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Resiliencia y Apatheia; La receta

Por: Eric Santamaría Vallejos | Publicado el: 03 mayo 2021



Desempeñar los roles profesionales idóneos para dirigir una organización o sistema de formación de formadores para el país envuelto en un manto de incertidumbre y en la cual se conviven en una ecología de acciones encaminadas a la toma de decisiones delimitadas dentro de normas o reglamentaciones administrativas en una Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Panamá, no es cuestión, de acuerdos clientelistas, sino más bien, de una competencia emocional, definida como “la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivar- nos y de manejar adecuada- mente las relaciones”. “Capacidad para la auto-reflexión: Identificar las propias emociones y regularlas de forma apropiada”

Estamos huérfanos de un liderazgo, hay ausencia de un actuar académico que liderice,  que confronte situaciones o decisiones adversas e incluso, las posibilidades para aprender de los momentos de crisis y mediante el tratamiento académico de las situaciones de conflictos, superar estas vivencias en términos de nuevos propósitos y aprendizajes, fortalecidos de cada situación para encarar y enfrentar retos y desafíos en el devenir en bien de la institución y su colectivo, que obliga a considerar las posibilidades que la resiliencia le ofrece, que repasando a Frank Kafka, diría “«No desesperes, ni siquiera por el hecho de que no desesperas. Cuando todo parece terminado, surgen nuevas fuerzas. Esto significa que vives.»

 Pero, sostener un estilo de gestión académica, cimentada en “condiciones toxicas”, vía estilos de administración “disruptivos” a lo largo y ancho de dos (2) eternos periodos administrativos en la que se ha promovido y procreado un ambiente en la cual pulula las insatisfacciones degenerando en un clima organizacional kafkiano en donde se denotan las actitudes de los funcionarios en su metamorfosis laboral en comportamientos disóciales ante cualquier iniciativa que organice la actual administración con grados de apatía y poco o nulo apoyo a cualquier convocatoria, como evidencia  de su disconformidad con el rumbo que lleva la Facultad.

El empecinamiento en proseguir con un estilo administrativo errático de los últimos años, ha embarrancado a la institución en un entorno administrativo y académico donde florece lo toxico, (sobre todo, por las constantes de incumplir normas y procedimientos académicos y administrativos dictaminado por la institución), tiene sumida a la comunidad académica de la organización, al límite de su resistencia, aflorando la ansiedad y la paranoia. Cuando además esas experiencias toxicas son la nota dominante con otras experiencias recurrentes a lo largo de cada semestre y año académico, consecuentemente emerge el estrés conllevando a la minimización de actitudes y consistencias motivadoras, propio del “burn out” o síndrome del agotamiento, que va en contravía, para el logro de un trabajo eficiente y eficaz

Los estudios conductuales aplicados al campo del desarrollo humano, demuestran que la capacidad de la estructura mental, se constata mediante el acopio de testimonios. Entonces, podemos sostener lo que implican los estudios conductuales con el sentir expresado de muchos funcionarios que les ha tocado convivir en situaciones difíciles durante todos estos años y como han logrado algunos sobrellevar y continuar con la ilusión que vendrán nuevos tiempos más halagadores, despertando sensaciones introspectivas de emociones que tienen latentes y que los aúpa a seguir viviendo en un entorno laboral toxico, pero con la confianza y esperanza de una nueva administración resilientes. Que propugne, lo que los estoicos llaman “Apatheia”, o estado mental libre de alteraciones emocionales.

Ahora bien, precisemos, “la resiliencia” referida como pivote para sostener una administración pertinente y eficaz, situación olvidada o mejor dicho, descuidada por desconocimiento de la misma en estos últimos años y que se espera cambie dentro de poco, sobre todo, en la Facultad de Ciencias de la Educación, según estudiosos del tema, (véase la revista digital  Área Humana, Investigación, Innovación Experiencia en Psicología), “es un concepto que ocupa las primeras posiciones en Psicología positiva, y es un valor en alza en los nuevos planteamientos y terapias psicológicas”.

A modo de ejemplo, recientemente y, sobre todo, como una actividad inherente de los estudiantes de doctorado de la Facultad de Ciencias de la Educación, un colectivo de doctorandas, organizaron un seminario/taller con el abordamiento del tema, actividad que fue muy valorada académicamente por los grados de dominios de sus responsables. Así igualmente, el concepto se ha venido divulgando con cierto grado de preeminencia por los diversos medios masivos de información y comunicación.

Puntualmente, por “resiliencia” y referidas desde uno de sus progenitores como Bowlby, J, en Osborn (1999), se puede definir como la capacidad de los seres humanos para superar periodos de dolor emocional y situaciones adversas, saliendo fortalecido de ellas. A nuestro entender, la referida conceptualización la asumimos como una visión de un nuevo camino esparciendo corrientes de una concepción de liderazgo, en donde si emergen dificultades surgen oportunidades para encarar nuevos proyectos más asertivos.   

Un estilo de administración resilientes para nuestra facultad y su comunidad en proyectos en el devenir, puede venir de la mano de dos (2) referencias conceptuales apropiadas. La primera, Según la Dra. Santos (2000), “Resiliencia es saber afrontar la adversidad de forma constructiva. Saber adaptarse con flexibilidad y salir fortalecido del suceso traumático”. En nuestra unidad académica, debemos asumir que todos somos personas con capacidad para superar y levantarnos a una experiencia frustrante o adversa, vgr. la padecida a lo largo de nueve (9) años y meses.

La resiliencia, en algunas de las reflexiones compartidas y vivenciadas con nuestro recordado Profesor Ernesto Botello, “es una condición de naturaleza obligada referida y asumida por todo buen gestor y administrador educativo proactivo o cuántico”, lo que supone la puesta en práctica en el uso decidido y la firmeza de la capacidad. Capacidad que logra realmente una condición de resiliencia. Realmente podemos colegir como respuesta de la asimilación y la acomodación del concepto de la resiliencia como bien se ha dicho por otros, “arte de rehacerse”, “rehacerse en relación con el otro”, ya que como decía Nietzsche en palabras de la Dra. Santos (2000), “Todo puede ser adquirido en soledad, excepto la salud mental”. Es decir, sacar lo positivo de cualquier situación, para no volver a tropezar por tercer periodo con la misma piedra toxica.

Nuestra segunda referencia conceptual para enmarcar una administración en un sistema de formador de formadores, es retomada de Anaut, M., (2019), “un ser humano resilientes social, será aquella que cuenta con competencias sociales adecuadas. La resiliencia universitaria, se expresa en las competencias adaptativas en el ámbito educativo y la resiliencia emocional corresponde a un cierto bienestar psicológico que se mantiene ante las perturbaciones o las situaciones estresantes que pueda darse en el diario convivir”.

Como se ha dejado en evidencias, ambas referencias recurridas, en función de la resiliencia, delimitan bien claro dos (2) grandes componentes frente a la destrucción en palabras de Vanistendael (1994), al indicar que “la capacidad de proteger la propia integridad, bajo presión y, por otra parte, más allá de la resistencia, la capacidad de forjar un comportamiento positivo pese a las circunstancias difíciles”.

La Facultad de Ciencias de la Educación, frente a evidentes circunstancias difíciles y traumáticas que han sido objeto de tratamiento en varias agendas de reuniones por parte del Consejo Académico, requiere y precisa un proyecto hacia el futuro caracterizado que supere ese dolor emocional, esa crisis de autoestima y esas situaciones adversas padecidas y evidenciadas por varios órganos de co-gobierno de nuestra universidad.

Ahora bien, al tener comprendido la resiliencia y asumirla como un estilo y forma de actitud mental, ¿Cómo hacerla aplicable a la mejora de nuestra facultad? Los expertos en primer lugar nos sugieren la idea que en su desarrollo en una organización como puede ser nuestra Facultad de Ciencias de la Educación, lo esencial es el autoconocimiento y el cultivo de ciertas actitudes. (No se puede estar dictando en un salón de clases ética hacia fuera del ser del propio docente, si el mismo es caníbal hacia dentro de su propio ser), esto nos refiere, grados de coherencia entre lo que digo y predico.  

Un diferenciado estilo de gestión y organización a la que se confronta en los actuales momentos, frente a una gestión y administración resilientes, se caracteriza por mostrar rasgos que apunten hacia un consabido autocontrol en las distintas situaciones que surjan, sin amenazar cuando se está reunido con el personal administrativo con exclamaciones de retar a los mismos para que graben si quieren lo que se diga en la reunión. Un liderazgo resilientes, asume mayor sentido de compromiso en las cuales las dificultades se asuman como retos en lugar de amenazas.

Una diferenciada manera de abordar una facultad de formador de formadores en el nivel superior, deber afrontar los problemas o las condiciones de incertidumbres como situaciones de crisis vistos como retos que surgen en la dinámica institucional y que nos deben llevar a sacar lo mejor de cada experiencia con las búsquedas de salidas o alternativas para actuar. Por lo regular estas maneras de enfrentar las situaciones desde una actitud resilientes, modifican tus estructuras mentales y al contar con una visión más ajustada, consecuentemente se es más asertivo.

Los recientes acuerdos dados en un órgano de co-gobierno de nuestra universidad, con medidas que afectan la buena imagen de nuestra unidad académica, no solo lo heredan los responsables de las sanciones acordadas y aprobadas, sino que, además, todos los que somos parte de esa unidad académica. Las medidas disciplinarias aprobadas por el Consejo Académico en reciente reunión, no sólo se les aplican a los infractores, sino que también se dan a lugar “daños colaterales” con las afectaciones a los miembros de la comunidad educativa correspondiente, posibilitando una cuestionada honorabilidad a la institucionalidad e imagen de la Facultad de Ciencias de la Educación, que, en todos sus años de existencia, no hay momentos históricos registrados que muestren tantas conductas irregulares de la máxima autoridad como lo que se viven actualmente.

Para concluir, nuestra propuesta hacia mejores días en atención a los momentos de crisis puede servir también para ver con claridad cuáles son las mejores opciones de un equipo de profesores, administrativos y estudiantes, para poner en acción habilidades de pensamientos basados en la resiliencias, en tiempos duros, caracterizados por una visión y misión con personas más flexibles y abiertas a los cambios en la vida, que toleran mejor la incertidumbre y que han demostrado interpretar las situaciones con capacidad para responder ante las mismas de una manera conciente en lugar de reaccionar ante ellas.

El autor es Catedrático de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Panamá.

 

 

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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