“El Hombre es Bueno por Naturaleza” ROUSSEAU
Mientras que el filósofo inglés Thomas Hobbes of Malmesbury (1588-1679), pensaba que el hombre era malo por naturaleza, el primero y más influyente de todos los intelectuales modernos, Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), en una de sus dos frases más célebres, establece que “el hombre es por naturaleza bueno, pero la sociedad lo corrompe después”; así lo resume en una carta al prelado Christophe de Beaumont, escrita en noviembre de 1762.
Este ilustre pensador ginebrés, quien, junto con Voltaire, habían comenzado a demoler los altares para entronizar la razón. falleció en Ermenonville, Reino de Francia, un día como hoy, pero hace 242 años, producto de un paro cardiorespiratorio.
Rousseau, quien creía tener un amor especial por la humanidad, y estaba convencido que había sido investido de dones y percepciones sin precedentes para aumentar la felicidad de ella, murió una década antes de la Revolución Francesa de 1789. Aunque muchos estudiosos lo consideran responsable de ella. Por ejemplo, el propio Maximilien Robespierre, expresó: “Rousseau es el único hombre que, por la elevación de su alma y la grandeza de su carácter, se mostró digno del papel de maestro de la humanidad”. Posteriormente durante el traslado de sus cenizas al Panteón, por instrucciones de la Convención Nacional, en épocas de la Revolución, su presidente declaró: “Es Rousseau a quien se le debe la saludable mejoría de nuestra moral, costumbres, leyes, sentimientos y hábitos”.
Después de esto, los invitó a repasar la historia de Francia y toda Europa. La Convención Nacional (1792-1795) guillotino a los Reyes de Francia. El periodo del Directorio (1795-1799) terminó con el golpe de estado del 18 Brumario protagonizado por Napoleón Bonaparte. El periodo del Consulado (1799-1804) se suprimen los mecanismos democráticos de la Revolución y Napoleón es nombrado cónsul vitalicio. Primer Imperio Francés (1804-1815) Napoleón es nombrado emperador y se inician las guerras contra la coalición que, durante 11 años, fueron conformadas siete, hasta derrotarlo y exiliarlo definitivamente, retornando la monarquía Borbónica a Francia.
Un período que desangró a toda Europa y privó a la humanidad de sus mejores hombres y mujeres, fallecidos en éste largo período de guerras. De seguro, Rousseau hubiera quedado impactado y habría hasta reevaluado su esperanzadora frase. Pero, él es mucho más influyente en otras áreas. Por ejemplo, todas nuestras ideas modernas sobre la educación están plasmadas en su tratado Emile (1762). Popularizó el culto por la naturaleza, el gusto por el aire libre, el padre del baño frío, del ejercicio físico sistemático y del deporte como forjador del carácter.
Pero, el escritor y periodista inglés, Paul Johnson, en su libro Intelectuales (1991), nos informa que este espléndido intelectual a quien todos, durante nuestro período escolar, debimos leer “El Contrato Social o los Principios del Derecho Político (1762), y que tanta influencia ha tenido en el mundo moderno, tenía un comportamiento oscuro en su vida personal. Thérese Levasseur, una joven lavandera ordinaria y analfabeta de 23 años, que desde 1745, la había hecho su amante, y quien permaneció junto a él por treinta y tres años, hasta que el murió.
Rousseau tuvo con Thérese cinco hijos, desde 1746, cuando tuvo el primero y fue abandonado con una nota en el Hospital des Enfants-trouvés, por la comadrona, bajo la excusa que debía salvar el honor de ella. De la misma forma se deshizo de sus otros hijos. Ninguno tuvo nombre. Es improbable que alguno de ellos sobreviviera por mucho tiempo. Según datos históricos de ese hospital, dos tercios de los bebés abandonados morían antes de cumplir el año. Un promedio de catorce de cada 100 sobrevivía hasta los siete años, y de éstos cinco llegaban a la madurez, para convertirse en su mayoría en mendigos y vagabundos.
Después de conocer esta historia personal de tan insigne intelectual, tengo mucho temor de conocer algo de la vida personal de nuestro filósofo y muy estudiado, Thomas Hobbes y como llegó a sus propias conclusiones.
El autor es Estudiante de Periodismo


