El Emberá y los Astronautas
Al celebrarse los 51 años de la extraordinaria hazaña, desde el punto de vista humanístico y tecnológico, de la llegada del hombre a la Luna, vale rescatar uno de los aportes anecdóticos interesante de la carrera espacial estadounidense, cuando el comandante de ésta misión, Neil Armstrong, fue entrenado en sobrevivencia en la selva, por miembros de la etnia emberá, en Panamá.
Las razones eran que, con la tecnología de aquella época, que no eran los transbordadores espaciales de hoy, utilizaban cohetes propulsados para sus misiones al espacio exterior, los cuales en su punta existía una cápsula en la que viajaban los astronautas. Luego que el cohete se dividiera en varias secciones durante su trayectoria, la cápsula retornaba a la tierra en caída libre, la cual era amortizada por medio de paracaídas.
Las cápsulas estaban diseñadas y su trayectoria proyectada para caer en el océano, por lo que los astronautas practicaban el abandono de estas en piscinas adaptadas, para dicho propósito. Pero los ingenieros de la NASA se preguntaban ¿qué pasaría si la cápsula caía en la selva? Para atender esta interrogante, se estableció un programa de entrenamiento que trajo a los astronautas a Panamá.
Por eso, el comandante de la futura misión del Apolo 11, Neil Armstrong, junto a los astronautas de otras misiones como: John Herschel Glenn Jr., Leroy Gordon Cooper y Pete Conrad, estuvieron en Panamá, el 11 de marzo de 1963, para realizar un entrenamiento de cuatro días, en las riberas del río Chagres.
Los emberá, que literalmente significan “la gente del maíz”, tuvo en su cacique Manuel Antonio Zarco, su representante más prominente para la misión: lograr que los astronautas fueran capaces de sobrevivir en un medio hostil en el supuesto de que, a su regreso, la nave cayera en zona selvática y no en el Pacífico, tal como estaba previsto.
Como pocos, Zarco era muy hábil con el arco y la flecha. Llegó a convertirse en un jaibaná, una especie de médico o guía espiritual para los emberá. Aprendió los secretos de la caza, la pesca y las mil formas de comunicarse con la naturaleza. Conocía en detalle el poder de las plantas y los árboles de bosques de esa zona.
Llegó a la escuela de Supervivencia, en la antigua Zona del Canal, gracias al antropólogo Morgan Smith, quien era el director de ese centro que preparaba a quienes querían adentrarse en la selva. Gracias a él y a sus enseñanzas, muchos soldados americanos salvaron sus vidas en las selvas de Vietnam. Por eso y por mucho más, se hizo merecedor de la Medalla por Servicio Público Distinguido, el más alto honor civil que concede el Departamento de Defensa de los EEUU.
Según las tradiciones de su pueblo, cuando un emberá muere su espíritu va a la Luna. De seguro, Manuel Antonio Zarco, viajó dos veces a la Luna, en aquella ocasión que los astronautas llegaron a la Luna y luego en el 2010, cuando su cuerpo optó por no estar más en la Tierra.
El autor es Estudiante de Periodismo


