Cartas en Tiempos de Guerra: Drama sobre el Destino de la Humanidad
Cartas en tiempo de guerra es un poemario del poeta Salvador Medina Barahona (1974), que obtuvo una mención de honor en el Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán (2001-2002), donde fue la segunda finalista entre sesenta y tres obras.
En la contraportada del texto leemos lo siguiente: “Cartas en tiempos de guerra es una trenza poética hecha de crónicas, cartas y silencios. Destacada por Elva Macías (poeta mexicana), Álvaro Menéndez Franco (poeta panameño) e Isabel Barragán de Turner (crítica y académica nacional), todos miembros del Jurado del Premio Internacional de Literatura Rogelio Sinán 2001-2002) como “un poemario que expresa el hondo drama de nuestro tiempo y reflexiona sobre el destino de la humanidad en el mundo contemporáneo”, esta obra se alza sobre la mentira de una fecha indisoluble: el 11 de septiembre de 2001, para cuestionar desde su ideario poético el entramado dantesco erigido por los centros de poder económico, proponiéndolo valientemente como un circo y denunciándolo como un engaño… Hay un tono solidario con las víctimas de una repulsa a los discursos amañados de sus gobernantes. Cartas en tiempos de guerra sugiere la búsqueda y el hallazgo de la verdad, el desmantelamiento de esta pantalla cruel y desinformativa. Sugiere no “comerse el cuento”. Sugiere acabar con el silencio ante la injusticia. Sugiere indagar, ya no para la venganza, ya no para otro nuevo engaño, ya no para otra omisión, sino para encarar el odio de los verdaderos culpables y ensayar de vuelta la paz que ha sido desterrada. ¿Utopía? Tal vez…” (MEDINA BARAHONA, 2002)
Medina Barahona introduce su poemario con una cita de Julio Cortázar con el fin de introducir su intencionalidad: “En lo más gratuito que pueda yo escribir asomará siempre una voluntad de contacto con el presente histórico del hombre, una participación en su larga marcha hacia lo mejor de sí mismo como colectividad y humanidad. Estoy convencido de que solo la obra de aquellos… que respondan a esa pulsión y a esa rebeldía se encarnará en la conciencia de los pueblos y justificará con su acción presente y futura este oficio de escribir para el que hemos nacido.” (CORTÁZAR, 2002)
Es evidente que en el poemario de Medina Barahona se presume en todo momento el concepto cortazariano, es una obra comprometida con el presente histórico, con el destino del hombre, de la humanidad como colectivo.
El vate no solo demuestra con la filosofía cortazariana, su compromiso histórico, sino que también recurre al pensamiento de la intencionalidad escritural de Ernesto Sábato cuando cita: “Las más de las veces, los hombres no nos acercamos, siquiera al umbral de lo que está pasando en el mundo, de lo que nos está pasando a todos…, y permanecemos domesticados en la obediencia a la sociedad que no respeta la dignidad del hombre.
Muchos afirmarán que lo mejor es no involucrarse, porque los ideales finalmente son envilecidos como esos amores platónicos que parecen ensuciarse con la encarnación.
Probablemente algo de eso sea cierto, pero las heridas de los hombres nos reclaman. Si a pesar del miedo que nos paraliza volviéramos a tener fe en el hombre, tengo la convicción de que podremos vencer la resignación que nos envilece como a cobardes…” (SÁBATO, 2002) Si el poemario de Medina Barahona lo clasificamos bajo el prisma de la literatura comprometida, un comentario de José Andrés Rojo, quien confirma las cualidades de un autor y una obra comprometida: “Nunca me han gustado los artistas que se aíslan y se lavan las manos de lo que acontece en el mundo… Creo, a pesar del infatigable olor de la guerra, que un tiempo predominantemente espiritual puede estar a las puertas, porque de lo contrario estamos irremediablemente perdidos.” (ROJO, 2002)
En efecto, desde esta perspectiva la poesía de Salvador Medina Barahona resulta comprometida con la sociedad, con la humanidad entera y con los tiempos convulsos en los que vivimos, toda vez que sus poemas constituyen una denuncia:
Hermano:
vengo de la misma fauna de los mortales,
de la misma tribu, y
lo que hoy te avanza,
lo que hoy te sumerge en ti como en un túnel,
es como el fuego que fue principio y
puede ser final.”
(MEDINA BARAHONA, 2002, pág. 17)
Puede notarse una especie de vox clamantis in deserto, cuando el héroe lírico impreca al interlocutor, llamándolo hermano, con el objetivo de invitarlo a reflexionar acerca de su origen común, por lo que le invita a evitar el fuego de la guerra que puede ser principio y puede ser final.
La imagen concebida hace quince años, tiene especial vigencia en nuestro tiempo, pues vemos la guerra fría, por lo menos tibia, existente entre Estados Unidos y Corea del Norte, con sus constantes amenazas, las cuales, de materializarse, no solo los afectarían a ellos, sino que afectarían a la humanidad entera, pudiendo convertirse en el final de la misma.
Sin embargo, como señala Rojas, en la poesía comprometida, tal es el caso del poemario que estudiamos en esta ocasión, existe siempre una semilla esperanzadora, lo cual es lograble en el decálogo para ensayar la paz, de donde citaré para sustentar mi afirmación el número nueve, que a la letra señala:
“Vive la ley de la colmena y
no esperes a ser reina
para procurar la miel.
Vístete de zángano, vibra tus alas
y aletea tu voz a los que te ignoran.”
(MEDINA BARAHONA, 2002, pág. 107)
Las cartas se suceden una tras otras con imprecaciones al hermano, al hombre, a cualquiera, a todos los seres humanos:
Hermano,
tú, hombre común de barro y sus estigmas;
hombre de los días trabajados
como panes, de las horas
acumuladas en los años
como semillas; hombre que puede ser
de cualquier parte; hombre que
entre la luz y el polvo has sido concebido…”
(MEDINA BARAHONA, 2002, pág. 30)
En estos versos, existe una reafirmación en torno a la imperiosidad necesidad de que el ser humano tome conciencia de su realidad, la cual es similar a la de todos los seres humanos; todos somos concebidos de la misma manera, tenemos una vida corta, somos producto de trabajos y sufrimientos, por lo que debiera existir la comprensión como elemento capaz de unirnos para buscar la paz y, con la paz, un mundo más feliz para todos.
Sin embargo, la realidad es totalmente contradictoria, el sufrimiento pulula por doquier, el hambre y la muerte forman parte de lo cotidiano, resultando lo más triste la constatación de que el hambre no se debe a la falta de alimentos, sino a la pésima distribución de las riquezas, y que la muerte no llega de manera natural ni como efecto de fenómenos naturales, sino que es el ser humano el que aniquila a sus semejantes, haciendo válido el pensamiento latino del filósofo del siglo XVII que reza que el hombre es el lobo del hombre (Homo homini lupus)
Los versos siguientes reflejan con claridad la afirmación ofrecida:
Qué decir entonces
del otro duelo,
de los otros hacedores del crimen.
Qué decir
de las cruces nunca erguidas
en las fauces montañosas
del desierto.
(MEDINA BARAHONA, 2002)
En estos versos nos encontramos frente a dos verdades aterradoras expresas en dos interrogantes con expectativas de respuesta que asustan: “¿Qué decir entonces del otro duelo, de los otros hacedores del crimen? ¿Qué decir de las cruces nunca erguidas en las fauces montañosas del desierto?
Estas preguntas nos revelan una visión aterradora del mundo, pues sabemos que las Torres Gemelas del World Trade Center, de la ciudad de Nueva York fueron derribadas por árabes, autodenominados talibanes, quienes estrellaron aviones contra centros estratégicos para causar muerte y sufrimiento sin saber a quién, con la única finalidad de crear una histeria colectiva, que en efecto impera en el mundo. Mueren personas inocentes, pues la mayor parte de las veces las personas son inocentes de las decisiones y acciones de sus gobiernos. No obstante, el asunto no se queda allí, sino que la segunda interrogante genera una nueva visión, refiriéndose a la muerte de los árabes por parte de los países occidentales, quienes ejercitan su maquinaria bélica sin importarle quien caiga, sin importar la culpabilidad o inocencia de las víctimas.
Hay un juego de muerte, en el cual las víctimas ni siquiera tienen una noción clara de porqué lo son. Nos encontramos, posteriormente, con una serie de poemas que cuestionan la macabra realidad que pasa casi desapercibida en la realidad, donde se pierde en las páginas de los periódicos y las imágenes de las televisoras, para intentar cobrar vida para la eternidad en la poesía:
Qué decir
del hambre,
de la huida con el alma en la garganta,
de los ojos aún niños frente al espanto,
de los ojos perdidos
en el polvo
y la muchedumbre.”
(MEDINA BARAHONA, 2002, pág. 42)
Los poemas de Cartas en tiempos de guerra tienen una gran vitalidad, lograda a raíz de las imágenes dantescas que describen, pues el mundo en que vivimos lejos de ser el edén deseado es un infierno, un valle de lágrimas, la morada del sufrimiento. Lo peor, insisto una vez más, es que todos los males son causados por las desmedidas ansias de riqueza y poder que tiene el ser humano, las cuales lo llevan a someter a sus hermanos, sin importar ni la muerte ni el sufrimiento. Veamos los siguientes poemas, expresados a manera de preguntas:
Qué decir
de la otra caravana,
del eterno calvario sin nombre.
Qué decir
de las madres que han deshecho el camino
transitando en la sombra
con su talego
de barbas masacradas…
(MEDINA BARAHONA, 2002, pág. 43)
El carácter dantesco de las imágenes se mantiene. El sufrimiento impera. Sin embargo; al final, el héroe lírico producto de tantas situaciones, concibe dos posibilidades para la humanidad, la primera posibilidad es el fin del mundo, la destrucción de todos o de casi todos los seres humanos, tal como se plasma en el poema Un posible epitafio para todos (o casi todos), el cual diría lo siguiente:
En este planeta desolado
yacen los restos de una humanidad
que vivió sabiamente guiada por los imperios.
Todos fueron borrados de la faz de la tierra.
Este fue el
Gran Imperio Libertador del Águila.
Es muy probable que los restos de sus flechas
aún queden dispersos,
como símbolos póstumos de su poder.
Mejor virtud: Él siempre habló por nosotros.
Fecha: Un año cualquiera
del tercer milenio de occidente.
(MEDINA BARAHONA, 2002, pág. 97)
La segunda posibilidad es la esperanza, de aceptación de la realidad, del perdón mutuo y colectivo y de la convicción de hacer la paz entre todos, tal y como puede leerse en el poema Un nuevo ensayo por la paz:
No es cuestión de desandar caminos,
del volver con la cola entre las piernas
o gritar a los cuatro puntos cardinales
me arrepiento.
No es cuestión de ensayar los errores del pasado
como armas que nos traigan una paz artificial.
Es cuestión de hacer un alto
pararnos frente al espejo,
pedirnos perdón,
perdonarnos la vida, la omisión, la muerte,
y luego dar un paso de amor en la batalla.
(MEDINA BARAHONA, 2002, pág. 101)
El mensaje expreso en el poema va más allá de lo artificial, de las imágenes bonachonas; no solo incluye a los capitanes del mundo, sino que requiere de la participación de la humanidad entera. La salida que propone el héroe lírico es producto de una mente con los pies sobre la tierra; su propuesta no se fundamenta en olvidar el pasado, sino en aceptarlo; no se trata de que haya victoriosos y derrotados, de que nadie cargue con la derrota; la nueva propuesta de paz nos hace culpables e inocentes de lo ocurrido hasta hoy; no se trata de arrepentimientos banales, sino de un compromiso de pacífica convivencia.
El nuevo pacto por la paz es un pacto de amor, que sirva a todos los seres humanos para que se toleren con sus virtudes y defectos, donde el amor es una necesidad impostergable, ya que convivimos a diario con la posibilidad de que cualquier día se nos acabe el mundo.
No me queda más que hacer una cordial invitación a hacer una revisión profunda del poemario Cartas en tiempos de guerra del poeta Salvador Medina Barahona y que promovamos su mensaje pacifista antes de que sea demasiado tarde.
La autora es docente en la Escuela de Español de la facultad de Humanidades


