Rompiendo el tabú del testamento: estudiantes de Derecho promueven la cultura de “testar” en Panamá
Hablar de testamentos en Panamá sigue siendo, para muchos, una conversación que “llama a la muerte”. Sin embargo, un grupo de estudiantes de cuarto año de la Facultad de Derecho de la Universidad de Panamá busca cambiar esa percepción. En el marco del Día de los Difuntos, organizaron una feria de sensibilización sobre la importancia de ejercer el derecho a testar: decidir en vida cómo se distribuirán los bienes tras la muerte.
La actividad fue liderada por la profesora María Antonieta Adames, docente del curso de Derecho de Sucesiones, quien explicó que en el país existe un gran desconocimiento sobre este tema. “Mucha gente piensa que no vale la pena hacer testamento porque ‘no tiene nada’, pero ese nada puede ser una casa, un carro o una cuenta de ahorros”, señaló.
Adames subrayó que hacer un testamento no es llamar a la muerte, sino evitar conflictos familiares. “Cuando una persona fallece sin dejar disposiciones claras, suelen surgir disputas entre los herederos. Algunos quieren apoderarse de la herencia, otros se sienten desplazados. El testamento es una forma de prevenir esas situaciones y garantizar la voluntad del testador”, indicó.
Cómo se hace un testamento en Panamá
La profesora explicó que existen varios tipos de testamentos, siendo uno de los más comunes el ológrafo, que debe ser escrito completamente a mano por el testador, fechado y firmado. “Es gratuito y muy sencillo, pero recomiendo autenticarlo ante notario. Cuesta entre cinco y diez dólares”, comentó.
Este tipo de documento, sin embargo, tiene validez por cinco años después del fallecimiento, por lo que debe ser presentado a las autoridades dentro de ese plazo.
También existen los testamentos abiertos y cerrados. El primero se realiza ante notario y testigos, y su contenido es de conocimiento público. El segundo, en cambio, se entrega sellado al notario o a una persona de confianza, y solo se abre después de la muerte del testador. “En ambos casos se requieren testigos mayores de edad, que no sean parientes ni personas con discapacidad”, precisó Adames.
Una reciente reforma legal exige además que los testigos sean vecinos o residentes cercanos al domicilio del testador, para reforzar la validez del acto.
Voluntario, libre y solidario
La experta recordó que el testamento es un acto completamente voluntario y libre. El testador puede dejar sus bienes a familiares, amigos, organizaciones benéficas o incluso comunidades necesitadas. “Conozco el caso de una mujer que decidió dejar el 50% de sus bienes al Hogar Malambo, una organización dedicada a la protección de mujeres y niños. Ese tipo de gestos son perfectamente válidos”, relató.
Eso sí, la ley panameña establece ciertas obligaciones: si el testador tiene hijos menores de edad o familiares con discapacidad, debe garantizarles una cuota alimentaria o de manutención, hasta su mayoría de edad o mientras dure su condición.
Lo que no es posible, aclaró Adames, es dejar bienes a animales o entidades inexistentes. “No se puede hacer heredero a un gato, una estatua o una organización sin personería jurídica. Tampoco se pueden hacer testamentos por video o en formato digital. En Panamá, la ley aún no lo permite”, puntualizó.
Romper los prejuicios
Para la docente, Adames la principal barrera no es legal, sino cultural. “Hay poca sensibilización. La gente teme hablar del tema, pero hacer un testamento no es cosa de ricos ni de ancianos; es un acto de responsabilidad y amor hacia la familia”, concluyó.
La feria universitaria busca precisamente eso: romper el tabú del testamento y fomentar una cultura de previsión y justicia familiar. Porque, como repiten los estudiantes de Derecho, “no se trata de morir, sino de dejar todo en orden para vivir en paz”.


