44 años han pasado…Una Reflexión sobre la vida, obra, recorrido y legado de un sacerdote
El 9 de junio del 2015 se cumplieron 44 años del secuestro y desaparición de Jesús Héctor Gallego Herrera, aquel sacerdote oriundo del suelo antioqueño del hermano pueblo de Colombia; que desde muy temprana edad se sensibilizó con los problemas sociales y polÃticos que afectaban a la población más pobres de las áreas rurales y se forjó el propósito de hacerse sacerdote y llevar la palabra de Dios a cualquier parte donde se requiriera sus servicios.
En esta ocasión, donde se conmemora su actuar,  recordando la importante misión y compromiso asumido por este servidor de la iglesia que se entregó a la causa de los pobres del campo, creo oportuno revisar algunas lecturas y reflexionar a través de este escrito, algunos aspectos y acontecimientos en torno a la vida, obra y recorrido de este hombre de Dios, que dejó huellas en la historia eclesiástica panameña y, por ende, en la memoria de quienes, a pesar de los años transcurridos, lo recuerdan y le rinden homenaje a través de diversos actos en la región de Santa Fe de Veraguas y en otras regiones campesinas de nuestra geografÃa nacional.
Héctor Jesús Gallego Herrera, a sus 27 años, aún siendo estudiante seminarista pudo conocer por algunos de sus compañeros, que en Panamá, en la Diócesis de la provincia de Veraguas, habÃa escasos sacerdotes para prestarles servicios espirituales a más de 150.000 personas. Por lo que, una vez consagrado en 1965, en MedellÃn, como sacerdote, decidió como su próximo destino Panamá, para realizar su misión en beneficio de los pobres.
Gracias a la buena relación con monseñor Marcos Gregorio McGrath, en aquel entonces, le facilitó ser nombrado misionero en Panamá, en 1967, para desempeñar su labor eclesiástica como diácono en la provincia de Veraguas; conociendo a partir de allÃ, la realidad e idiosincrasia de cada pueblo. Es en ese mismo año, en el pueblo de San Francisco, donde oficia su primera misa, tiempo después se traslada a la población de Santa Fe donde decide residir, y, a partir de ese momento, comienza a prestar sus servicios religiosos a los campesinos de esa región montañosa.
Conociendo, entonces, la situación de pobreza que a diario se manifestaba en esta región, sumado a los abusos ejercidos por las autoridades gubernamentales sobre los campesinos y la extrema explotación ejercida por los terratenientes de la región, fueron sensibilizándolo y llevándolo hasta convertirse en orientador, organizador y protector de aquellos campesinos; denunciando la violencia institucionalizada que se daba contra los pobres. Al asumir ese compromiso eclesial como defensor de los intereses de los campesinos, lo transformó de inmediato en una figura adversa a los intereses de los terratenientes y, por ende, en objetivo de estos para futuras represalias contra él.
De acuerdo a múltiples testimonios de los pobladores en aquel entonces, recabados por la iglesia, por algunos investigadores, historiadores y desclasificados; luego del golpe militar del 11 de octubre de 1968, las comunidades campesinas comenzaron a vivir un perÃodo difÃcil de despojos y persecución. Debido a que muchos terratenientes del área, en alianza con funcionarios gubernamentales de esa época, les arrebataron muchas tierras a las comunidades campesinas y acentuaron la explotación de los que trabajaban dentro de sus propiedades. Y la producción de los campesinos en las tierras comunales era acaparada por los terratenientes, que los compraban a precios miserables para vendérselos en épocas de escases a precios onerosos.
Abusos como estos, llevaron a Héctor Gallego a impulsar la organización de los campesinos para defender sus derechos y la creación alternativa de una Cooperativa; hecho que le trajo la animadversión de poderosos dueños de negocios en el área, ya que organizar e impulsar esa alternativa se constituirÃa en un importante bastión de lucha, para evitar la explotación y la profundización del empobrecimiento de los campesinos del distrito de Santa Fe en Veraguas y lugares adyacentes.
Para julio de 1970, afectado por la organización que el sacerdote estaba impulsado en la comunidad campesina, uno de los terratenientes lo acusó de ser el responsable de la quema de una planta eléctrica de su propiedad. Esto llevó a los servicios de seguridad de la dictadura militar naciente a arrestar al Padre Gallego, pero luego de la asistencia de monseñor Marcos Gregorio McGrath, fue liberado de aquellas calumniosas acusaciones. Este incidente fue conocido en todo Veraguas y a nivel nacional, hecho que llevó a la Conferencia Episcopal emitir un pronunciamiento público el 16 de julio de 1971 denunciando la situación.
Es a partir de ese incidente, que el padre Gallego asumió la responsabilidad de desempeñarse como vocero de los campesinos de Santa Fe en los distintos encuentros que promovÃa el gobierno de aquel entonces, para discutir las propuestas del plan de desarrollo para esas comunidades. El sacerdote escuchaba las opiniones, puntos de vista y rechazo de los campesinos a lo documentado en el plan y, posteriormente, procedÃa a llevar las peticiones que ellos hacÃan, a las autoridades gubernamentales.
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Esto,  poco a poco,  fue tensando las relaciones entre las comunidades campesinas de Santa Fe y los funcionarios gubernamentales, ya que los encargados del área agrÃcola no compartÃan las sugerencias propuestas por los campesinos para el plan de desarrollo agrÃcola de la región en aquel entonces. Estos planteamientos, llevados en la vocerÃa del sacerdote, alarmaron inmediatamente a los miembros del Estado Mayor, pues consideraban que las propuestas presentadas por campesinos a través del sacerdote, se orientaban a provocar la recuperación de tierras expropiadas, adquirir el control del comercio en la región, aumentar la producción y garantizar mejores servicios de salud.
Ante esa situación, según consta en documentos e investigaciones de la época, la cúpula de la dictadura militar dio carta abierta para que se ejerciera presión sobre el sacerdote Héctor Gallego, para obligarlo a encuadrar sus actos y, por ende, el de los campesinos, dentro de los lineamientos establecidos por ellos. Cosa que él, por sus convicciones religiosas y por su compromiso con su gente, nunca aceptó.
Esa negación del sacerdote, de no aceptar los lineamientos impuestos por militares, trajo consigo el inicio del asedio y la persecución contra Gallego. Esto se constata en testimonios que en su momento expresaron los pobladores sobre aquella ocasión en la que elementos de la policÃa militar del régimen, al anochecer del 23 de mayo de 1971, le prendieron fuego al rancho en donde vivÃa, obligándolo a buscar refugio en casa de una familia campesina del lugar. Este y muchos otros incidentes continuos de intimidación y persecución hicieron que el sacerdote presintiera que los militares ya estaban preparando algún acto violento contra él.
Esa situación lo llevó a comunicar sus sospechas a sus superiores. Y a los campesinos de la cooperativa La Esperanza de los Campesinos les expuso lo siguiente: Ustedes saben que ya me están persiguiendo y en cualquier momento me pueden hacer alguna cosa. Por lo que ustedes son responsables de llevar a cabo el programa de Evangelización que encausará la liberación de los hombres de este mundo, y en especial en Santa Fe. Es por esto que les digo: Si desaparezco no me busquen, sino que sigan la lucha, porque lo importante es la salvación de todos los hombres de la explotación y esclavitud ocasionada por los explotadores y por esto hay que morir, si es necesario. Este es el compromiso último de un cristian.
A pesar de presentir lo que contra él se fraguaba, el sacerdote hizo varios intentos de entrevistarse con los jefes del Estado Mayor de lo militares encabezados por Omar Torrijos, con el propósito de presentarles las principales peticiones de los dirigentes campesinos en torno al plan de desarrollo en el campo, pero esto nunca fue posible. Estando en la ciudad capital (el 4 de junio de 1971), en una entrevista que concedió a la emisora católica Radio Hogar; al no ver respuesta a favor de los campesinos, Gallego arremetió contra los comerciantes y terratenientes de la región y señaló, a su vez, que la orientación del movimiento social y polÃtico que se estaba gestando en Santa Fe tenÃa que irradiarse a todo el paÃs. Esas declaraciones, sin lugar a dudas, alarmaron y alertaron a los militares del Estado Mayor, quienes de  inmediato giraron instrucciones para desarticular la Cooperativa y, por ende, la organización campesina.
La voz en defensa de los campesinos y ante aquella decisión no se hizo esperar, por lo que urgÃa a los militares acallar, sin demora; el verbo y la palabra cierta del sacerdote que movÃa voluntades hacia la consecución de una patria en donde resplandeciera la verdad y la justicia. Las acciones de Gallego llevaron al Estado Mayor a tomar la decisión de capturarlo, acusándolo de comunista e inventar contra él, una serie de delitos subversivos para justificar asà su deportación.
Este singular, carismático y decidido sacerdote, defensor de los pobres del campo y apegado a la fe cristiana, fue secuestrado la noche del miércoles 9 de junio de 1971, en la comunidad campesina de Santa Fe de Veraguas. De acuerdo a informes desclasificados y recabados por la misma iglesia, señalan que, poco antes de que iniciara el nuevo dÃa, los verdugos que lo secuestraron se percataron de que las heridas que le habÃan ocasionado eran contundentes y de suma gravedad, y los sÃntomas que manifestaba eran las de un moribundo; el cráneo de Gallego sufrió fracturas como consecuencia de golpes que recibió después de ser secuestrado.
MarÃa López Vigil, en su libro Héctor Gallego está vivo señala que la muerte del sacerdote generó serias preocupaciones ante la cúpula del régimen militar, debido a que si el cadáver se entregaba a los directivos de la comunidad católica, esto reflejarÃa las consecuencias y contundencia de las torturas a las que fue sometido el sacerdote y el mundo se enterarÃa de las atrocidades con la que actuaban y se manejaban los estamentos de la dictadura militar. Por otra parte, esto, de hecho, ocasionarÃa un conflicto diplomático con el Vaticano, y eso era lo que menos se querÃa en ese momento. Por lo que todo concluye entonces, que optaron por desaparecerlo.
Luego del atroz crimen, cabe mencionar que las investigaciones del caso Gallego se mantuvieron cerradas durante dos décadas. Y tras el derrocamiento de los militares, con la invasión de Estados Unidos en 1989 (que a su paso dejó una gran destrucción al paÃs y una inmensa lista de muertos, heridos y lisiados), con la instauración del nuevo gobierno democrático encabezado por Guillermo Endara G., se reabre el caso y en el año 1993,  un jurado de conciencia condenó a 15 años de prisión por secuestro y asesinato del Padre Jesús Héctor Gallego Herrera, a los ex militares Melbourne Walker, Eugenio Magallón y Nivaldo Madriñán. Oscar Alberto Agrazal fue absuelto de las acusaciones y Magallón fue juzgado en ausencia ya que se encontraba prófugo en aquel entonces.
Aquel hombre de tez clara y de apariencia fÃsica insignificante, con sus convicciones religiosas y de opción preferencial por los pobres, apegado a la fe, transformó y organizó la conciencia de cientos de campesinos en aquel remoto rincón del campo veragüense, y con entrega incondicional fue el consejero, guÃa y vocero de los que menos tienen.
El nombre de Jesús Héctor Gallego Herrera, pasó a formar parte de esa larga lista de asesinatos y desapariciones forzadas ocasionadas en Panamá, durante los veintiún años de militarismo y, por ende, quedó registrado en las gloriosas páginas de nuestra historia patria. Esa historia, que el pueblo campesino, las organizaciones populares, los ciudadanos conscientes y la iglesia de los pobres, con sus jornadas y acciones año tras año lo recuerda, le rinde homenaje y sigue aún con la esperanza de poder encontrar sus restos.
MarÃa López Vigil, nos dice que Gallego Fue un pionero. ().  Cuando se empezaban a tejer nuevas organizaciones de base cimentándolas en el evangelio, ahà estaba él. Cuando se inauguraba una nueva manera de ser iglesia y de ser sacerdote, nuevos compromisos y nuevos riesgos, también estaba él. Y a la hora de pagar el precio de estos cambios, también () Pionero sin pretenderlo. Y según la educadora  Maritza Maestre, coordinadora del Comité de Familiares de Desaparecidos y Asesinados de la Dictadura en Panamá-Héctor Gallego (COFADEPA-HG)  Héctor Gallego hizo una excelente labor de concientización con los campesinos, los organizó, les enseño la importancia del cooperativismo; luchó junto a ellos por sus derechos y por su tierras ().
La lucha actual de los campesinos e indÃgenas por defender y preservar la naturaleza, ante los proyectos hidroeléctricos, mineros y contra la devastación de los bosques, son el más claro ejemplo de que Héctor Gallego está presente, al igual que muchos otros hombres y mujeres, dignos y valioso que entregaron sus vidas y que, sin lugar a dudas, en su accionar patriótico y nacionalista, forjaron en la conciencia del pueblo panameño la necesidad de organizarse y luchar por sus derechos, conquistas y autodeterminación como pueblo. Acciones que hoy vemos en los Ngäbe-Buglé y campesinos contra el proyecto de Barro Blanco; y demás concesiones de extracción y contaminación en el paÃs, en la lucha de los ciudadanos en defensa permanente de la democracia, los derechos humanos, económicos y sociales; y contra el alto costo de la vida impuesto por el sistema neoliberal.
*El autor es Publicista y Comunicador Social


