"2026: Año del fortalecimiento de la autonomía universitaria, mediante la elección democrática de sus autoridades"


Cuando hablamos de reelección

Por: Ezequiel Batista Q. | Publicado el: 02 junio 2021



Cuando hablamos de reelección nos referiremos a la aspiración de un candidato a lograr nuevamente ocupar el mismo cargo o posición de manera democrática, es decir ser escogido por la voluntad de las mayorías. Volver a ser candidato ha puesto de elección no quiere decir que ya eres reelecto automáticamente, eso depende de las mayorías que le dan la oportunidad de    representarlos ante una asamblea, rectoría, junta directiva o máxima autoridad de un país.

Para Tom Ginsburg catedrático de la University of Chicago al igual que Zachary Elkins de University of Texas en Austin,” aspirar a un periodo de elección no necesariamente es algo negativo para el funcionamiento de la democracia”. Hay razones para pensar que limitar la reelección es más bien antidemocrático y tampoco ayuda a mejorar la rendición de cuentas. Por ejemplo, dentro de la tradición federalista norteamericana, Alexander Hamilton defendió apasionadamente la posibilidad que los presidentes fueran reelegidos.

La argumentación vertebral de Hamilton fue que “era antidemocrático, por lo que limitar la relección impedía crear las condiciones para que los políticos respondieran adecuadamente a los ciudadanos y pudieran ser premiados y reconocidos por su desempeño con la posibilidad de mantenerse en el poder democráticamente”. Sin embargo, algunos sustentan que el abuso a la reelección también trae efectos contraproducentes, por lo que, según Thomas Jefferson, sostenía que los límites eran necesarios para evitar que un líder acumulara demasiado poder, ya que una vez fuera reelecto, aspiraría a mantenerse por más tiempo y eso sería antidemocrático.

Se determinó entonces, luego que George Washington finalizara su cargo después dos periodos, que sería recomendable el límite de dos periodos consecutivos como norma a seguir para las siguientes generaciones y que se ha mantenido a través de siglos, siendo el modelo a seguir por la mayoría de países que copian el modelo norteamericano.

El Sociólogo Juan José Linz, critica el rechazo a la reelección donde dice que “desde un punto de vista más práctico, la pérdida de personas que han ganado experiencia en el cargo, que probablemente serán más eficaces en los comités, para llegar a compromisos y para convencer a otros. Además, es importante preguntarse quién haría de la política una vocación si la oportunidad de ocupar un cargo se limitara a uno mandato. La política democrática es una actividad de aficionados, no de especialistas tecnócratas, pero de aficionados que se convierten en profesionales en el juego político.”

Según Linz “limitar las aspiraciones de los votantes a no poder escoger nuevamente a un candidato que ya conocen y que les brinde esa seguridad, estabilidad y confianza seria negarle la oportunidad de reconocer el buen trabajo y desempeño de manera democrática.”

 Por otro lado,  Mario Calzado Mercado manifiesta que “el sentido dela reelección es un tema de continuidad para proyectos que debido a la crisis económica, quedan pendientes y en un periodo adicional, se pueden concretar y ejecutar proyectos interesantes y de utilidad para la gran mayoría”.

La experiencia en el cargo, puede ayudar a mejorar lo que ya está establecido, que tener que empezar con una nueva administración, que cuando culmine el periodo de adaptación, ya queda poco tiempo para la ejecución de proyectos. Podemos decir, entonces que la reelección es la oportunidad de los votantes de aplaudir y reconocer la buena gestión administrativa o de castigar y demostrar el desencanto por una administración deficiente.

El problema más grave de reelegir candidatos por más de dos periodos  es utilizar el poder para beneficio propio y de su círculo cero que son los que la mayoría de las veces inducen al fracaso y se aprovechan de su posición para hostigar a sus enemigos políticos afectando la imagen del candidato, donde la codicia y la ira los convierte en dictadores y perseguidores delos que no están de acuerdo con sus acciones, como expreso Simón Bolívar “nada están peligroso como dejar permanecer por largo tiempo aun mismo ciudadano en el poder.

El pueblo se acostumbra a obedecer y él se acostumbra a mandar donde se originan la usurpación y la tiranía”. Esto es lo que sucede hoy en día, en la política criolla de nuestro país donde vemos diputados relectos por más de veinte años, una Junta Directiva de la C.S.S. casi a perpetuidad, la Junta directiva del Canal de Panamá, dirigentes sindicales que se creen dueños de las organizaciones y muchos otros casos que podríamos mencionar. Todo profesional o ciudadano común tiene el derecho a aspirar a ocupar diferentes cargos y volver a repetir en el mismo, solo con un propósito: dejando un legado histórico o por ansias de poder o acumulación de riqueza.

En el campo de la política, el poder se puede usar para el avance institucional o para el engrandecimiento personal. La diferencia entre estos dos últimos podemos aplicarla a las vidas de dos líderes latinoamericanos de principios del siglo XX: el presidente panameño Belisario Porras (1912-1924) y el dictador venezolano Juan Vicente Gómez (1908 -1935), ambos considerados ‘arquitectos del Estado moderno' en sus respectivos países. Porras y Gómez se conocieron en Venezuela, en donde sostuvieron una interesante conversación que reproduce Carlos Iván Zúñiga en su ensayo ‘Belisario Porras, caudillo de la democracia (2001). De acuerdo con Zúñiga, Gómez le preguntó a Porras si poseía fincas y ganado, a lo que Porras señaló: ‘Soy dueño de unas doscientas hectáreas, en las que habitan unas sesenta cabezas de ganado y treinta caballos’. Gómez continuó: ‘Mis tierras se miden por leguas, desde el Maracay hasta el río Orinoco, cerca del Brasil. Poseo 400 mil cabezas de ganado’. Inmediatamente, el Presidente Venezolano, le confiaría en tono confidencial: ‘Ya estoy camino de convertirme en el hombre más rico de toda América’, a lo que Porras le contesto yo estoy a punto de convertirme en uno de los más grandes estadistas y visionarios de la política latinoamericana”.

Aspirar a volver a gobernar nuevamente no es ningún problema, depende el objetivo al que aspiramos cuando estemos en el poder. Por ejemplo si la gran mayoría se siente satisfecha porque en momentos difíciles y de crisis económica y social como en este caso la pandemia mundial  del coronavirus, el líder siempre se mantuvo al frente de los trabajadores cuidando la salud y garantizando la estabilidad económica  y bienestar familiar,  cuando se realiza un ajuste salarial  a los trabajadores principalmente a los que menos ganan, cuando se garantiza libertad de expresión o libertad sindical, cuando  es tolerante ante la crítica y no es perseguidor o cómplice de los que hostigan y acosan a los trabajadores simplemente  por no compartir sus ideales. Aquel líder que sabe perdonar a sus enemigos políticos y no vive de rencores o  aquel estadista que piensa en el futuro impulsando Proyectos de  desarrollo sostenible  para el beneficio  de todos.

Si ese candidato cuenta con ese perfil definitivamente merece un segundo mandato de lo contrario perderíamos un gran dirigente, porque la improvisación y el cambio para una nueva administración no garantiza un avance, sino lo contrario un retroceso ejemplo podemos mencionar el caso de Brasil y otros países donde el costo de una mala decisión ha afectado a la gran mayoría.

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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