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El Poder de las Palabras y de las Redes Sociales

Por: Liz Launsett | Publicado el: 22 junio 2020



Hace 81 años un grupo de personas estuvo emitiendo en directo una novela radiofónica. Esta novela era “La guerra de los mundos” en donde se suponía que el planeta tierra era invadido por unos alienígenas. La emisión causo pánico en la población, aunque supuestamente al comenzar la transmisión se explico que todo lo que iban a decir era ficticio.

Algunos sociólogos dicen que la reacción no fue tan intensa como se ha dicho. Que se creó un mito a base del hecho.  Pero de lo que podemos estar claros es que, si hubo un efecto y que muchas de las veces, que se ha adaptado esta novela radiofónica, las personas han actuado bajo el miedo o la rabia.

Hoy en día la radio no tiene tanta fuerza como antes en la sociedad; con esto no quiero decir que no tenga impacto. Creo, que, si se volviera a hacer La guerra de los mundos en la radio, volvería a tener el mismo efecto. Caos. Pero, es una realidad que actualmente; y por el momento, las redes sociales tienen mayor popularidad.

Lo que causa a su vez que tengan en su poder la credibilidad de buena parte de población mundial. Lo cual no es malo, hasta que personas mal intencionadas o ignorantes utilizan este medio para alimentar el miedo y el enojo. México está viviendo esta consecuencia en carne propia.

Hace algunas semanas, un grupo de habitantes destrozaron un hospital básico comunitario que estaba en el municipio de Las Rosas en Chiapas. Agredieron a trabajadores del hospital, rompieron ventanas, puertas y quemaron una ambulancia. También secuestraron un médico.

Y todo esto paso porque la población creyó en información falsa que se compartía a través de Facebook y WhatsApp. En estas informaciones se decía que la fumigación que iban a realizar sobre el hospital; ya antes mencionado, era para enfermar a la población de COVID-19. La realidad, por otro lado, era mucho más positiva. Se iba a fumigar el hospital para combatir al mosquito Aedes aegypti que es el portador del dengue.

Por desgracia, la gente cree en mentiras sin bases científicas y sin pruebas que posean veracidad. Algunos piensan que el COVID-19 no existe, que el gel alcoholado es el que produce la enfermedad, que las antenas 5G son las que producen el virus y otras tantas ideas sin sentido. Lo más seguro conozcan a alguien que comparte esas teorías conspiranoicas, yo conozco a uno.

Comparte constantemente publicaciones de conspiración y ha llegado a gritarme porque no creo en nada de lo que me presenta. ¿Por qué no me creo nada? Porque no tiene base científica, porque lo dice alguien que no muestra su cara, que no es especialista, que no se presenta ante la población, no hay ningún estudio que avale lo que dice y otras tantas cosas que estas personas no poseen, pero que son necesarias para tener credibilidad.

Como estudiante de periodismo siempre se nos ha dicho que no podemos compartir información sin haberla revisado, analizado y comparado esta. Como informadores tenemos un gran deber con la población. Las redes sociales han permitido que las voces de muchos sean oídas, que ellos se vuelvan informadores. Pero las personas no saben tratar la información. Y no se preocupan por las responsabilidades que tienen al compartir algún contenido.

Yo pienso que es genial que las redes existan, que permitan a las personas comunicar su opinión o presentar lo que está pasando en el momento, pero creo que también las personas deben hacerse responsables de lo que dicen y de lo que comparten. Si como periodista a mí se me puede juzgar y castigar por ser irresponsable y dañar la imagen de alguien. Así mismo, esas personas que inventan o que comparten contenidos falsos deberían tener que responder por lo que hacen.

La gente no se puede seguir protegiendo con palabras como “Pero es que yo no dije eso, yo solo lo compartí.”. Compartirlo también es parte del problema, es darle combustible al incendio. Entonces pasan situaciones como en México, como Reino Unido o como otros tantos países donde la población se creyó una mentira.

En esos casos las personas actúan como animales atacados por un depredado, en medio de una estampida. En resumen, como completos desequilibrados. El miedo a lo desconocido saca lo peor de nosotros lo hemos visto a lo largo de la historia. Por eso es importante no ser parte de la cadena que crea el caos, y hablar con tus amigos, conocidos y familiares para que ellos tampoco lo sean. No compartas, difundas ni crees contenidos falsos.

El COVID-19 no ha desaparecido, los recursos que se utilizan para enfrentarlo están disminuyendo, la gente se está relajando y no está siguiendo las instrucciones de las autoridades y los casos; por los menos en Panamá, aumentan. Por favor, piensa y analiza lo que ves en redes. No te creas todo lo que la gente dice y no compartas información que no tiene base científica ni investigable.

La autora es estudiante de Periodismo

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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