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La Mente del Corrupto

Por: Carlos F. González consultoriacfg2016@gmail.com | Publicado el: 05 junio 2020



La corrupción es un fenómeno social que nos ha afectado y se ha intensificado en las últimas administraciones gubernamentales haciéndolo más evidente y palpable para nosotros los ciudadanos.  Pero la interrogante que surge es ¿Cómo es la mente del corrupto(a)? Es el propósito que este artículo busca dilucidar.

Si nos apoyamos en el DSM-V se podría clasificar a los corruptos(as) como personas con Trastornos de Personalidad Antisocial (T.A.P.) o Trastornos de Personalidad Narcisista (T.P.N.).  Sin embargo, partiremos de observaciones realizadas a algunas de estas personas usando el método deductivo y retrospectivo, complementado con las correspondientes revisiones bibliográficas.  Al respecto se puede señalar que las personas con mente corrupta tienden a vender una imagen que no corresponde con su realidad psíquica.  Son manipuladores, explotadores, encantadores, con una creencia de que están por arriba de la ley y de las personas, son cínicas, mitómanos, al grado que ellos mismos se creen sus mentiras, son egocéntricos, de allí su relación con el trastorno de personalidad narcisista.  Entre los signos de la persona con T.N.P. está la de ser cruel e indiferente con los otros. Usualmente les gustan participar en agrupaciones que les permita proyectar y vender la imagen que desean crear ante su audiencia, para hacer la misma más creíble. Se tornan agresivos(as) cuando se le cuestiona su proceder, su moral y estas características los hacen peligrosos(as).  En estas personas en particular, su codicia por el bien material es alta.  Crean una red de apoyo para lograr sus objetivos, que es la de obtener bienes materiales o propiedades mal habidas.

Es necesario señalar que no debemos hablar de sistema corrupto solamente sino también de personas corruptas, aunque cuando hay procedimiento y normas que permiten la impunidad de los actos corruptos entonces corresponde a las personas con ética cambiarlas.  Las personas con mente corrupta buscan conocer, entender el sistema y como usarlo a su favor, para jugar y utilizar las reglas del sistema para apropiarse de bienes públicos (proceso legal, código etc.)     

Se debe señalar que es muy peligroso que una persona con mente corrupta ocupe un puesto público con mando y jurisdicción ya que tuerce o torcerá las normas, recursos humanos a su favor, haciendo de la intimidación, coacción, falsos testimonios, chantaje, amenazas y de ser necesario, uso de la violencia para eliminar a quien considere o sienta que se interpone en sus intereses, objetivos o propósitos.  Es muy hábil, dada su naturaleza de manipulador, para sumar a subalternos a sus causas delictivas.  En un puesto público se sienten omnipotentes.

La mente del corrupto esta guiada por una gula hacia la codicia, avaricia, acumulación de bienes, que refleja una profunda inseguridad, que, aunque responda a un modelo económico, también puede responder a un profundo deseo de acumular, para sentirse seguro, parecido a la encopresis que se observa en la infancia y/o niñez, que es el acto de retener el excremento. 

Cuando el corrupto tiene una familia, es para tener una fachada y si los familiares saben que su pareja es un corrupto, se hacen de la vista gorda para disfrutar de   las riquezas que van acumulando.  En la mente del corrupto tiene una autoimagen engrandecida y ve a los otros como personas despreciables.

El estudio realizado por Neil Garret y Stephany Lazzaro (2016) es un referente en esta temática por los resultados obtenidos.  Cabe señalar en base al mismo, que la mente se puede adaptar dada su elasticidad y plasticidad a la deshonestidad.  Se ha ubicado en la amígdala del cerebro esta función, misma que se encuentra en el sistema límbico donde están los instintos, las emociones y la ira.  La mente del corrupto se desarrolla poco a poco, comparable al asesino en serie que desde la comisión de su primer delito hasta donde lo haya desarrollado, va adquiriendo destreza, habilidades, experiencia y confianza para tener un mayor control y perfeccionamiento sobre sus actos delictivos.  El corrupto   llegar a perder el miedo de cometer actos de corrupción y tiene una búsqueda constante por realizar más actos de corrupción para reafirmar y ratificar su maestría en el engaño a los demás.  La mente del corrupto no le permite experimentar sentimientos de culpa, ni remordimientos.  No se conoce tratamiento ni terapia para una mente corrupta.  La corrupción como delito que se manifiesta en actos de deshonestidad en sus inicios se apoya o se encubre con la racionalización, la justificación, en la doble moral, tolerancia a los actos de corrupción.  La mente del corrupto se puede equiparar con la de un adicto, que una vez activada, no puede parar, por la obsesión, compulsión y pérdida de control y el síndrome de abstinencia que experimenta al no poder realizar actos de corrupción.  La mente del corrupto busca el éxito económico y el poder para apaciguar su profunda inseguridad.  El hecho de que una persona llegue a manejar grandes cantidades de dinero puede ser un fuerte estímulo para que un cerebro vulnerable se convierta en una mente corrupta. La ausencia de escrúpulos de la mente del corrupto y la impunidad al igual que en la comisión de otros delitos, aumenta con la ausencia en la certeza del castigo, que lo lleva a seguir repitiendo su conducta delictiva.

Se ha descubierto y señalado que solo la ética puede contrarrestar la formación de mentes corruptas que se debe inculcar desde el hogar y siendo extensiva al resto de las instituciones de la sociedad:  escuela, universidad, entidades públicas, ONG, iglesias, empresas privadas y otras.  Los defensores de los derechos humanos son los llamados a hacer prevalecer la justicia en todos los procesos que se inicien.  Los operadores de justicia del sistema judicial deben evitar ser automatizados por los procesos que atienden y pese a los años que puedan tener dentro del sistema, procurar atender al caso entrante como si fuese el primero.  Hay que evidenciar cuando hay errores humanos en los procesos judiciales y cuando hay error en los procesos elaborados para hacer funcionar al sistema judicial.  ¿Cómo hacemos una sociedad más justa?  Con personas amantes de la justicia.  Otra medida a implementar podría ser evaluar a los aspirantes a ocupar altos puestos gubernamentales mediante evaluaciones a través resonancia magnéticas del área fronto límbico, ya que, de acuerdo al tamaño de amígdala, la misma puede permitir predecir o pronosticar su vulnerabilidad a desarrollar una mente corrupta.   Finalmente tomar en cuenta en su historia personal la prevalencia de la ética, principios, valores morales entre otros aspectos.

El autor es Psicólogo Criminólogo y Profesor Universitario

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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