De los cierres de calle a la primera línea de apoyo: el vuelco de los universitarios tras el sismo
A los estudiantes universitarios siempre se les ha achacado la misma etiqueta: que si son revoltosos, que si son los primeros en salir a cerrar vías, que si todo lo resuelven con protestas.
Es una narrativa cómoda que durante años ha alimentado titulares y conversaciones de café. Sin embargo, la emergencia tras el reciente sismo vino a desarmar ese libreto y a mostrar una realidad que a muchos les cuesta admitir: cuando el país se sacude, la juventud universitaria es la primera en dar la cara.
Hoy la historia en las calles es totalmente otra. Quienes solían ser señalados por paralizar el tránsito, se han puesto la camiseta y están al frente de los centros de acopio, organizando con pulso firme la recolección de donaciones.
El contraste salta a la vista:
Organización que mueve montañas: Esas mismas brigadas que antes coordinaban consignas, hoy manejan una logística impecable para recibir, clasificar y empacar alimentos, agua, medicinas y herramientas.
Jornadas sin descanso: Desde muy temprano, los campus y espacios públicos se transformaron en colmenas humanas donde cientos de jóvenes trabajan hombro a hombro, sin más pretensión que tenderle la mano a quien lo perdió todo.
Respuesta donde más se necesita: Su labor no se ha quedado entre cuatro paredes. Muchos se han organizado en grupos de apoyo para trasladar insumos y colaborar directamente en las zonas más afectadas.
Este momento deja una lección clara. La energía y la capacidad de convocatoria de los estudiantes nunca han sido un problema de rebeldía vacía, sino el reflejo de un compromiso social latente. Cuando la crisis tocó la puerta, no hubo caos ni indiferencia; lo que hubo fue empatía, disciplina y un sentido profundo de solidaridad.
El sismo nos dejó grietas y dolor, pero también nos dejó ver el verdadero temple de nuestros universitarios. Esos a los que tantos tildaban de revoltosos son hoy, con hechos y trabajo pesado, el motor que ayuda a levantar al país.


