimentaron que pudieron provocar esas heridas
- Identificar el estilo de interacción que llevamos con nosotros mismos y con los otros, porque puede suceder que estemos adaptados a ser heridos o bien a herir
- Reflexionar acerca de la interacción entre el punto 2 y 3.
- Decidir conscientemente hacer algo si se nota que se tienen heridas abiertas o mal cicatrizadas, o bien se le está ejecutando a otras personas
- Verificar el impacto que produjo la herida: miedos, enojo, otros.
- Asumir que las heridas pueden ser tratadas o manejadas para que las mismas tengan un proceso de cicatrización sano, y justo al desarrollo de cada persona.
- Cambiar la manera cómo se interacciona con los otros. Decidir conscientemente, poner lÃmites, practicar la comunicación asertiva y otras prácticas sanas.
Solo se han indicado algunos criterios dignos de ser revisados, no obstantes es importante recalcar que la condición de las cicatrices va a depender del tipo de herida, de quién la infringió y del número de veces; siendo éstos los factores que va a influir, también, en su restauración, pudiendo darse la situación donde mediante el autocuidado se logre una buena cicatrización, mientras que, en otros casos, será imprescindible solicitar apoyo de un profesional de la salud mental para un mejor proceso de cicatrización.
Vale la pena sanar las heridas implica tomar consciencia y control de la vida tal cual se tiene derecho: una vida de bienestar, sanas relaciones interpersonales y de contribución a la comunidad, es decir tener salud mental. (Schmelzer, 2018)
Es responsabilidad de cada persona ver las cicatrices en su justa medida, evitando minimizarlas por pena, por lo que otros dirán o bien por ideas irracionales de debilidad; ya que a cualquiera persona le puede pasar un evento de dicha naturaleza.
BibliografÃa
Schmelzer, G. (2018) El viaje a través del trauma; España, Ediciones Obelisco.
Muller, R. (2020) El trauma y la lucha por abrirse; España, Desclée De Brouwer.
La autora es Doctora en PsicologÃa ClÃnica, Psicóloga ClÃnica-Psicoterapeuta Certificada


