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Reflexiones En torno a la Modernidad Líquida y la Discriminación Sólida

Por: Gersán Joseph Garzón | Publicado el: 24 agosto 2021



La modernidad denota entre algunos de sus elementos, las relaciones capitalistas entre los obreros y los dueños de los medios de producción. En tanto la postmodernidad, revela la sociedad líquida al decir de Bauman, emergente del siglo XXI, donde todo vale.

En la sociedad actual la tecnología juega un rol destacado. Pero a su vez, se sacrifica la privacidad con la incursión de Facebook, Twitter e Instagram, donde se exponen distintas facetas de la vida personal y desaparece un aspecto fundamental de la libertad real: el de la autodeterminación personal y la libre elección de asociación, liquidadas por la fagocitación del individuo. Se le controla la imaginación de las masas proporcionándoles biografías de éxito, una manipulación aterciopelada que intenta controlar a las voces críticas. (Donskis-Bauman:2019)

La modernidad sólida y la líquida se corresponden con dos formas distintas de integración y de reproducción social. La primera por medio de la producción y del trabajo; la segunda a través del consumo. Cada uno de estos modos de reproducción y de integración social se asocia con un determinado tipo de temporalidad, que contribuye eficazmente a la estructuración y a la legitimación de las sociedades de cada uno de esos dos momentos de la modernidad. (Bauman)

La desinstitucionalización de la vida social implica la ausencia o deterioro de sistemas de normas y criterios que fijen el marco de la vida en común, lo que implica mayor incertidumbre e indicadores para la vida en comunidad provenientes de la esfera privada. El cemento valorativo-normativo de las sociedades históricas estaba anclado en la religión, la identidad cultural, la organización social, racionalidad económica o política dominante (Bobbio:2000)

Burocracia, osteoporosis institucional y adiaforización

Michel Crozier en los años 60 público El fenómeno burocrático, indagando la aplicabilidad del tipo ideal de burocracia propuesto por Max Weber. Crozier descubrió que, en lugar de concentrar el tiempo y las energías en la realización de la tarea declarada, el personal de la oficina empleaba el tiempo y las energías en actividades desvinculadas de la tarea, o bien en cometidos que obstruían su cumplimiento o volvían imposible su implementación. (Bauman)

En este trabajo Crozier revela la lucha intergrupal por el poder, las influencias y el privilegio. La lucha interna por el poder era endémica en dichas organizaciones, en ese sentido cada categoría de funcionario procuraba más poder para sí mismo y lo conseguía utilizando las reglas formales en su propio beneficio, aprovechando las lagunas en los estatutos o recurriendo a métodos completamente informales o prohibidos por el reglamento de la organización. (Bauman:2011)

Con la manipulación de la inseguridad se controla mediante la incertidumbre, que se constituye en el instrumento de poder. Los que están cerca de las fuentes de incertidumbre son quienes ejercen el dominio. Los situados en el extremo receptor de la incertidumbre están impedidos y desarmados en sus esfuerzos por resistir y combatir la discriminación.

Un funcionario impone  a la categoría que desea subordinar un código de conducta exhaustivo y detallado al máximo, cuyo propósito ideal es volver monótona y regular, y predecible, la conducta de los grupos que fija mediante tal recurso; en tanto la categoría que impone el código se esfuerza por mantener libre sus manos de modo tal que resulte imposible prever sus movimientos. (Bauman:2011)

La estrategia fundamental cada una de las luchas por el poder consiste en estructurar la condición de la contraparte, desregulando la parte propia. En la lucha por el poder se empeñan en dejar a sus subordinados sin otra opción que aceptar dócilmente la rutina que sus superiores han establecido o intentan imponer. (Bauman:2011)

La osteoporosis institucional puede definirse como un proceso creciente de debilitamiento de las instituciones, y en los resultados de su gestión, que a la postre se convierten en una amenaza para la propia estabilidad y permanencia de las instituciones.

La adiaforización término acuñado por Bauman refleja en parte los efectos de la osteoporosis institucional y del laissez faire  laissez passer. Este último término fue utilizado por primera vez por Vincent de Gournay, fisiócrata del XVIII, contra el intervencionismo del gobierno en la economía.

La adiaforización es una estratagema para situar actos omitidos respecto a ciertas categorías de seres humanos al margen del ámbito de los fenómenos sujetos a la evaluación moral; estratagemas para declarar esos actos moralmente neutros, evitando que se sometan a un juicio ético. (Bauman)

Es  imperceptible el mal en la modernidad líquida, debido a que se naturaliza en los actos diarios de las personas, de esta manera Donskis señala:

“El mal habita en lo que tendemos a considerar como normalidad e, incluso, como la trivialidad y banalidad de la vida cotidiana,…,apenas sería posible comprender el fenómeno de pérdida de sensibilidad sin el concepto de adiaforización del comportamiento humano. En griego, adiaphorom significa algo sin importancia (pl. adiaphora). Esta palabra era utilizada por los estoicos griegos; un adiaphorom es una retirada temporal de la propia zona de sensibilidad; la capacidad de no reaccionar o de reaccionar como si algo le ocurriera no a personas, sino a objetos físicos, a cosas, o a no humanos. Las cosas que pasan son insignificantes; no nos pasan a nosotros o no pasan con nosotros.” (Donskis-Bauman:2015)

Todo lo antes señalado abona el terreno para la acción de fortalecer la institucionalidad fracturada en la sociedad líquida. En esa línea Zygmunt Bauman destaca lo siguiente:

 “Si los derechos democráticos, así como las libertades que traen aparejadas esos derechos, se confieren en teoría, pero son inalcanzables en la práctica, no cabe duda de que al dolor de la desesperanza se sumará la humillación de la desventura: la habilidad para enfrentar los desafíos de la vida, puesta a prueba a diario, es el crisol donde se forja o se funde la confianza personal del individuo, y, en consecuencia, su autoestima. Un Estado político que rehúsa ser un Estado social puede ofrecer poco y nada  para rescatar a los individuos de la indolencia o la impotencia. Sin derechos sociales para todos, un inmenso y sin duda creciente número de personas hallará que sus derechos políticos son de escasa utilidad o indignos de su atención. Si los derechos políticos son necesarios para establecer los derechos sociales, los derechos sociales, son indispensables para que los derechos políticos sean reales y se mantengan vigentes. Ambas clases de derechos se necesitan mutuamente para su supervivencia, y esa supervivencia sólo puede emanar de su realización conjunta”. (Bauman:2012)

La diversidad de situaciones de la sociedad actual desveladas por Bauman denotan su potencial para entender la modernidad en su versión líquida, y alertar sobre situaciones potenciales que atentan contra la integridad del ser humano y de las nuevas generaciones. En su obra el Miedo Líquido señala que  Kant invirtió en la razón humana su esperanza de que los seres humanos pudieran hacerlo mejor en su batalla contra el mal que la naturaleza inanimada. (Bauman:2007)

La discriminación laboral

La Declaración Universal de Derechos Humanos, fruto del esfuerzo de un ilustre panameño: Dr. Ricardo J. Alfaro, señala en su artículo 1. “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.”

En el artículo 2. “Todas las personas somos iguales sea cual sea nuestro origen, etnia, color, sexo, idioma, religión, opinión política o cualquier otra condición.”

Artículo 8Todos tenemos igual derecho a protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.”

Usualmente las decisiones laborales se consideran con un contenido de equidad y justicia cuando todos disfrutan de igualdad de oportunidades. Siendo este principio expresado en las decisiones laborales donde los nombramientos, ascensos o la selección para programas especiales de capacitación, se otorgan por razones exclusivamente meritorias. Esto significa que factores como la raza y el origen étnico o condición social, carecen de importancia. Se toman en cuenta elementos como calificaciones, certificaciones, la capacidad para desempeñar el trabajo  y la experiencia acumulada. De esta manera se tiene una garantía de que todos los candidatos a las posiciones de trabajo o las aspiraciones de mejora de los candidatos serán consideradas por su expediente, esto garantiza que todos los candidatos a posiciones laborales o ascensos reciban igual trato, y en consecuencia se respete el principio de igualdad de oportunidades, sin discriminación.

El Convenio Nº111 sobre discriminación (empleo y ocupación), 1958, de la OIT reafirma el papel preponderante de la igualdad de oportunidades. Su definición de discriminación es la siguiente:

“A los efectos de este Convenio, el término discriminación comprende cualquier distinción, exclusión o preferencia basada en motivos de raza, color, sexo, religión, opinión política, ascendencia nacional y origen social que tenga por efecto anular o alterar la igualdad de oportunidades o de trato en el empleo y la ocupación”. (UNESCO:2005)

La tendencia a estereotipar es una de las razones por las que persiste la discriminación y a pesar del afán de superación personal y los méritos profesionales, surgen barreras y murallas de exclusión para conculcar derechos adquiridos.

El propósito del racismo según Wallerstein no es excluir a la gente, mucho menos exterminarla. El propósito del racismo es mantener a la gente dentro del sistema,  pero como inferiores a los que se puede explotar económicamente y usar como chivos expiatorios políticos. Lo que sucedió con el nazismo fue lo que los franceses denominan derapage, un desatino, un resbalón, una pérdida de control. (Wallerstein:2006).

El racismo es un problema social y político. Un imperativo es disponer de un sistema judicial independiente, ya que las políticas antidiscriminatorias se suelen considerar incoherentes con el principio fundamental de la igualdad jurídica.

En Panamá, existe la Comisión Nacional contra La Discriminación creada mediante Ley Nº16 de 10 de abril de 2002. Esta ley en su artículo 3, establece “Para los efectos de la presente Ley, se entiende por discriminación cualquier acto que denote algún tipo de distinción, exclusión, restricción o preferencia basado en el color, la raza, el sexo o la orientación sexual, la edad, la religión, las discapacidades físicas, la clase social, el nacimiento, las ideas políticas o filosóficas, o que menoscabe el goce o ejercicio de los derechos fundamentales consagrados en la Constitución Política así como de los derechos previstos en Convenios Internacionales de Derechos Humanos o en documentos que tengan como finalidad promover el desarrollo de la dignidad del ser humano”.

Una política de lucha frontal contra la discriminación eficaz debería promover la coordinación tanto de los Estados como de las instituciones autónomas, los sindicatos, las organizaciones comunitarias y las asociaciones profesionales para enfrentar esta tendencia creciente en la modernidad líquida.

El autor es Doctor y Docente de la Facultad de Economía

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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