Gaspar Octavio Hernández, poeta y periodista cuyo legado nos llama a la reflexión
Panamá conmemora el día del periodista en medio de una difícil situación sanitaria y económica. Una profesión u oficio que no tiene días libres ni horas de descanso, de bajos salarios y constantes persecuciones; pero que a sangre, sudor y lágrimas se ha convertido en el llamado “cuarto poder “. Un pilar fundamental en toda democracia avanzada y necesario contrapeso de los tres poderes del Estado.
El día del periodista panameño no solo debe ser una fecha para recordar la muerte del poeta Gaspar Octavio Hernández “el cisne negro”, sino también su legado. Fue un gran poeta y periodista cuya pluma enmudeció un 13 de noviembre de 1918; cuando en la sala de redacción de "La Decana" la Estrella de Panamá, muere sentado frente a su máquina de escribir redactando una crítica cáustica en contra de aquellos que ofendían el sentimiento nacional.
Esta fecha debe servir también para reflexionar sobre el buen ejercicio de la labor periodística, los retos que tenemos por delante, la protección de nuestra profesión y la defensa de una prensa libre que cumpla con la sagrada función informar. Una que no esté condicionada a los poderes políticos y económicos que por años han tratado de amordazar la verdad, a través de vulneraciones sistemáticas a los derechos de los periodistas.
La primera obligación del periodismo es con la verdad: este, ni más ni menos; procurar informar la verdad de los hechos es la esencia y columna vertebral de la profesión. Por ello, al recordar al gran poeta Gaspar Octavio Hernández, debemos ser imitadores de sus principios, pues, a pesar de su corta vida, el bardo de Santa Ana con su pluma crítica e independiente; alzó la voz en apoyo a los flagelados por las drogas, la prostitución, la paternidad irresponsable, la pobreza, la corrupción y la impunidad.
Son estas mismas verdades las que hoy temen ser reveladas o dadas a conocer por algunos periodistas. Ya sea por seguir la línea editorial de un medio que se vendió al mejor postor, o sencillamente porque se siente huérfano de una Ley de Prensa que proteja el ejercicio de la actividad periodística y se convierta en una coraza necesaria para mantenerse firme, objetivo, honesto, imparcial, con una inquebrantable ética dotada de empatía y sensibilidad humana.
Ante esta realidad, las asociaciones y gremios de periodistas deben jugar su papel en la lucha por la libertad de prensa y expresión en Panamá. Es necesario unir las fuerzas para defender los derechos salariales de los periodistas, garantizar estabilidad laboral, protección y asistencia legal evitando la soledad a la que se enfrentan en los tribunales de justicia, y no menos importante; protegerlos de las persecuciones de las que han sido víctimas; donde incluso, han perdido su propia vida.
Que el legado de Gaspar Octavio Hernández siga ayudando a construir un periodismo de calidad, inclaudicable en la búsqueda de la verdad; capaz de erradicar el periodismo domesticado, disfrazado de entretención y de falsa objetividad. De modo que el devenir de este país descanse en el respeto a la libertad de prensa y expresión; derechos humanos que son imprescindibles para el sostenimiento de la democracia.
El autor es Estudiante de Periodismo


