Zambo el Gallo Centenario
Eran las dos de la mañana y en la gallera La Cabima se escuchó: “Al Morocho voy cincuenta y otros contestaban… van cien compa”. Mientras que en la arena salpicada de sangre, se mantenía una expectativa de quedar limpio o limpiar y olía a sudor y alcoholes de varios días.
En esa última pelea las apuestas corrían y los cazadores tomaban el dinero a manos llenas, porque pelearía un paladín invicto de quince victorias, llamado Zambo. El cual era un gallo azabache con blanca cabellera, quien excitado por la bulla exhalaba su grandeza.
Su dueño que no se encontraba “del todo allí” esa noche era John Fredy. Él, esperaba con esto ganar un dinero para cumplir el sueño tardío de tener un primogénito. Y que a diferencia de otros compañeros del Darién ya a su edad, tenían unos racimos de Chombitos… Bueno, sabemos que la gente de esa tierra igual que su gallo, tenían coraje y eran gente costeña de vivaces ojos y de sinceras sonrisas blancas, que contrastaban con sus pieles oscuras.
¿Sería este niño de él?, pensaba, o quizás era un camarón; porque regularmente durante varios días, se mantenía de turno en los puestos en construcción que mantenía la compañía Delta Security, sin poder llegar a su caluroso cuarto alquilado donde moraba con Anabella su pareja, la que estaba preñada de ocho meses. Ella de continuo le reñía, ya que junto al cuarto había construido un gallinero del cual no salía.
Esa afición por los gallos había nacido en su tierra con un tío que lo crio desde niño, quien era reconocido en el pueblo por ser un gran gallero. Su tío lo había dejado de once años después que, en una noche acalorada de gallos tras una pelea por una decisión no clara, recibió una certera puñalada que le hizo perder mucha sangre. Sin embargo, le dio tiempo en su agonía para terminar de decirle su secreto del juego de gallos.
Un día don Jorge el dueño de la compañía de seguridad que era un colonense de profunda y analítica mirada, escuchó hablar de la hazaña de un nuevo guardia apodado por sus compañeros John Fredy el Gallero; el cual había recuperado un material hurtado y le ofreció darle una bonificación de cien dólares, con una felicitación por escrito. Pero él le contestó que se quedara con el papel y mejor le diera ciento cincuenta, porque sabía que el próximo sábado en la gallera, lo multiplicaría.
Se comentaba entre los compañeros que John Fredy tenía mucha suerte en esos juegos y que mantenía un gallo, el cual llevaría con un sobrino a La Cabima ese sábado. De hecho, para todos sería plata multiplicada y segura. Esto había causado que varios de ellos dijeran que no irían ese fin de semana a cubrir los puestos, noticia que llegó a oídos del supervisor Juan, quien debía asignar al personal para cubrir como fuera, todas las vacantes.
El sábado de fiestas patrias llegó y no había personal suficiente para relevar en los puestos, por lo que el supervisor Juan llamó a don Jorge y le informó. Además, le dijo que John Fredy manifestó que no iba a doblar turno y si no lo dejaban ir libre esa noche, renunciaría.
Esa tarde el sobrino al no llegar John Fredy, tomó el gallo Zambo y lo llevó para cumplir con el compromiso. Al verlo todos, sabían que era un gallo experimentado y ganador. Su hermoso y brilloso plumaje eran imponentes. Los guardias que faltaron a los puestos habían hecho un grupo en una esquina del local y algunos habían empeñado todo, para apostarle a ganador.
Al llegar don Jorge para ver quiénes estaban en la gallera, ellos quisieron salir huyendo por la puerta de atrás, pero ya descubiertos, qué les quedaba; sino ver la última y esperada pelea para la cual ya habían apostado sus dineros. Después, arreglarían eso en la oficina, pensaron. Y Aunque al principio don Jorge se veía muy molesto, no perdió la oportunidad de apostar todo lo que tenía.
Al comenzar la pelea estelar Zambo, mi yo y gallardo gallo, comencé a verlo en mi mente desde el proyecto en construcción. Esa noche él y yo manteníamos un gran secreto de vida, me erguía con hidalguía y él también. ¡Era imponente!, abría mis manos y él sus alas, que ocultaban sus afiladas y punzantes espuelas atadas a sus patas…
Pero lo que no vi venir fue a ese indigente, que entró sigilosamente esa madrugada al proyecto y golpeándome en la cabeza por detrás, caí y Zambo mi gallo también cayó; sangrábamos los dos mientras todos gritaban: ¡Zambo párate; párate Zambo!, todo Delta Security está aquí contigo. Y tendidos ambos en un gran charco de sangre escuché el silbo del tío quien me llamaba y comencé a recordarlo en su final desangrándose, cuando me decía: “Sobri lo que has visto no lo hagas, no le pongas por nombre Zambo a ningún gallo, ni le des de beber tu propia sangre; porque se ligarán los dos en un final flagrante”.
Cuando con cabeza flácida recogieron a mi gallo de la excitada arena esa madrugada, llegó un mensaje a don Jorge diciendo: “Jefe, un maleante entró al proyecto y golpeó a John Fredy quien fue recogido agonizante, en un enorme charco de sangre”.
El autor es Alférez egresado de la Escuela de Oficiales de la Benemérita Guardia Civil del Perú.


