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Aquel Mi Unicornio

Por: Luis TThurbers | Publicado el: 27 diciembre 2020



La inocencia es una capacidad que te permite ir a un mundo desconocido por todos. Dejándote ver ostras enamoradas que lloran, arcoíris que se comportan como cometas fugaces estrellados con cada uno de tus colores favoritos. Y los mágicos unicornios que están en medio de ti, que solo pueden ser apreciados por otros como vulgares caballos. Mas sí te abres al encanto de verlos, te buscarán hasta encontrarte.

—Mamá, por favor sabes que no quiero mudarme a Chiriquí; aquí me siento bien.

La madre repasa en su mente los últimos meses en donde a duras penas, ha logrado que ella salga de su cuarto, y le dice:

 —Es mejor que yo acepte el nuevo lugar de trabajo, porque sé que te hará bien.

Ese día, cuando ya la casa estaba totalmente vacía, pidió ir a su habitación por última vez. Allí con lágrimas la niña se despedía de su amiga secreta, rogándole que por favor se fueran juntas, pero ésta le contestó:

—Yo vivo aquí y no podré nunca salir de éste mi mundo. Sin embargo, si lo deseas con todas tus fuerzas, podrás allá quizás encontrar un nuevo amigo.

Al llegar a la finca La Primavera, ubicada cerca del aeropuerto se alojó en su nueva casa, la cual era de dos pisos, llena de árboles de marañones y mangos y se asomó desde el balcón divisando a lo lejos, un viejo caballo azabache con una gran cabellera. Y al mirarlo, éste se fue acercando y entusiasta le dijo a su madre, ¿puedo bajar a conocer el lugar? Ella se extrañó por el repentino cambio, y accedió.

Bajó y junto a la cerca de viejos retazos de tablones, estaba el imponente animal esperándola. Al acercarse, un peón de la finca vecina le dijo:

—Niña tenga cuidado, Unicornio no acepta a nadie cerca. Ella mirándolo fijamente, se aproximó lentamente y él permitió ser tocado en su cuello lo que asombró al peón, porque el viejo caballo, no se había dejado nunca montar y no permitía que se le acercaran.

Ella le preguntó:

—Señor, ¿cómo dijo que se llama?

Él respondió:

 —Unicornio por su blanco lunar en la frente, que contrasta con su piel azabache.

A partir de ese momento comenzó una relación entre ambos, como sí desde siempre se hubieran conocido. Porque el equino al verla bajar, enseguida se acercaba y pasaban largos ratos en una comunicación de miradas, desconocida por todos.

Un día sintió que el azabache animal, pedía que acariciara su blanco lunar, y ella al intentar pasar su mano sobre la frente, sintió una gran protuberancia invisible que se lo impedía. Extrañada lo miró y el caballo también a ella, como diciendo: ¡No lo creías verdad!

Recordó a su amiga secreta del cuarto en Panamá y sonreída, escribió un poema pensando ahora en su nuevo amigo:

Unicornio que vuelas en mis sueños,

Como arcoíris que contemplo dentro de ti.

No pierdas la magia que te he dado,

no rompas las cuerdas alejándote de mí.

Al pasar los días, el peón le comentó al dueño de la finca la extraña amistad del caballo, lo que no le agradó. Dándole la orden de mantenerlo amarrado en la parte de atrás, lo más lejos posible de la niña, aunque ella desde el balcón lo buscaba con su mirada.

Al saber la madre de la reacción de los vecinos, fue a un remate y compró una yegua para su hija, con la cual la niña se encariñó también. No obstante, su amor quedó reservado para el viejo Unicornio.

Un día el peón le dijo que el dueño había ordenado que se llevaran el fin de semana al caballo para otra finca, que mantenían en Potrerillos. Así que lo iba a soltar esos días faltantes, para que pudieran despedirse.

La madrugada antes de ser trasladado, el animal saltó la cerca y montó a la yegua. Y al tratar de llevárselo en la mañana, pateó el remolque y se lastimó la pata. Por lo cual la niña comenzó a llorar inconsolablemente diciendo:

—No le hagan eso, no saben que no se deja guiar porque es realmente un unicor…  (entendiendo lo que iba a decir), tapó su boca; y mirándose ambos mientras se lo llevaban, lloró desconsoladamente por semanas.

A los días el peón le confesó de tanto que le preguntaba, que Unicornio había sido sacrificado por su incapacidad de caminar. Y le dijo, que acostándose cuando llegó, no hizo esfuerzo de pararse. Para todos, era la pata que se la había hinchado, pero ella sabía que era por extrañarla.

Desconsolada por algún tiempo, su ánimo volvió a las pocas semanas cuando se dio cuenta que la yegua estaba preñada, Por lo cual pidió a todos que no la montaran, sin embargo, un día al fugarse, fue corrida a pelo, por algunos muchachos de otra de las fincas.

Ella entendió las consecuencias de lo que esto traería.

Al nacer el potrillo, era igual a su añorado Unicornio, mas no podía lograr pararse. Y extenuado en el intento, quedó recostado sobre sus blancas faldas. Ella al tratar de tocar su blanco lunar sintió un fuerte y repentino dolor que bajaba de sus entrañas y tuvo por primera vez su menstruación, convirtiéndose de niña a señorita.

El potrillo mirándola tristemente con su cabeza recostada entre sus piernas, olió la sangre que trascendía su cuerpo y exhaló su magia durmiendo sin despertar.

Ella ahora desde su balcón, con nuevos atuendos y sin sus hermosas dos trenzas tejidas. Sabe que la puerta a los sueños de niña, con ostras enamoradas, arcoíris y azabaches unicornios, no volverán.

Fin.

 El autor es Alférez egresado de la Escuela de Oficiales de la Benemérita Guardia Civil del Perú.

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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