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Productividad, Eficiencia y Autosuficiencia: El Desafío del Arroz Panameño

Por: Eldis Barnes Molinar | Publicado el: 14 octubre 2026



La sostenibilidad del cultivo de arroz en Panamá debe analizarse desde una perspectiva integral. No basta con aumentar el precio pagado al productor ni con ampliar indefinidamente la superficie cultivada. El verdadero desafío consiste en producir más por hectárea, reducir el costo por quintal y utilizar eficientemente los recursos naturales. En otras palabras, la competitividad del arroz panameño depende de cerrar la brecha existente entre el rendimiento potencial de las variedades y el rendimiento que realmente obtiene el productor.

Analizando responsablemente la situación, llegamos a la conclusión que uno de los primeros aspectos que merece atención es el sistema de mecanización utilizado durante el ciclo del cultivo. El empleo de tractores de bajo despeje y neumáticos relativamente anchos puede ocasionar daños físicos sobre las plantas y reducir el área efectivamente productiva. 

Desde el punto de vista agronómico, este problema puede interpretarse como una pérdida de eficiencia espacial: parte del cultivo recibe tránsito, compactación o daño mecánico precisamente durante etapas en las que la planta requiere máxima capacidad fotosintética. El uso de tractores de alto despeje, neumáticos apropiados y tecnologías aéreas, como drones, podría disminuir estos daños. Sin embargo, los porcentajes de incremento productivo planteados deben comprobarse mediante ensayos comparativos en las condiciones específicas de Panamá.

Según Edward L. Pulver: especialista internacional en producción y manejo estratégico del arroz; su trabajo aborda prácticas para incrementar productividad y competitividad, sustentando que, la mecanización debe acompañarse de una agricultura de precisión. (Pulver, 2010).

Esta se fundamenta en utilizar información espacial y temporal para aplicar insumos y realizar labores solamente donde sean necesarios. El principio es particularmente importante para fertilización y protección fitosanitaria. El manejo preciso permite transformar una aplicación uniforme en una aplicación diferenciada, disminuyendo desperdicios y costos. La experiencia latinoamericana demuestra que la competitividad del arroz depende de integrar fecha de siembra, fertilización equilibrada, control oportuno de malezas, manejo de plagas y administración eficiente del agua. 

Otro obstáculo importante es el arroz rojo, considerado una de las malezas más problemáticas del cultivo. Así lo señala Cilia Leonor Fuentes de Piedrahíta, investigadora especializada en botánica y manejo de malezas en sistemas arroceros latinoamericanos. Según la especialista, su similitud genética con el arroz cultivado dificulta su control selectivo mediante herbicidas y favorece la competencia por luz, agua, nutrientes y espacio. En consecuencia, un programa de recuperación de lotes infestados debe combinar semilla certificada, rotación de cultivos, prácticas culturales y estrategias químicas apropiadas. Estudios latinoamericanos señalan que el control integrado resulta fundamental debido a la dificultad de diferenciar el arroz maleza del arroz cultivado (Fuentes et al., 2010). 

La calidad de la semilla adquiere, por tanto, una importancia estratégica. Utilizar semilla contaminada perpetúa el problema de las malezas y puede comprometer varios ciclos productivos. La certificación no debe considerarse únicamente un mecanismo administrativo, sino una herramienta de productividad. Una semilla genéticamente pura y libre de contaminantes permite establecer poblaciones uniformes y facilita el manejo agronómico. De igual manera, cualquier material introducido desde otros países debería someterse a las correspondientes evaluaciones de adaptación y controles fitosanitarios. Las fechas de siembra constituyen otro factor determinante. El arroz responde a variables ambientales como temperatura, radiación solar, precipitación, disponibilidad hídrica y viento.   En este marco referencial, el agrónomo José Patricio Vargas explica que estos factores ambientales interactúan con los procesos fisiológicos de la planta y condicionan su crecimiento y productividad (Vargas, 2010). Por consiguiente, establecer calendarios de siembra específicos para cada zona agroecológica permitiría reducir la probabilidad de que las etapas críticas del cultivo coincidan con déficit hídrico, temperaturas desfavorables o condiciones de baja radiación.

Este concepto resulta particularmente relevante en Panamá porque gran parte de la producción se realiza bajo condiciones de secano. La dependencia de la precipitación hace que la productividad no dependa únicamente de la genética o del manejo de fertilizantes, sino también de la sincronización entre el ciclo del cultivo y la oferta climática. 

No obstante, las fechas óptimas deberían determinarse mediante análisis históricos de precipitación, temperatura, radiación y comportamiento de las variedades.

El mejoramiento genético constituye otra pieza fundamental, tal como lo señala Víctor M. Degiovanni Beltramo, investigador colombiano vinculado al programa de arroz del CIAT, con trabajo en mejoramiento, adaptación varietal y sistemas de producción de arroz. Conjuntamente con un grupo de colaboradores, analizó la importancia de desarrollar variedades adaptadas a las diferentes condiciones agroecológicas, incluyendo sistemas de riego y secano, con características como resistencia a enfermedades, tolerancia a temperaturas extremas y estabilidad productiva (Degiovanni Beltramo et al., 2010). 

Para Panamá, esto significa que no necesariamente la mejor variedad es aquella que alcanza el mayor rendimiento experimental, sino aquella que mantiene un rendimiento elevado y estable bajo las condiciones reales del productor.

El segundo gran desafío es el agua. Incrementar las áreas bajo riego puede contribuir a estabilizar la producción, pero no significa que sea posible expandir indefinidamente el área irrigada. El agua disponible, la capacidad de almacenamiento, la infiltración del suelo, la infraestructura y la eficiencia del sistema condicionan la viabilidad económica y ambiental de esa expansión. La literatura regional recomienda avanzar hacia sistemas de riego más eficientes y tecnologías capaces de disminuir pérdidas por escorrentía y percolación. 

En Colombia, por ejemplo, se han desarrollado alternativas como el riego por múltiples entradas y el sistema alternado de humedecimiento y secado para mejorar la eficiencia hídrica del arroz.  En este escenario, la cosecha de agua puede constituir una alternativa complementaria, pero debe evaluarse mediante un balance hídrico. No basta con conocer la capacidad de un reservorio; es necesario considerar precipitación efectiva, evaporación, infiltración, demanda del cultivo y eficiencia de conducción. La FAO señala que la modernización de los sistemas de riego y el mejoramiento de la captación, almacenamiento y distribución son elementos esenciales para incrementar la eficiencia del agua agrícola.

Por ende, la autosuficiencia arrocera debe abordarse principalmente desde la productividad. Si la superficie cultivada permanece alrededor de 85.000 hectáreas, elevar el rendimiento promedio de aproximadamente 101 a 120–129 quintales por hectárea tendrían un impacto mucho mayor que aumentar indiscriminadamente la frontera agrícola. Esta estrategia permitiría generar mayor producción utilizando una superficie similar y reduciría la presión sobre agua, suelo y ecosistemas.

En resumen, la rentabilidad y el autoabastecimiento del arroz panameño requieren una transformación tecnológica. El camino pasa por semilla certificada, variedades adaptadas, maquinaria apropiada, agricultura de precisión, control del arroz rojo, calendarios agroclimáticos y manejo eficiente del agua. La meta de reducir los costos hacia US$1.800 por hectárea y elevar los rendimientos hacia 120 quintales por hectárea puede constituir un objetivo de planificación, pero debe ser validada mediante investigación y ensayos económicos a escala comercial. La sostenibilidad no consiste simplemente en producir más, sino en producir más con menor costo, menor riesgo y menor presión sobre los recursos naturales.

Referencias

  1. Piedrahíta Castañeda, W. (2010). Malezas en los arrozales de América Latina. En V. M. Degiovanni Beltramo, C. P. Martínez Racines, & F. Motta O. (Eds.), Producción eco-eficiente del arroz en América Latina (pp. 365–390). Centro Internacional de Agricultura Tropical.
  2. Pulver, E. L. (2010). Manejo estratégico y producción competitiva del arroz con riego en América Latina. En V. M.
  3. Degiovanni Beltramo, C. P. Martínez Racines, & F. Motta O. (Eds.), Producción eco-eficiente del arroz en América Latina (pp. 350–362). Centro Internacional de Agricultura Tropical.
  4. Vargas, J. P. (2010). El arroz y su medio ambiente. En V. M. Degiovanni Beltramo, C. P. Martínez Racines, & F. Motta O. (Eds.), Producción ecoeficiente del arroz en América Latina (pp. 83–99). Centro Internacional de Agricultura Tropical.

El autor es Ingeniero Agrónomo y Docente de la Universidad de Panamá

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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