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Cuidar en tiempos de inteligencia artificial: tecnología con criterio enfermero

Por: Kitcia Giovana Mendoza Baldonado | Publicado el: 03 agosto 2026



El cuidado exige examinar la incorporación de la inteligencia artificial con la seriedad propia de las decisiones sanitarias. Esta tecnología ya no representa una posibilidad distante para los servicios de salud, pues participa en sistemas de tiraje, registros electrónicos, alertas de riesgo, administración de camas, predicción del deterioro clínico y diversas herramientas orientadas a optimizar el tiempo. Ante esta transformación, la cuestión central para enfermería no consiste en decidir si la tecnología debe integrarse al cuidado, sino en establecer los criterios, límites y responsabilidades profesionales que orientarán su uso. La inteligencia artificial puede fortalecer el cuidado, pero no debe reemplazar el juicio clínico, la presencia ética ni la comprensión humana que distinguen a la práctica enfermera.

La OMS (2021a) advierte que el empleo de inteligencia artificial en salud requiere gobernanza, transparencia, protección de datos, responsabilidad y evaluación de riesgos. Esta orientación adquiere particular relevancia para enfermería, debido a que la profesión gestiona información sensible y participa en decisiones que inciden directamente en la dignidad de las personas atendidas. Un algoritmo puede estimar una probabilidad, mientras la enfermera debe interpretar esa información dentro de una situación concreta. Las alertas de caídas, las recomendaciones de prioridad o las predicciones de reingreso no sustituyen la historia personal, los temores, los apoyos familiares, las dificultades económicas ni los múltiples matices que una plataforma digital no logra captar por completo.

La estrategia global de la OMS (2021b) plantea que la salud digital debe contribuir al fortalecimiento de los sistemas sanitarios y evitar la profundización de desigualdades. Para enfermería, esta premisa implica que la digitalización no puede reducirse a multiplicar formularios ni a transformar el cuidado en una sucesión mecánica de registros. Cuando una herramienta disminuye la carga administrativa, favorece la continuidad asistencial y permite reconocer riesgos de manera temprana, su incorporación resulta valiosa. Sin embargo, cuando desplaza tareas hacia el personal, debilita la comunicación o encubre decisiones mediante modelos opacos, la tecnología puede convertirse en un factor de inseguridad más que en una solución.

La enfermería debe asumir un papel central en el diseño, la implementación y la evaluación de estas herramientas. La capacitación no debería limitarse a una etapa posterior, cuando el sistema ya ha sido adquirido y configurado por otros actores. Las enfermeras conocen los flujos reales de trabajo, las interrupciones frecuentes, los momentos críticos de cada turno, los puntos en los cuales se extravía información y las circunstancias en que un exceso de alertas termina siendo ignorado. Esta experiencia constituye conocimiento operativo, por lo cual excluirla del desarrollo tecnológico favorece sistemas técnicamente sofisticados, pero clínicamente poco funcionales.

También existe una dimensión ética que exige atención rigurosa. Yao et al. (2025) evidencian que incluso los grandes modelos de lenguaje pueden evaluarse según valores asociados con la enfermería, entre ellos la dignidad humana, la justicia, la integridad y el profesionalismo. Esta idea confirma que la tecnología sanitaria no es neutral cuando interviene en decisiones vinculadas con el cuidado. Cada recomendación automatizada refleja determinadas prioridades y puede privilegiar la rapidez sobre la escucha, la eficiencia sobre la equidad o el promedio estadístico sobre la singularidad de cada persona. En consecuencia, el criterio enfermero resulta indispensable para analizar quién se beneficia de un sistema, quién podría quedar excluido y qué forma de cuidado se promueve mediante su uso.

En el contexto panameño, como escenario inmediato de esta reflexión, el análisis requiere una cautela todavía mayor. La digitalización puede facilitar la articulación entre niveles de atención, mejorar la calidad de los registros y fortalecer el seguimiento comunitario. No obstante, también puede ampliar brechas cuando se implementa sin infraestructura adecuada, conectividad, formación suficiente y soporte técnico permanente. Una enfermera que trabaja en un hospital urbano y otra que ejerce en una comunidad con recursos limitados enfrentan condiciones diferentes. La inteligencia artificial solo podrá considerarse justa cuando forme parte de una política de fortalecimiento del recurso humano y no opere como sustituto económico de personal suficiente.

La tecnología tampoco debe desplazar la relación terapéutica que caracteriza al cuidado de enfermería. Observar, escuchar, tocar con respeto, explicar y acompañar constituyen actos clínicos con profundo significado profesional. Una pantalla puede organizar datos, pero no ofrece consuelo; puede sugerir una escala, pero no identifica el silencio de una madre angustiada; puede priorizar un riesgo, pero no dialoga con una familia para construir comprensión sobre un tratamiento. Cuidar en tiempos de inteligencia artificial exige reconocer que el cuidado no equivale a una simple transferencia de información, sino a una relación profesional dirigida a proteger la vida y la dignidad.

La formación en enfermería debe incorporar una alfabetización digital crítica. No se trata de convertir a todas las enfermeras en programadoras, sino de ofrecer herramientas para comprender los sesgos, los límites, la privacidad, la seguridad de los datos, la responsabilidad clínica y la evaluación de tecnologías. Una profesión que utiliza sistemas inteligentes sin comprender sus implicaciones queda subordinada a ellos. En cambio, una profesión capaz de interpretarlos puede orientarlos desde los principios esenciales del cuidado.

Las instituciones, por su parte, requieren normas claras para regular el uso de estas tecnologías. Deben definirse responsabilidades cuando una recomendación algorítmica contribuye a un error, mecanismos de auditoría para las alertas, criterios sobre los datos empleados en el entrenamiento de los sistemas y medidas efectivas para proteger la confidencialidad. También resulta necesario impedir que la tecnología incremente la vigilancia laboral sin producir mejoras reales en las condiciones de trabajo. Estas exigencias no limitan el progreso, sino que establecen las bases para un avance legítimo y seguro.

El futuro de la enfermería será cada vez más tecnológico. Sin embargo, también debería ser más humano, puesto que la tecnología puede liberar tiempo para educar, acompañar y anticipar riesgos clínicos. Esta posibilidad dependerá de que la inteligencia artificial se incorpore con criterio clínico, control ético y participación efectiva de enfermería. De otro modo, podrían consolidarse sistemas más rápidos, aunque incapaces de ofrecer un cuidado cercano y sensible.

Defender una tecnología guiada por criterio enfermero equivale a sostener una idea fundamental: la innovación debe responder a las necesidades del paciente y no al atractivo de la novedad. La enfermería no debería limitarse a ser una usuaria pasiva de herramientas diseñadas por otros profesionales o instituciones. Debe consolidarse como una profesión capaz de orientar la transformación digital desde la seguridad, la equidad y la dignidad. La inteligencia artificial puede contribuir a mejorar el cuidado, pero el acto de cuidar continuará requiriendo conciencia, responsabilidad y presencia humana.

La Organización Mundial de la Salud reconoce que la enfermería constituye el grupo ocupacional más numeroso del sector salud y representa una fuerza esencial para avanzar hacia la cobertura universal, la equidad y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2025). Esta afirmación no debe interpretarse como una expresión institucional de cortesía, sino como una conclusión política de gran alcance. Sin personal de enfermería suficiente, preparado y reconocido, los sistemas sanitarios pierden continuidad asistencial, vigilancia clínica y capacidad de respuesta en los territorios.

La OMS (2020) había señalado que invertir en educación, empleo y liderazgo de enfermería no representa un gasto complementario, sino una condición necesaria para fortalecer los servicios de salud. Desde esta perspectiva, toda discusión sobre el cuidado debe superar la admiración simbólica y traducirse en decisiones verificables. Esas decisiones incluyen plazas laborales, formación avanzada, protección del trabajo, carrera profesional, investigación y participación efectiva dentro de la gobernanza sanitaria.

La agenda global de enfermería sostiene que los países requieren datos, planificación e inversión continua, más allá de los discursos de reconocimiento durante fechas conmemorativas. Para Panamá y para la región, el desafío no consiste en reiterar que la enfermería posee un valor indiscutible. El reto consiste en construir instituciones que reconozcan ese valor como parte de la infraestructura crítica del sistema de salud. Tal reconocimiento debe reflejarse en políticas sostenidas, recursos suficientes y mecanismos formales de participación.

En un artículo de opinión, defender esta postura implica reconocer que la enfermería se sitúa en el punto donde las políticas sanitarias adquieren una expresión humana concreta. Una norma puede prometer acceso, pero la enfermera identifica si dicho acceso ocurre tardíamente, si la familia no comprendió una indicación, si la persona teme formular preguntas o si un alta hospitalaria fue correcta desde lo técnico, aunque frágil desde lo social. Hablar de enfermería supone, por tanto, examinar la distancia que existe entre el sistema establecido en los documentos y el sistema experimentado por las personas. Esa distancia revela con frecuencia las limitaciones que no aparecen en los indicadores formales.

También es importante evitar la reducción del problema a la vocación individual. La vocación puede motivar y orientar el compromiso profesional, pero no sustituye condiciones laborales adecuadas, formación permanente, equipos completos ni liderazgo institucional. Cuando un sistema depende del sacrificio continuo, termina normalizando el desgaste y presentándolo como compromiso. Una postura responsable debe sostener lo contrario: cuidar adecuadamente exige que las organizaciones protejan las condiciones necesarias para cuidar.

La evidencia internacional puede servir como orientación, aunque cada país debe interpretarla según su propia realidad. En el caso panameño, como campo inmediato de esta reflexión, esa adaptación requiere considerar la distribución territorial del personal, la carga laboral, el reconocimiento salarial, las oportunidades de posgrado, la producción de investigación local y la participación de enfermería en la toma de decisiones. Importar modelos sin examinarlos críticamente resulta insuficiente. Es necesario fortalecer capacidades nacionales para determinar qué intervenciones funcionan, dónde existe déficit de personal y cuáles son los resultados de cada estrategia aplicada.

El aspecto central posee una dimensión ética y otra operativa. Desde la dimensión ética, toda persona atendida merece un cuidado competente, humano y continuo. Desde la dimensión operativa, la seguridad del paciente, la prevención, la adherencia terapéutica y la eficiencia hospitalaria dependen de procesos cotidianos que, en numerosas ocasiones, descansan en el trabajo de enfermería. Ignorar esta labor poco visible incrementa los costos del sistema, eleva los riesgos y debilita la confianza de la población.

La propuesta no busca idealizar a la enfermería, sino ubicarla de manera adecuada dentro del sistema sanitario. Como profesión científica, puede cometer errores, aprender de ellos, investigar, rendir cuentas y mejorar de forma continua. Precisamente por estas razones, merece ocupar espacios formales de decisión. Cuando la enfermería interviene en el diseño de políticas, los problemas se plantean con mayor cercanía a la realidad del paciente; cuando se la ubica únicamente al final de la cadena, el sistema pierde una fuente decisiva de inteligencia práctica.

La postura final sostiene que la enfermería debe comprenderse como una profesión estratégica para garantizar calidad, equidad y humanidad dentro del sistema sanitario. Los temas desarrollados en este manuscrito convergen en una misma idea: cuidar adecuadamente requiere conocimiento, condiciones laborales, liderazgo y reconocimiento profesional. Cuando estos elementos se articulan, el paciente recibe más que atención técnica. Recibe continuidad, seguridad y dignidad.

Referencias

Organización Mundial de la Salud. (2020). State of the world's nursing 2020: Investing in education, jobs and leadership. https://www.who.int/publications/i/item/9789240003279

Organización Mundial de la Salud. (2021). Global strategic directions for nursing and midwifery 2021-2025. https://www.who.int/publications/i/item/9789240033863

Organización Mundial de la Salud. (2025). State of the world's nursing report 2025. https://www.who.int/publications/i/item/9789240110236

Organización Mundial de la Salud. (2021). Ethics and governance of artificial intelligence for health: WHO guidance. https://www.who.int/publications/i/item/9789240029200

Organización Mundial de la Salud. (2021). Global strategy on digital health 2020-2025. https://www.who.int/publications/i/item/9789240020924

Yao, B., Li, Q., Zhang, Y., Zhang, B., Tiwari, P., & Qin, J. (2025). Nur Values: Real-world nursing values evaluation for large language models in clinical context. arXiv. https://arxiv.org/abs/2505.08734.

La autora es enfermera panameña, docente universitaria y líder gremial. Se desempeña en la Policlínica Nuevo San Juan de Colón y en la Facultad de Enfermería de la Universidad de Panamá, donde ha impulsado programas de salud, comunitaria y de formación académica. Como dirigente de la Asociación Nacional de Enfermeras de Panamá (ANEP), promueve el fortalecimiento de la profesión y coordina los actos conmemorativos del Centenario 2025–2028, destacándose por su compromiso con la educación, la investigación y la dignificación de la enfermería en Panamá.

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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