"2026: Año del fortalecimiento de la autonomía universitaria, mediante la elección democrática de sus autoridades"


La Danza de los Tulipanes

Por: Luis Thurber luisthurbers@gmail.com | Publicado el: 09 diciembre 2020



 “Una lágrima al desamor,

Miraba la verde hoja, a la fucsia flor de tulipán.

Él tosco, común y verde, 

ella cerrada, hermosa y fresca.

Quizás antes que abra, podré alcanzarla...”

Era Juan Montesco, sus pensamientos se entrelazan con el suave sonido del bajar del agua en el río Chiriquí Viejo. En su mano lleva una caña de bambú improvisada, con una cuerda con plomada sin anzuelo amarrada. Ya que no soportaría ver a una hermosa trucha aterciopelada, dolida por tomar lo prohibido y quedar de muerte atrapada. Solo pretende que el cordel de su caña siga la dirección de la corriente de un camino río abajo que aún, no era el suyo. 

Y así enfrentaba el aislamiento y la crítica de su pueblo, compuesto en su mayoría por indígenas Ngäbe Buglé, en aquel frio caserío de Nueva Suiza. Lugar pasible repleto de nacimientos de pequeños ojos de aguas, que forman riachuelos cuesta abajo, uniéndose al caudaloso como la vida, río montañero. 

¡Ése joven Ngäbe se niega a trabajar, a pesar de tener ya edad!, comentan al verlo.

Algunos creen que se golpeó la cabeza cuando trató de salvar a la señorita María, única hija de don Mateo Capuleto, hacendado magnate del tulipán chiricano. 

Ahora don Mateo le da la comida y una cama gratis, apadrinando sus locuras. Y afanado está el joven de bajar todos los días a la gran piedra del medio del torrente, como esperando verla pasar.

Dicen que allí, lo han visto llorar cuando cortan los tulipanes para mandarlos a Panamá, tirando algunos de estos a la orilla por estar ya abiertos y pasados de cosecha.

Él, al verlos girar con sus resaltantes colores rosados que luchan contra la corriente, estrellándolos y arrastrándolos, creyendo que es su María, María...

Ella giraba con su fucsia vestido ese trágico día, cuando el cable del puente colgante se rompió y al caer; golpeándose se perdió en un sueño entre gritos de señorita María no se aleje sin mi amor. Mientras nadaba él, tratando de salvarla, quedó exhausto sobre la gran roca en el medio del río, donde a partir de ese día siempre está con esa pérdida mirada y su caña de pescar. Y al ver pasar la triste danza de tulipanes desechados, salta de la piedra sin cautela y recogiéndolos a todos los lleva, a la blanca lápida de ella, como perpetua devoción.

Hoy es una mañana triste, comentan algunos:

—¿Quién derramará una lágrima por aquellos empapados tulipanes?

—¿Quién se aferrará a ellos cuesta abajo, para salvarlos del olvido?

El padre de María ordenó a sus peones enterrar el cuerpo envuelto en una blanca sábana, de aquel temerario muchacho encontrado días después soplado en la orilla, diciéndoles:

—Colóquenlo con cuidado, transversal a los pies de la tumba de mi hija.

—Ya que continuamente trató en sus desvaríos de salvarla cada día, confundiéndola con la flor de tulipán. Incluso en ocasiones al tirarse al frio río, se escuchó gritar su nombre, ¡María, María! El padre piensa para sí, no creo que nadie la haya amado tanto como aquel. 

Años después, todas las tardes al bajar la temperatura se torna el cielo de un oscuro gris cayendo el abundante bajareque. Y se aprecia triste al anciano llamado antes “don” y “magnate”, ahora cortar ya sin peones, los más hermosos de los restantes tulipanes para su hija. Y como queriendo que nadie lo note, ceremonialmente coloca la flor para ella y arranca las hojas verdes, ubicándolas cuidadosamente en la tumba del peón Juan, el indígena enajenado. Quizás como recordando aquellas líneas de un fragmento de poesía que encontró bajo las almohadas manchadas de amarillas lágrimas, tanto de ella como del indio Juan, la cual fue la única posesión hallada de aquel protector muchacho, que decía:

“Una lágrima al desamor,

Miraba la verde hoja, a la fucsia flor de tulipán.

Él tosco, común y verde, 

ella cerrada, hermosa y fresca.

Quizás antes que abra, podré alcanzarla...”

Ahora el anciano junto a las tumbas sentado observa los tulipanes desechados, danzar solos, tristes y sin rescate río abajo.

 El autor es Alférez egresado de la Escuela de Oficiales de la Benemérita Guardia Civil del Perú

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

Buscador

Ingresa y escucha nuestros PODCAST



Click y Descarga Logo Oficial