Educador colonense Cecilio Víctor Cobham y La Tacita de Oro
Segunda Parte
“No puedes tener una influencia de la cocina de una región si no la entiendes. Y para entenderla, tienes que vivirla en su esencia vernacular. (Ferran Adriá)
II.- Remembranzas con Sabor a Coco
Una vez dijo Miguel Delibes, que para ser un buen conocedor y crítico de la cultura “vitivinicultura”, a nuestro entender, supone más que desarrollar, es el aprendizaje gustativo que emerge bajo un conjunto de tradiciones, costumbres, culturales, regionales y familiares que se ha desarrollado a lo largo de miles de años. El que usted tenga una cava de vino y deguste determinada denominación de origen, si usted no tiene atributos tradicionales, costumbres, está “mamando gallo” como dicen algunos colombianos.
En todo caso, un buen colonenses, sí sabe degustar una buena chica de panela. Un chicheme con coco, Iceglass, una chicha de saril y una excelente fritura de harina sin descuidar el consabido “escobish”. Recrear estos sabores, siendo de raíces costeña, si algo se aprende en la gastronomía autóctona costeña, son lo que, por tradiciones, costumbres y culturalmente, la diversidad de comida ofrece la provincia. Me confieso un experto catador de chicha de panela y limón, saril y el famoso “Iceglass”, este último, no por cuestiones afrodisiacas, aunque toda ayuda bien recibida será.
Bien decía Víctor Cecilio Cobham; “en la vida hay que comer si escatimar dinero”. Con esa idea también; Luciano Pavarotti recalcaba que “una de las mejores cosas de la vida es que debemos interrumpir regularmente cualquier labor y concentrar nuestra atención en la comida”. Por cierto, Víctor Cecilio, jamás me permitió cubrir los gastos las veces que una vez se finiquitaba nuestras reuniones acostumbradas, era de naturaleza obligada, aterrizar en un restaurante de la provincia, con las credibilidades de un menú gastronómico caribeño.
Pensar en la historia de los encuentros culinarios entre caribeños, “west indian”, los “come cocos” y la propia esencia “afroantillana”, dieron a lugar, esa sensación degustativa muy particular del arroz con coco y tití o camaroncito secos que hacia mi abuela Leónidas. Otra mujer en mi vida que puso huellas, por su inquebrantables carácter fuerte y ferviente fe cristiana.
En el menú acostumbrado de mi abuela, la chicha de arroz colorado; el chocado de plátano maduro con leche de coco y ginger; el chicheme con coco; el enyucado; la cocada, el pargo guisado con verduras, patitas de puerco guisadas con jabas blancas, el puré de guineo verde, la sopa de porotos con rabitos de puercos, de carne o pescado, el bacalao a la costeña, la tortuga guisada (cuando se podía comer), el pan de coco, el bom con queso amarillo, la chicha de maíz fermentada con panela, y en los desayunos, las acostumbradas cremas de plátano, avena, maíz, entre una infinidad de comida de la región que no quiero ni pretendo olvidar, son la esencia de las expresiones de una identidad cultural muy consolidada en la cotidiano de todo buen “C3”. Existe aún en la provincia una resistencia como diría Ernesto Sabado, en el no descuidar lo autóctono de la comida costeña por “comidas rápidas y generadoras de obesidades”.
Sólo remembrar esos aromas de la comida de mi querida provincia con las cuales compartía mesa con Cecilio Víctor y en algunas ocasiones con su amada Carmen, solían emerger sentimientos de una vida familiar vivida y añorada. Bien lo dijo el progenitor del surrealismo Salvador Dalí; “El tiempo es una de las pocas cosas importantes que nos quedan”.
III.- Del Encuentro, Las Remembranzas a lo Espiritual.
Pero no todo en la vida es color de rosa, a pesar de las recurrencias de momentos vividos en un periodo de mi vida en mi provincia y el reencuentro que bajo el pretexto de tutoría académica me requería mi amigo Víctor Cecilio, mí “Dios” como parte de su proyecto para conmigo, no sólo le basto hacerme un instrumento para conocer, apreciar y querer a un amigo hermano en vida espiritual, sino, que además, construyo momentos de reflexiones para sentirme bendecido por las convergencias de testimonio de vida que fueron forjándome como instrumento de su gracia.
Confraternizar con Víctor Cecilio, recrear remembranzas de caminos al andar en mi provincia, no fueron únicamente intenciones premeditadas de mi “Dios”. Él tenía un plan más perfecto para la convivencia y las remembranzas no olvidadas de la provincia. Mi “Dios” nos preparó una prueba de entendimiento de intereses profesionales con mi hermano en Cristo Jesús.
Energías tóxicas con intención o sin ella, nebulizaron la cofradía entre el inicialmente tutor y su discípulo. Todo atribuido, a un mal entendido y el surgimiento de sesgos humanos. Un impase se generó, tiempo que como bien dice la Biblia en Filipenses 3:1 “en tiempos de crisis, debemos recordar y regocijarnos en el Señor”. “Dichoso el que resiste la tentación porque, al salir aprobado, recibirá la corona de la vida que “Dios” ha prometido a quienes lo aman”. “Debemos confiar en que “Dios” tiene la provisión y la solución para nuestra vida, y ser pacientes y tener fe en Él”. Santiago 1:12
Que tan omnipresente es mi Dios y tan perfecto en su actuar. Calmadas las turbulentas aguas, y sin mediar explicaciones algunas, sólo con el convencimiento de la dupleta de colega a colega, es oportuno citar aquella recordada frase de Fray Luis De León, “Entonces como decíamos ayer”, quizás asumiendo que nada había ocurrido y sin explicación requerida por ambos, se prosiguió con nuestras acostumbradas platicas y saludos virtuales, y el consabido disfrute de los viajes todas las semanas a mi Tacita de Oro.
Pensar y recordar lo que inicialmente comenzó como una relación de tutoría académica y los consecuentes recuerdos de mi niñez en la provincia, remembrando vivencias en tiempo de vida con sus cualidades regionales, nunca supuse, que tendría otra oportunidad para la consolidación de una vida espiritual con propósitos, confraternando con otro elegido como lo fue en vida terrenal Cecilio Víctor Cobham, quien cada vez, se empeñaba en cumplir dentro de sus virtudes y debilidades humanas, los mandatos espirituales que como elegido debía cumplir.
El doce de noviembre 2024, a primeras horas como todos los días, compartíamos saludos y bendiciones. Nunca sospeché, que horas posteriores de ese mismo día, Víctor Cecilio en su terquedad de siempre querer cumplir con sus obligaciones profesionales, sería llamado por nuestro creador. Debo respetar la voluntad de mi Dios, pero debo igualmente advertir, que, con la ida terrenal de Cecilio Víctor, mis motivos para transitar en mi “tacita de oro” y las ilusiones de remembrar vivencias, quedarán como caminos al andar.
El autor es Doctor y Docente de la Facultad de Ciencias de la Educación


