Remedios alternativos contra el Covid, ¿mito o realidad?
En medio de la crisis sanitaria por coronavirus, se abre un gran debate respecto a la efectividad o no de los remedios caseros o medicina alternativa. Mientras la ciencia lucha por ampliar sus estudios y poner a prueba las distintas vacunas, los llamados remedios de la abuela toman protagonismo en una época a donde fortalecer el sistema inmune, resulta imprescindible en la lucha contra la Covid-19.
En momentos en que la falta de evidencia científica pone en duda la eficacia de los remedios caseros, surgen algunas interrogantes:
-¿Puede la medicina alternativa ayudar a prevenir o tratar la Covid-19?
-¿Qué tan confiable es la información científica sobre la efectividad de las vacunas?
-¿Puede la ciencia y la medicina alternativa confluir de manera que ambas, ayuden a encontrar la solución a la crisis?
Ante las diferentes interrogantes planteadas, la realidad es que existen dos escenarios con enfoques distintos. Por un lado, la ciencia plantea la vacuna como única solución a la crisis; y por el otro, la medicina alternativa se enfoca en la promoción de la buena alimentación y el uso de productos como: el limón, la miel, la cebolla, el jengibre, orégano y otras especies que junto a las vitaminas B, C y D, prometen ayudar a fortalecer el sistema inmune evitando complicaciones graves por la Covid-19.
Las opiniones son diversas, pero para quienes defienden los remedios caseros el tema es más cultural que científico. Dicen que desde niños se nos ha enseñado a aliviar el dolor de muela con unas hojas de salvia y el del oído con un estrujado de ruda. Que si caraña hedionda para el aire, te herbales para dolores estomacales, dolor de cabeza o las náuseas. Sin duda, nadie se atreve a negar lo infalible que resulta curar el virus del resfriado con la triple terapia: un poco de miel, limón y las manos calientitas de mamá, frotando el pecho y la espalda con vicks o mentholatum.
En la lucha contra el virus, no podemos dejar de lado la enorme cantidad de pacientes que han resaltado las bondades o beneficios de los remedios caseros. Son muchas las campañas en redes sociales a donde profesionales de la salud, entre ellos médicos y enfermeras, brindan consejos de cómo fortalecer el sistema inmune con productos naturales; incluso, nos dan tutoriales y recetas para preparar té herbales, infusiones o la famosa inmuno bomba. Algunos de estos menjunjes son duramente cuestionados por la comunidad científica, señalan que dichas prácticas son un desafío directo a los protocolos avalados por la OMS.
Lo cierto es que vivimos en una sociedad que ansía desesperadamente datos fiables y ante una industria de publicación científica carente de información clara y precisa. La población está sumida en una agobiante situación llamada “infodemia”, es decir, una sobreabundancia de información (alguna rigurosa y otra falsa) sobre la Covid-19.
Esta infodemia ha supuesto un lastre en el debate sobre la COVID-19. Entre los ejemplos más frecuentes se incluyen el auge y la caída del tratamiento basado en la hidroxicloroquina, la difusión del uso de lejía diluida como tratamiento y la inclusión de la ivermectina. Cada tratamiento cuenta con una gran cantidad de precursores como de detractores, polarizando así la confianza de la población que anhela una cura efectiva contra el virus.
Sin duda, el mundo vive una de las peores crisis sanitarias de la historia. Los esfuerzos por frenar la pandemia no se detienen por parte de la ciencia, ni mucho menos por los adeptos de la medicina alternativa. Una deposita su confianza en las vacunas y la otra en la fe de los remedios ancestrales, una confianza que parece sobrevivir al paso del tiempo.
El autor es Estudiante de Periodismo


