AnalogÃa: el actual Imperio Norteamericano vs decadencia del antiguo Imperio Romano
Desde la antigüedad, todos los imperios han nacido, evolucionado, decaÃdo y fenecido. El Imperio Romano floreció en la penÃnsula Itálica, a los pies del monte Albano donde los latinos fundaron la ciudad de Alba Longa, a partir de la concentración del poder de varios pueblos dispersos (753 a.C.). El Imperio Norteamericano tuvo su inicio en la parte nororiental de Continente Americano a partir de la aglutinación de las trece primeras colonias fundadas desde la llegada de los peregrinos del Mayflower, en 1620. Ambos, una vez logrado el control y convertirse en repúblicas, dieron rienda suelta a la expansión de sus respectivos territorios, algunas veces por vÃa de la diplomacia, pero en la mayorÃa de los casos por la fuerza, a través de las armas.
El Imperio Romano logró su máxima expansión hasta el 395 d.C. cuando empezó su decadencia, y es aquà lo más interesante de esta analogÃa. Los godos, visigodos, los hunos (Atila) y otros pueblos que rondaban los lÃmites del el imperio, a los cuales llamaban bárbaros por ser extranjeros, iniciaron su inmigración desapercibida en pequeños grupos. El Imperio, en decadencia, no le dio importancia, al principio, porque coadyuvaban a la producción de alimentos, herrerÃa y artesanÃas; hasta los ingresó al ejército para utilizarlos como carne de cañón, pero con el tiempo fueron muchos y hasta ocuparon altos cargos como funcionarios públicos y privados, y escalaron altos rangos en el ejército hasta llegar al grado de General. Más adelante, estos generales se cansaron de poner y quitar emperadores romanos, a través de la guardia pretoriana, y decidieron de una vez por todas hacerse con el poder instalando a su primer Emperador: Odoacro (435- 493 d. C.).
El Imperio Norteamericano, después de las compras de La Florida, Alaska, La Luisiana y la expropiación de casi la mitad del antiguo México, logró su máxima expansión territorial en 1898 cuando se inmiscuyó en la guerra de Cuba contra España, anexándose a Puerto Rico, Hawaii, la isla de Guam e imponiendo en Cuba un protectorado, a través de la Enmienda Platt. Luego, después de 1945, inicia su expansión económica (Plan Marshall) hasta los años setenta, cuando inicia su decadencia en picada con algunos perÃodos de bonanza.
A partir de la expansión económica, el Imperio promueve la inmigración de gente de todo el mundo, especialmente de latinos (cubanos, mexicanos, centroamericanos, etc.) para utilizarlos en los trabajos indeseables (agricultura, fontanerÃa, albañilerÃa, domésticas, etc.) para los estadounidenses blancos y de ojos azules, y como carne de cañón en las guerras de ultramar. Pero a partir de siglo XXI algunos asesores, conocedores de la historia antigua, han puesto a los gobernantes en alerta roja, pues ese mismo error, cometido por los romanos, propició su decadencia total, encogiéndose el Imperio a lo que hoy es Italia solamente. Cada dÃa hay más latinos (que se multiplican como conejos, mientras ellos tienen uno o dos hijos cuando los tienen) escalando altos cargos públicos, privados y hasta en el ejército. Y esto es lo que asusta a Donald Trump. Tiene a sus asesores respirándoles en la nuca acerca del cambio que se avecina si no detiene al inmigración latina. Ya hubo un presidente reelecto de la etnia negra, quizás el próximo sea latino. Debemos poner nuestra barba en remojo con esto del crisol de razas. A propósito, recomiendo utilizar el término grupos étnicos para clasificar a los humanos en vez del concepto raza, que asienta bien a los animales inferiores.
El autor es Profesor de Tiempo Completo de la Universidad de Panamá (CRUA)


