La resiliencia en tiempos de post pandemia desde la Psicología Clínica
En marzo del 2020 el COVID 19 fue declarado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una Pandemia, donde todas las personas tenían que cumplir ciertas medidas de bioseguridad para minimizar el riesgo de contagio como: distanciamiento social, medidas de higiene, confinamiento en casa, y otras por las cuales, directa o indirectamente, habría afectaciones físicas como psicológicas y sociales. En este caso nos concentraremos en las respuestas emocionales del ser humano ante la realidad presente que son explicadas, justamente, por el valor incalculable que tienen en la vida de todos; no con ello minimizando las otras posibles respuestas o consecuencias. Se plantea lo post pandémico, a pesar de que el Covid 19, a la fecha, no está controlado; no obstante, la mayoría de las recomendaciones dadas al inicio de la pandemia han sido relajadas, ajustadas, e incluso eliminadas. Adicionalmente, ya han sido creadas y aplicadas diferentes vacunas para contrarrestar las afectaciones físicas por el contagio.
Ante la pandemia muchas personas reportaron haber experimentado algo de ansiedad y/o depresión ante la situación misma, así como por las consecuencias asociadas a las recomendaciones o medidas que se debieron llevar. Pudo haberse dado una ansiedad muy generalizada, tanto a los eventos presentes, como a la extrañeza (pérdida) de lo pasado, así como por el porvenir post-pandemia. El manejo emocional o psicológico que se dio como respuesta a lo experimentado dependió de varios factores previos, así como caracterológicos y entre ellos la capacidad de resiliencia. ¿De qué se trata la resiliencia?
El concepto resiliencia está asociado a términos como entereza, adaptación, competitividad, tolerancia y el poder aguantar. La resiliencia tiene que ver con la capacidad de hacerle frente a las adversidades de la vida, transformar el dolor y lograr salir fortalecidos. Inicia con el reconocimiento de lo que está sucediendo objetivamente, permitiendo su visualización y con ello asentándose en la realidad. Implica poner a trabajar la mente a favor nuestro, utilizando las competencias y recursos disponibles. Requiere tomarse un momento para analizar las diversas variables implicadas. Se trata de un proceso dinámico, cambiante, cuyo núcleo central es el afrontamiento.
La resiliencia ha sido estudiada con miras de poder vislumbrar sus elementos constitutivos y con ello poder potencializarlos en aquellos momentos de crisis y sufrimientos humanos. Entre esos investigadores está Emmy Werner (1995) quien le dio tres acepciones al término resiliencia: buen desarrollo a pesar del alto riesgo social, mantenimiento de las competencias pese al estrés continuo y recuperación después del trauma. Emily Hunter (1999) analiza la resiliencia como un continuo entre los polos: resiliencia menos que óptima y resiliencia óptima. En tanto, Michael Rutter (2000) la plantea como la resistencia relativa al riesgo psicosocial, enfocando el proceso y no necesariamente el resultado. Y Suniya Luthar (2006) la postuló como una adaptación positiva pese a la adversidad, enfatizando los dos elementos que la constituyen: la adversidad significativa y la adaptación positiva, en Castillo (2007). Estos autores resaltan la presencia de un elemento adverso o de desafío al que hay que afrontar de forma que se pueda proteger el psiquismo, y, por ende, la vida del sujeto. A lo largo de la vida se está sujeto a crisis tanto las normativas como las no normativas con lo cual se evidencia que nuestra existencia no es una línea recta libre de conflicto. Habrá crisis que van a alterar, de forma significativa, nuestra adaptabilidad y requerir mayores esfuerzos psicológicos para salir fortalecidos, es aquí donde hacemos eco de nuestro nivel de resiliencia.
Lo experimentado en casi dos años por la pandemia por covid 19 seguramente removió los cimientos de lo conocido y establecido, por su carácter desafiante, y requirió estrategias de afrontamiento, en algunos casos para “sobrevivir” y, en otros, para lograr seguir a pesar de lo adverso. Las respuestas ejecutadas en esta pandemia influirán en la gestión que se lleve a cabo una vez la persona tenga y sienta el permiso social y personal de asumir su “normalidad”.
Una vez revisada la situación o la exigencia dada, pasamos a señalar algunas recomendaciones que nos parecen justas a los propósitos de favorecer y/o fortalecer la resiliencia:
- Identificar la situación, definiéndola lo más clara y realista posible.
- Reconocer las emociones que se están experimentando, tristeza, miedo, enojo, otras; evitando esconderlas, minimizarlas o negarlas. Desplazando las ideas comunes asociadas a la debilidad por sentir dichas emociones.
- Focalizarse en lo reconstructivo, vislumbrando la oportunidad, más que la pérdida.
- Generan estrategias sanas.
No se está tarde para hacer eco del nivel de resiliencia que se tenga, ya sea bajo o alto, lo importante es reconocer que se pueden afrontar los obstáculos de una forma diferente, creativa y constructiva. Es importante analizar el desempeño pasado solo para rescatar lo productivo y que sume al propósito de un mejor manejo de los desafíos.
Se reconoce que son momentos difíciles, no obstante, la resiliencia nos llama a utilizar los recursos y competencias emocionales a favor de otras demandas que se tornan avasallantes. Resulta importante gestionar la capacidad resiliente que se posea y de esa manera lograr salir victoriosos.
Referencias bibliográficas
Castillo C., J. (2007); El valor del sufrimiento: apuntes sobre el padecer y sus sentidos, la creatividad y la psicoterapia; Desclée de Brouwer, España.
La autora es Docente de la Escuela de Psicología de la Universidad de Panamá


