Docente-estudiantes-covid-19
Esta pandemia del covi-19 enfrentó a todos los individuos con cuestiones que se creían resueltas o sucederían en un escenario lejano. las muertes por contagio directo, recesión económica profundas, reorganización de la vida cotidiana a partir de amenazas reales, los miedos promovidos por los medios de comunicación exponiendo las cifras fatales, la evolución de la curva de personas infestadas o sus decesos, como un espectáculo obsceno ;la declaración de cuarentena en algunos países, el impacto en las relaciones humanas, los modos de vincularnos y demostrar afecto (relación de proximidad, saludos), entre otros, obligo a replantear nuevas formas de organización en todos los niveles incluyendo las instituciones educativas.
El sistema educativo tuvo que enfrentar de forma masiva, en todas las carreras y asignaturas, la virtualidad, en el dictado de clases. No pudo escapar a una situación que amenaza la vida humana y pone en riesgo a todas las personas que trabajan en él, en todos los niveles.
La carrera de Trabajo Social como todas las de nivel superior, se encuentran en una encrucijada, y requieren resolver con premura esta situación. Acomodar los procesos de enseñanza-aprendizaje desde un espacio no- áulico, sino desde la virtualidad respondiendo a una emergencia sanitaria es la cuestión del momento. Este cambio repentino e incompleto sucedió de manera impensada; nadie estaba preparado para asumir el 100 % de clases virtuales (alumnos, docentes, estructuras administrativas de las universidades), y es incompleto en la medida que dio tiempo (no permitió) capacitar a docentes y estudiante en esta posible realidad.
El virus puso de manifiesto desigualdades sociales que tenemos en nuestros países producto de la corrupción política y la aplicación de modelos neoliberales, generado una brecha que es necesario achicar. En el caso concreto nos encontramos con alumnos que no tiene dispositivos móviles que les permita acceder alguna plataforma virtual, en sus hogares adolecen de una computadora, y en algunos casos existe un celular para todo el grupo familiar, pero sin acceso a internet. Por otro lado, nos encontramos con docentes en situaciones similares sin contar con las herramientas tecnológicas para el dictado de clase.
Si bien existen varias plataformas que nos posibilitan estas acciones, siempre queda “un gusto a poco, un ciclo sin cerrar, un sabor que algo falta”. Esto se debe a nuestra formación específica, la historia que cargamos como estudiantes y docentes, a la mirada propia de la profesión dónde el sujeto es central en las decisiones y acompañamiento. Procuramos responder ante esta situación tan particular que atraviesa la humanidad, otorgando un lugar a ese/as estudiantes que están fuera de un contexto físico que estaba pactado e institucionalizado, y comprendiendo además que ese alumnado no es un cuerpo homogéneo, sino heterogéneo, en lo cultural, social, económico, ritmo de estudio, y proyectos de vida. Entender estos aspectos significa reconocer la complejidad en la que estamos inmersos como docentes. Nos encontramos en nuestras unidades académicas con una diversidad, que también se refleja en los docentes, su relación con las Tics, dedicación a la actividad de enseñanza, formación, expectativas.
Referirse a la práctica docente es sumergirse en una dimensión donde entran en juego factores que no se pueden soslayar. Uno de ellos es la institución en la que se ejerce el rol docente, con su política interna, la relación con el medio, su imagen socio-educativa, contexto. Otro factor a considerar se vincula a las cuestiones personales del docente, su formación, capacitación, apertura y flexibilidad para adaptarse a los cambios y demandas de los alumnos, de los colegas docentes y de las reglas en la institución. Por último, y no menos importante, las motivaciones personales y las expectativas referidas al rol docente, es decir: un docente formador, agente generador y transmisor de conocimientos, de criterios, de procesos reflexivos que permitan indagar la realidad socio-cultural o un docente percibido como un mero trabajador asalariado sin vocación. (Díaz: 38:2018)
El docente al ser un ciudadano común, biológico, psicológico, espiritual, social, cultural, económico, político, que ejerce un rol educativo formal en una institución, se ve afectado en diferentes etapas en la vida por situaciones particulares que repercuten de forma directa en su quehacer profesional. Las presiones propias de la carrera docente, alcanzar con los objetivos propuestos, realizar actividades de investigación, extensión, dictar la clase, reuniones de pares, responder expedientes, analizar casos, defender sus derechos como asalariado, reafirmar su vocación, participar en lo posible en las luchas sindicales, enfrentarse con sus pares o la patronal, asumir aulas que no están en condiciones edilicias para el dictado de clase, lo que genera desgaste en la voz y esfuerzos físicos, comprender la diversidad de los sujetos que asiste, planificar y diseñar el dictado de clase, etcétera conforman un cuadro situacional que termina agotando o enfermando al docente, esto sin entrar en situaciones de violencias. Se pide su participación en reuniones en horarios donde se está trabajando en otros proyectos, o se los destina al descanso o las redes sociales y familiares. Bajo el concepto de excelencia académica se lo sepulta de responsabilidades, obligaciones, entendiendo que solo el (ella) carga con semejante peso, solicitándoles una serie de actividades terminan enfermando las relaciones interpersonales o deteriorando su salud. Este efecto sobrecarga a veces no es entendido por los cargos jerárquicos que exigen más de lo posible, y mucho menos por los alumnos.
Por otro lado nos encontramos con “docentes jóvenes y alumnos que en las últimas tres décadas nacieron en un contexto dinámico y atravesado por la tecnología y la comunicación, pero también bajo signos que es interesantes destacar como lo son: el incremento del consumo de drogas por grupos etarios cada vez menores, grandes explosiones demográficas en países subdesarrollados y disminución de la tasa de natalidad en países desarrollados, epidemia del SIDA que vincula (física y simbólicamente a ciertos grupos) la sexualidad con la muerte, inestabilidad económica y de políticas en toda América, retorno a las políticas de ajustes y el auge de la reforma del estado bajo la denominación de modernización del Estado, discontinuidad de las políticas públicas al cambio de gobierno, poderío económico en manos de grupos que defienden el establishment, modelos y referentes de juventud que nacen con “fecha de vencimiento“ siendo momentáneos y fugaces, un mundo donde los grandes ideales y las utopías se resisten a morir, las redes sociales que facilitan la comunicación con sujetos distantes a miles de kilómetros y sesgan el encuentro con los que están más próximos, enfrentamiento de jóvenes con padres que desean eternizarse en los cánones de la adolescencia tardía, conflictos bélicos sostenidos por la variable económica, devastación de los recursos naturales no renovables por su modelo capitalista extractivista y exprimidor, contaminación de suelos y cursos de agua, genocidio a poblaciones indígenas, ausencia de adultos mayores que sirvan como referencia de modelos positivos, aumento y diversificación exorbitante cualicuantitativos de la pobreza, la eterna adolescentizaciòn que promueven los medios de comunicación, la falta de un proyecto de vida a los 30 o 35 años que permitan independizarse, debido a la inestabilidad laboral producto de las recesiones económicas, la globalización, el neoliberalismos y la cosificación de los mercados, entre otras”.(Díaz, 28:2007) y en este cuadro de opacidad, el virus covid-19 obliga a re-pensar y comprender la diversidad dentro de la diversidad, en la complejidad misma, y a la pareja pedagógica con sus imitaciones en esa virtualidad .
Por otro lado, reflexionar sobre la realidad de los estudiantes permite comprender a estos sujetos que se están formando con sus diferentes motivaciones. Muchos de ellos/as estudian por voluntad propia, otros porque es la exigencia familiar, por continuar con un mandato, porque es una profesión que en su vida personal y familiar represente prestigio, dinero, status o cómo salida laboral exitosa o como una llave que posibilite la movilidad social ascendente. Comprender esa parte de la realidad motivacional y los contextos de cada alumno no es tarea sencilla, pero es necesario al menos aproximarse, acercarse a esa realidad tan particular, donde la heterogeneidad se hace presente. Cada alumno es un micro universo, con sus tiempos y ritmos internos, envueltos y exigidos, en una dinámica institucional con calendario académico establecido. Observar a aquellos que son “lentos” en la comprensión de ciertas temáticas es ejercer el compromiso docente desde una perspectiva profesional y humana, al respecto Daniel Pennac en su libro Mal de escuela, plantea “Pero guardémonos mucho de subestimar lo único sobre lo que podemos actuar personalmente y que además data de la noche de los tiempos pedagógicos: la soledad y la vergüenza del alumno que no comprende, perdido en un mundo donde todos los demás comprenden”(Pennac:208) Si en el aula esto sucede, cuanto más en aquellos que están alejados y por características personales tienen vergüenza de volver a preguntar, o no terminan de comprender esta modalidad de enseñanza.
En este contexto es donde Institución-docentes –estudiantes- deben re-definir a partir de una emergencia sanitaria, una modalidad para no perder el año académico. No es una modalidad a distancia, sino ocasionada por un tema sanitario impensado y sin experiencia para enfrentarlo ya que no sigue pautas y rutinas como las establecidas e instituida en la educación a distancia propiamente dicha. Entonces nos preguntamos ¿Cómo seguimos trabajando en este contexto tan enrarecido? ¿Cómo trabajar con los/as estudiantes cuando el contacto cara a cara-áulico, está prohibido? ¿De qué manera enfrentamos las practicas pre-profesional, el trabajo en territorio, la capacidad de reflexión, análisis, de los estudiantes? ¿Cómo evaluó la adquisición de lenguaje técnico de forma oral? ¿Qué tipo de evaluación empleare? ¿Por qué me demanda más horas de las que tenía organizada mi labor docente? ¿Cómo administro el tiempo y los contenidos? ¿Flexibilizo algunos contenidos? ¿Cuáles, cómo, de que manera? No existen respuestas únicas, solo ejercitar, construir con los estudiantes, y las posibilidades de ambos, en ese encuentro particular que exige la virtualidad.
El covid-19 nos interpela como humanos, desnuda las mezquindades sociales – económicas-culturales, nos obliga a re-pensar la muerte como un hecho cotidiano cercano, pero en esta ocasión cargada de “la soledad del sufriente”; generando angustia al saber que esas son las medidas de bioseguridad, barreras de protección para todos, fronteras que impiden despedirse del paciente enfermo, marcando una huella en el espacio, en la vida de esa comunidad, en esa familia, y en nuestros estudiantes que no están ajenos a esa situación. Por ello es imprescindible sostener la esperanza, entablar diálogos, proponer la confrontación de discursos, opiniones, evitar anularnos u obturar la relación estudiante-docente-institución, ser flexibles, aprender y hacer lectura de lo que sucede en cada una de sus comunidades.
Considero que un disparador para generar discusiones, propuestas, es promover en los estudiantes el debate crítico de esta pandemia y de qué manera pueden las teorías que pretendemos transmitir tranversalizar el problema. Este virus no puede ser pensado únicamente desde la medicina y bilogía, sino también desde lo social en el que toma diferentes sentidos de acuerdo a quienes lo contrajeron, el impacto familiar, comunitario, territorial, el concepto de salud y prevención en un contexto complejo, diverso, mediatizado por el miedo y los actores intervinientes. Es decir, la pandemia nos abriría la posibilidad de articular teoría y práctica a partir de un común denominador que es el covid-19, por ejemplo, pensar en una problemática comunitaria de cierta región que están infestados partes de sus miembros por el virus, ¿Qué medidas tomaría Ud. como agente de salud, como trabajador social, como integrante de esa comunidad para prevenir el contagio masivo? ¿Puede identificar en su territorio los factores de riesgo, los potenciales y los recursos con los que cuenta? ¿Explique desde una teoría como puede intervenir, generando propuestas viables desde la especificad como trabajador social? ¿Qué escenarios visualiza? Explique dese un marco teórico referencial sus argumentos.
Estoy convencido que esta emergencia sanitaria puede convertirse en una oportunidad, para organizar desde otro lugar la labor docente. Proponiendo una lógica- estratégica-reflexiva donde entre a jugar las decisiones, el contexto y el conocimiento para entender ciertos hechos y generar juicio crítico ante ésta situación. En otras palabras, evitar desesperarse ante el panorama incierto, sino pensar en diferentes actividades que permitan motivar al alumno/a en intervenciones científica responsables, creativas, situadas, para no caer en el activismo sin fundamento, o solo una cuestión instrumental, en el hacer sin reflexión.
El autor es licenciado en Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Docente de la UNLAR Argentina.


