El Rol del Docente Frente a la Aplicación del Enfoque Basado en Competencia a Nivel Superior
El contexto descrito anteriormente se concreta en que nuestras universidades están siendo presionadas a estar innovando continuamente; todavía no se termina de consolidar la adopción de un nuevo modelo curricular cuando ya se tiene que aplicar el siguiente. En esas circunstancias es difícil disponer de un modelo educativo coherente que integre en su conjunto la visión institucional y no sean sólo partes de un todo muchas veces incongruentes entre sí. Más preocupantes es cuando los docentes no comprenden el modelo, siendo como son los principales actores que deberán aplicarlo. El resultado educativo de lo antes expuesto es que a pesar de que en el discurso institucional las universidades están cambiando, en la práctica esto no ocurre: en la enseñanza cotidiana es raro ver esas modificaciones y siguen prevaleciendo las formas tradicionales de enseñar y evaluar. Así, las reformas educativas difícilmente se materializarán si no se le da una atención especial a la formación y al cambio de las concepciones pedagógicas del maestro, dado que son ellos quienes determinan el éxito o fracaso de cualquier innovación educativa.
Los cambios en la docencia superior no se circunscriben únicamente a la actualización de determinada técnica superior didáctica o al uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC); implican confrontar las creencias que subyacen a la práctica docente, donde son sinónimos enseñar y exponer, para ayudar a los profesores a aceptar nuevos riesgos, abrirse a otras visiones de la enseñanza, hacer cosas que no hacían antes, volver a ser aprendices y mostrarse dispuestos a vivir nuevas experiencias educativas.
Las instituciones de Educación superior requieren hoy día un personal académico altamente competente para el desempeño de sus funciones de docencia, investigación y extensión, capaces de responder a los retos que plantea el ámbito educativo y social.
Hasta hace un tiempo se pensaba, que lo más importante era la profesionalización del docente, su enseñanza, lo que ellos decían, hacían y pensaban. Hoy día, el docente debe romper con esa idea salir de ese error y admitir que los más importante es el aprender de los alumnos, lo que estos descubren, lo que hacen, piensan, dicen, proyectan y organizan, con la ayuda, orientación i mediación el docente.
De hecho, una nueva concepción más amplia de la educación debería llevar a cada persona a descubrir, despertar e incrementar sus posibilidades creativas. Actualizando así el tesoro escondido en cada uno, la realización de la persona; que toda ella aprenda a ser, conocer, hacer y convivir (Delors, 1996). Por lo tanto, el docente es la pieza clave de todo el sistema educativo.
El docente debe ser un mediador, por lo tanto se le exige actitudes de empatía, de permanente interacción, de valorización de todos los aspectos inherentes a su praxis docente y de la acciones humanas.
En este sentido, se encuentran distintos repertorios de cualidades indispensables para el docente:
- Competencias pedagógicas
- Madurez y estabilidad emocional
- Conocimiento de las materias administradas
- Comprensión de los procesos de aprendizaje
- Preocupación y respeto hacia el personal
- Capacidad de adaptación al equipo docente
- Toma de conciencia de la institución y su marco social
- Espíritu abierto dinámico
El docente de educación superior debe ser consiente que la mejor vía para generar un clima de confianza y respeto en el aula de clase depende en gran parte de su teoría de acción y la característica que esta despliega.
Ante todo, lo expuesto cabe preguntarnos: ¿EN QUÉ DEBE SER EXPERTO EL PROFESOR UNIVERSITARIO?
Explícitamente se considera que para poder ser docente universitario se requiere fundamentalmente de los siguiente:
- Dominio amplio y especializado de la disciplina que enseña: está relacionado con saber manejar los hechos, conceptos y principios de la misma. Abarca también la utilización de las mejores formas para organizar y conectar las ideas, así como de la propia manera de concebir la disciplina. Este dominio disciplinar fue destacado como importante por Hernández (1995). Sin embargo, es considerada como una condición indispensable para ser buen docente, pero no suficiente (Nathan y Petrosino, 2003).
- Dominio pedagógico general: permitir aplicar los principios generales de la enseñanza para poder organizar y dar bien la clase; incluye la capacidad para utilizar pertinentemente distintas estrategias y herramientas didácticas. Entre ellas están las necesarias para el manejo de la clase y para crear una atmósfera adecuada para el aprendizaje. Se trata de un dominio amplio que trasciende lo específico a una materia o tema (Shoenfeld, 1998).
- Dominio pedagógico específico del contenido: permite aplicar las estrategias concretas para enseñar un típico concreto, lo que ahora se denomina “la didáctica de la disciplina”. Tiene que ver con la manera de organizar, presentar y manejar los contenidos, los temas y problemas de la materia considerando las necesidades e intereses del aprendiz, así como la propia epistemología de la disciplina y de lo que se espera realice un profesional de esta. Al hacerlo, el docente podrá presentar adecuadamente el material siguiendo los lineamientos pedagógicos con la finalidad de hacerlo comprensible a los alumnos (Schoenfeld, 1998) .Ambos dominios pedagógicos y el específicos, pueden influir positivamente en una mejor comprensión del conocimiento disciplinar (Nathan y Petrosino, 2003). El dominio pedagógico o “saber enseñar”, es una de las carencias principales de los docentes universitarios y la que menos atención recibe.
- Dominio curricular: es la capacidad para diseñar programas de estudio donde se expliquen el conjunto de acciones que realizará para adecuar se enseñanza a las características de los alumnos, considerando el tipo de contenidos y las metas el programa. Incluye la selección y empleo de los materiales didácticos pertinente, libro de texto, videos, utilización de las TIC, entre otros.
- Claridad acerca de las finalidades educativas: no sólo incluye los propósitos concretos de su materia, sino de los fines últimos de todo el acto educativo. Abarca metas sobre todo de tipo actitudinal y de transformaciones personales; es decir, preguntarse si lo que está enseñando repercutirá positivamente en la vida de los estudiantes y de la utilidad social de lo aprendido.
- Ubicarse en el contexto o situación donde enseña: la enseñanza es una actividad altamente contextual; este dominio se refiere a lo apropiado o inapropiado del comportamiento docente, por ejemplo, son muy diferentes las reglas y el “ambiente” si la institución donde se enseña es pública o privada, tradicional o liberal, con muchos años de existir o de nueva creación, y difieren incluso dependiendo del lugar donde se localiza. Lo anterior implica que el maestro debe estar muy consciente de “las reglas del juego”, explícitas o implícitas, que rigen en la institución donde enseña. Mucho de lo pertinente o inapropiado del comportamiento docente estará en función del contexto donde ocurre, o de la “cultura escolar”, y para el caso concreto de la educación superior. Es imprescindible considerar la denominada “cultura disciplinaria”, que comprende los rasgo, modos de actuar y de ser de cada disciplina, los comportamientos que favorece, aprecian o castigan y que la hace distinta a otra.
- Conocimiento de los alumnos y de los procesos de aprendizaje: Necesita dominar las diferencias teorías psicopedagógicas que explican el aprendizaje y la motivación. Así mismo, estar consciente acerca de las diversas característica físicas, sociales y psicológicas de sus alumnos; es decir requiere conocer quién es el aprendiz y cómo ocurre el proceso de aprendizaje. A partir de este conocimiento, podrá promover en sus estudiantes la compresión más que la recepción pasiva de saberes, ayudarlos a autorregular su aprendizaje, motivarlos explicitando los beneficios que obtendrán si adquieren lo enseñado, corregir sus realizaciones, enseñarles a trabajar cooperativamente, a ser críticos, a automatizarse y a empatizar. Requiere la capacidad, por parte del docente, de identificar las diferentes clases de ideas previas y preconcepciones que por lo regular tienen los estudiantes, y entonces encaminar su enseñanza a transformarlas.
- Un rasgo personal del buen docente, y no menos importante, es un adecuado conocimiento de sí mismo, entendiendo por esto la capacidad de tener plena conciencia acerca de cuáles son sus valores personales, el reconocimiento de sus fortalezas y debilidades como docente y persona, para tener claridad sobre sus metas educacionales y utilizar su enseñanza como medio para alcanzar tales propósitos. Implica tener un adecuado equilibrio emocional, saber manejar pertinentemente las habilidades interpersonales para promover relaciones adecuadas con los estudiantes, que es un rasgo importante de una buena docencia en nuestro medio educativo.
- Otra cualidad clave que se ha identificado es la importancia de que el maestro se sienta auto-eficaz, entendiendo por esto, en la creencia de las propias capacidades personales para organizar y ejecutar un curso de acción para conseguir un logro dado.
Continuación de la parte tres
El contexto descrito anteriormente se concreta en que nuestras universidades están siendo presionadas a estar innovando continuamente; todavía no se termina de consolidar la adopción de un nuevo modelo curricular cuando ya se tiene que aplicar el siguiente. En esas circunstancias es difícil disponer de un modelo educativo coherente que integre en su conjunto la visión institucional y no sean sólo partes de un todo muchas veces incongruentes entre sí. Más preocupantes es cuando los docentes no comprenden el modelo, siendo como son los principales actores que deberán aplicarlo. El resultado educativo de lo antes expuesto es que a pesar de que en el discurso institucional las universidades están cambiando, en la práctica esto no ocurre: en la enseñanza cotidiana es raro ver esas modificaciones y siguen prevaleciendo las formas tradicionales de enseñar y evaluar. Así, las reformas educativas difícilmente se materializarán si no se le da una atención especial a la formación y al cambio de las concepciones pedagógicas del maestro, dado que son ellos quienes determinan el éxito o fracaso de cualquier innovación educativa.
El autor es Doctor de la Facultad de Ciencias de la Educación


