¿Debe evaluarse el uso racional y controlado de parques y playas, para preservar la salud fÃsica y mental de los ciudadanos? Alejandro Román
Estas reflexiones surgen ante el cuestionamiento de panameños a la medida que prohÃbe, de forma absoluta, el uso de parques públicos y playas durante prolongados perÃodos de tiempo. Dado los altos números de casos nuevos de contagio y fallecidos, asà como a la cultura que promueve el poco respeto a la ley, que premia él juega vivo y que tiene una especial tolerancia e impunidad hacia la corrupción, puede que muchos estimen que en estos momentos resulte inapropiado compartir reflexiones al respecto. Sin embargo, son temas que el tratar de ignorarlo, no significa que no esté en la mente de muchos y que requieren respuestas.
Innumerables artÃculos se han publicado referentes al virus y a la mejor forma para enfrentarlo. Existe coincidencia en la necesidad de potenciar nuestro sistema inmunológico, para lo cual muchos sugieren alcalinizar nuestros cuerpos y cuidar nuestra alimentación. Aseguran que es vital mantener un estado anÃmico y mental saludable.
Muchos son los que coinciden en la necesidad de hacer ejercicio y tomar algo de sol; de preferir espacios abiertos a los cerrados; del beneficio del agua de mar, los cÃtricos, el jengibre, el limón y el aire libre y fresco.
Para los detractores de la prohibición absoluta, dichas recomendaciones y la afectación al ejercicio de ciertas libertades fundamentales, son razones para que las autoridades evalúen con fundamento cientÃfico, la conveniencia o no de prohibir de forma absoluta y por perÃodos prolongados el uso de parques y playas. Consideran que son recursos que utilizados racionalmente y con estricto control podrÃan resultar más beneficiosos que perjudiciales.
PodrÃan sugerir, que, asà como se establecen controles por género, número de cédula y número de placas vehicular para que miles de panameños produzcan y compartan lugares cerrados (oficinas, supermercados, buses, aeropuerto, etc.). Asà como se permitió y toleró recientemente el acceso de miles de panameños en centros comerciales para dinamizar la economÃa.
PodrÃa entonces interrogarse sobre la conveniencia de establecer mecanismos de controles similares o diferentes para utilizar dichos lugares abiertos, a fin de salvaguardar la salud mental y la alcalinidad del cuerpo.
Quizás el mayor obstáculo de esta posibilidad no radique en sus bondades o males para ayudar a enfrentar la epidemia, sino más bien en las dificultades para aplicar los estrictos controles, debido a la capacidad del Estado para hacerlos cumplir, ante una conducta social que poco respeta la ley, que premia él juega vivo y que tiene un alto grado de tolerancia e impunidad hacia la corrupción.
Quizás para los opositores de la prohibición absoluta resulte apropiado, preguntarse sobre la viabilidad del uso racional y controlado de esos lugares, involucrando activamente a las autoridades locales en la planificación y ejecución de los posibles controles. Examinar la factibilidad de permitir la movilidad controlada de la burbuja familiar a estos sitios abiertos, mediante salvoconductos administrados objetiva y rigurosamente.
Tengamos presente que tenemos meses de estar viviendo esta tragedia y quien sabe cuánto más tenemos que seguir haciéndolo. Lo cierto es que el intento serio en esta dirección podrÃa, quizás, resultar positivo, siempre que se aplique de forma imparcial y rigurosamente, con certeza del castigo para los que ignoren las reglas, sin importar ningún tipo de distinción o afiliación.
El autor es abogado y Docente Universitario


