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Trauma Psicológico

Por: Francisca Domínguez Núñez | Publicado el: 16 noviembre 2021



Cuando escuchamos el concepto “trauma” pensamos en aquellas situaciones temporales que pueden generar un nivel máximo de estrés que altera las capacidades adaptativas del individuo; no obstante, esto es solo una minúscula parte de lo que puede ser considerado “traumático”. Para hablar de trauma psicológico se debe tomar en cuenta todas aquellas experiencias donde, desde la temprana infancia y a lo largo de los años, se van acumulando, consciente o inconscientemente y, de cierta manera, formando parte del psiquismo, vivencias relacionadas con la presencia de acciones dolorosas o bien ausencia de cuidados pertinentes y acertados al desarrollo. Pueden ser experiencias dolorosas muy tempranas porque no es algo exclusivo de las personas que pueden verbalizar lo vivenciado.

En la práctica diaria nos encontramos con menores y/o sus familias, que refieren haber vivido experiencias tales como: malos tratos, gritos, usos de apodos, golpes físicos, violencia verbal, emocional, doméstica, patrimonial, agresiones sexuales, abandono físico y/o emocional, negligencias, y muchos otros a los cuales se les resta su importancia como parte de la configuración del cuadro específico por el que demandan la atención. E incluso puede darse el caso que la persona ignore el “hecho concreto”, pero reporte el dolor y “sufrimiento” emocional para lo cual es necesario la escucha acertada. Es este dolor y sufrimiento el que hay que rastrear. Resulta más práctico consignarlo de una manera aislada y separada del todo del individuo, o incluso dudar de su existencia. Se recalca que las personas consultan psicológicamente por otros temas o sufrimientos y, la gran mayoría de las veces, no conectan estas historias traumáticas a sus malestares actuales. Son escasas las personas que se aproximan vinculando su realidad actual y sus vivencias dolorosas inconclusas.

Es importante asignarle el nombre correcto con su respectivo valor a aquellas experiencias reportadas como parte de la historia de la persona, ya que para la misma fue hiriente, doloroso y traumático. Muchas veces no sólo se trata de la (s) experiencia (as) en sí sino, también, la respuesta (as) emitidas por los allegados cercanos de los cuales se esperaba mejor sintonía afectiva. Lo traumático está definido por las siguientes características:

  • Aquello que ciertamente sucedió. Lo que, ya sea el menor o bien su familia o el adulto, explícitamente reportan que sucedió, es decir aquello que se vivió o “les pasó”. No necesariamente tiene que ver con eventos físicos claros o definidos, o bien, de lo que “hay evidencia”, ya que puede tratarse de cuestiones emocionales y/o sociales, o bien de las que no hay una “evidencia” física tangible, pero sí sufrimiento. El hecho de que no haya evidencias físicas y sólidas no significa que no sucedió.
  • Como fue “guardado” en la memoria dichas experiencias para seguir viviendo, qué hicieron o cómo siguieron su vida, que es indicativo de la estrategia que la memoria utilizó para manejar la situación. No existe sólo una estrategia mnémica universal para todos. Hay diferentes tipos de memorias tales como la olfativa, visual, táctil, cinestésica y otras, y así pueden ser el tipo de estrategia utilizado para resguardar esa información.
  • Lo que ciertamente se necesitó y no se obtuvo. Se trata de una breve frase que, a primera vista, es entendible, pero en la práctica puede resultar difícil reconocerle su verdadero valor en la configuración del psiquismo del sujeto. Una expresión muy común aquí en Panamá es “cuando tenga mis hijos, o a mis hijos le voy a dar lo que no me dieron cuando fui niño(a)”, la cual hace eco de lo que venimos señalando, sin embargo, resulta nefasta en el trabajo de atender las reales necesidades de los menores. Implica ignorar, negar, minusvalorizar o, hasta, ridiculizar las reales necesidades que tenga el niño (a) o adolescente. Se trata de esos vacíos, de esas lagunas en la atención de lo que se necesitó y no fue satisfecho.

Lo anteriormente explicado es sólo un pequeño extracto de lo consignado como traumático ya que hay mucha más información valiosa que se debería tomar en cuenta:  temas de frecuencia, tiempo, hechos y personas involucradas. El trauma psicológico es complejo y se mantiene en el tiempo.

Es indudable las afectaciones que resultan de un trauma psicológico que son múltiples: problemas en la comunicación, en la vinculación, y muchos otros para los cuales nos faltaría espacio; no obstante, con esto pretendemos llamar la atención y concientizar en la necesidad de buscar ayuda terapéutica certificada.

Como profesionales de la salud mental, debemos tomar en cuenta estos elementos históricos de nuestros pacientes, de tal manera que ayude a la comprensión de sus “cuadros”; y principalmente, contribuir, establecer y/o sentar una de las primeras bases de su tratamiento psicoterapéutico. Estas personas requieren tratamientos psicoterapéuticos cualificados y éticos, basados en la comprensión de lo traumático. 

Bibliografía

Hernández P., M. (2020); Apego, Disociación y trauma: trabajo práctico con el modelo PARCUVE;   Editorial Desclée De Brouwer; España.

La autora es Docente de la Facultad de Psicología

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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