Mensaje sobre el 9 de enero 1964
Han transcurrido cincuenta y siete años desde aquel 9 de enero de 1964 que marcó para siempre, no sólo nuestras vidas, sino también la conciencia y el devenir nacional.
Fue necesario que se derramara la sangre para que el Estado tomara medidas que antepusieran nuestra SoberanÃa y nuestra Dignidad.
Quiero hacer un llamado a los jóvenes estudiantes panameños, para que estos hechos no sean olvidados e invitarlos a que sean protagonistas de su propia historia, que sean una generación de ciudadanos proactivos, Ãntegros, con principios y valores; forjados con conciencia crÃtica y representen una luz de esperanza para nuestra nación.  Legamos, a sus juveniles manos, las conquistas de un pueblo que creyó que es posible un mundo mejor.
No nos resignemos a pensar que Panamá es un paÃs de inequidad, no nos quedemos en los discursos recurrentes y panfletarios. Los invitamos, jóvenes de esta nación, a que no se piensen a si mismos como habitantes de un paÃs en vÃas de desarrollo; un paÃs que asume la injusticia, la desfachatez y el despilfarro como una condición heredada y condenatoria.
 Sientan bullir en sus venas la sangre de nuestros mártires; conviértanse en los legÃtimos herederos de aquellos que supieron que la Patria se construye con dignidad y valentÃa.
Cuando ocurrieron los hechos del 9 de enero, yo era estudiante en la escuela primaria de Chupá de Macaracas. Por mi corta edad no pude comprender a cabalidad la gravedad y el alcance de unos acontecimientos que marcarÃan para siempre el rumbo de nuestra historia.
Los dolorosos sucesos acaecidos en la fecha precitada fueron diseñando el camino que después transitamos y que culminó con la firma de los Tratados Torrijos-Carter en 1977. Este hecho memorable hizo posible que se eliminara la jurisdicción extranjera de nuestro territorio y por tanto se devolviera la soberanÃa a nuestro pueblo.
Hoy nos encontramos de nuevo en la hora precisa para rescatar a nuestra patria de aquellos distraÃdos que la profanan. Sean la juventud que Panamá reclama.
Por generaciones, la Universidad de Panamá, se ha destacado por su participación y lucha contra las injusticias, constituyéndose en el pulso del sentir de esta nación.
Recuperemos el camino del bien, del honor, del deber. Seamos ejemplo para nosotros mismos y para nuestros semejantes. Volvamos a transitar las sendas que nos conducen hacia la luz.
No olvidemos a nuestros mártires, ellos nos recuerdan el recto sendero. Recuperemos el valor de la universidad como garante de una sociedad que camina hacia la superación de la desigualdad, convencidos de que educar no es un camino, es el camino.
El autor es director y docente del CRU de Veraguas
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