Aquel Mi Unicornio
La inocencia es una capacidad que te permite ir a un mundo desconocido por todos. Dejándote ver ostras enamoradas que lloran, arcoÃris que se comportan como cometas fugaces estrellados con cada uno de tus colores favoritos. Y los mágicos unicornios que están en medio de ti, que solo pueden ser apreciados por otros como vulgares caballos. Mas sà te abres al encanto de verlos, te buscarán hasta encontrarte.
—Mamá, por favor sabes que no quiero mudarme a ChiriquÃ; aquà me siento bien.
La madre repasa en su mente los últimos meses en donde a duras penas, ha logrado que ella salga de su cuarto, y le dice:
 —Es mejor que yo acepte el nuevo lugar de trabajo, porque sé que te hará bien.
Ese dÃa, cuando ya la casa estaba totalmente vacÃa, pidió ir a su habitación por última vez. Allà con lágrimas la niña se despedÃa de su amiga secreta, rogándole que por favor se fueran juntas, pero ésta le contestó:
—Yo vivo aquà y no podré nunca salir de éste mi mundo. Sin embargo, si lo deseas con todas tus fuerzas, podrás allá quizás encontrar un nuevo amigo.
Al llegar a la finca La Primavera, ubicada cerca del aeropuerto se alojó en su nueva casa, la cual era de dos pisos, llena de árboles de marañones y mangos y se asomó desde el balcón divisando a lo lejos, un viejo caballo azabache con una gran cabellera. Y al mirarlo, éste se fue acercando y entusiasta le dijo a su madre, ¿puedo bajar a conocer el lugar? Ella se extrañó por el repentino cambio, y accedió.
Bajó y junto a la cerca de viejos retazos de tablones, estaba el imponente animal esperándola. Al acercarse, un peón de la finca vecina le dijo:
—Niña tenga cuidado, Unicornio no acepta a nadie cerca. Ella mirándolo fijamente, se aproximó lentamente y él permitió ser tocado en su cuello lo que asombró al peón, porque el viejo caballo, no se habÃa dejado nunca montar y no permitÃa que se le acercaran.
Ella le preguntó:
—Señor, ¿cómo dijo que se llama?
Él respondió:
 —Unicornio por su blanco lunar en la frente, que contrasta con su piel azabache.
A partir de ese momento comenzó una relación entre ambos, como sà desde siempre se hubieran conocido. Porque el equino al verla bajar, enseguida se acercaba y pasaban largos ratos en una comunicación de miradas, desconocida por todos.
Un dÃa sintió que el azabache animal, pedÃa que acariciara su blanco lunar, y ella al intentar pasar su mano sobre la frente, sintió una gran protuberancia invisible que se lo impedÃa. Extrañada lo miró y el caballo también a ella, como diciendo: ¡No lo creÃas verdad!
Recordó a su amiga secreta del cuarto en Panamá y sonreÃda, escribió un poema pensando ahora en su nuevo amigo:
Unicornio que vuelas en mis sueños,
Como arcoÃris que contemplo dentro de ti.
No pierdas la magia que te he dado,
no rompas las cuerdas alejándote de mÃ.
Al pasar los dÃas, el peón le comentó al dueño de la finca la extraña amistad del caballo, lo que no le agradó. Dándole la orden de mantenerlo amarrado en la parte de atrás, lo más lejos posible de la niña, aunque ella desde el balcón lo buscaba con su mirada.
Al saber la madre de la reacción de los vecinos, fue a un remate y compró una yegua para su hija, con la cual la niña se encariñó también. No obstante, su amor quedó reservado para el viejo Unicornio.
Un dÃa el peón le dijo que el dueño habÃa ordenado que se llevaran el fin de semana al caballo para otra finca, que mantenÃan en Potrerillos. Asà que lo iba a soltar esos dÃas faltantes, para que pudieran despedirse.
La madrugada antes de ser trasladado, el animal saltó la cerca y montó a la yegua. Y al tratar de llevárselo en la mañana, pateó el remolque y se lastimó la pata. Por lo cual la niña comenzó a llorar inconsolablemente diciendo:
—No le hagan eso, no saben que no se deja guiar porque es realmente un unicor… (entendiendo lo que iba a decir), tapó su boca; y mirándose ambos mientras se lo llevaban, lloró desconsoladamente por semanas.
A los dÃas el peón le confesó de tanto que le preguntaba, que Unicornio habÃa sido sacrificado por su incapacidad de caminar. Y le dijo, que acostándose cuando llegó, no hizo esfuerzo de pararse. Para todos, era la pata que se la habÃa hinchado, pero ella sabÃa que era por extrañarla.
Desconsolada por algún tiempo, su ánimo volvió a las pocas semanas cuando se dio cuenta que la yegua estaba preñada, Por lo cual pidió a todos que no la montaran, sin embargo, un dÃa al fugarse, fue corrida a pelo, por algunos muchachos de otra de las fincas.
Ella entendió las consecuencias de lo que esto traerÃa.
Al nacer el potrillo, era igual a su añorado Unicornio, mas no podÃa lograr pararse. Y extenuado en el intento, quedó recostado sobre sus blancas faldas. Ella al tratar de tocar su blanco lunar sintió un fuerte y repentino dolor que bajaba de sus entrañas y tuvo por primera vez su menstruación, convirtiéndose de niña a señorita.
El potrillo mirándola tristemente con su cabeza recostada entre sus piernas, olió la sangre que trascendÃa su cuerpo y exhaló su magia durmiendo sin despertar.
Ella ahora desde su balcón, con nuevos atuendos y sin sus hermosas dos trenzas tejidas. Sabe que la puerta a los sueños de niña, con ostras enamoradas, arcoÃris y azabaches unicornios, no volverán.
Fin.
 El autor es Alférez egresado de la Escuela de Oficiales de la Benemérita Guardia Civil del Perú.


