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El adulto mayor

Por: Sandra Quintero de Reyes | Publicado el: 07 agosto 2018



Cuando estamos jóvenes, no nos pasa por nuestra mente que llegaremos a viejos; según nosotros, tenemos una vida por delante, tenemos toda la fuerza y la energía del mundo, nos estamos preparando para enfrentar un océano de incertidumbre y un archipiélago de certezas, sin embargo, no nos preparamos ni emocional, ni psicológicamente para este gran privilegio de llegar a una edad adulta.

¿Qué es el adulto mayor?  ¿Alguna vez se ha hecho esta pregunta? ¿Sabe qué es y cuándo inicia esta etapa?  Es bueno resaltar que el adulto mayor es un término reciente que se le da a las personas que tienen más de 65 años de edad, también puede ser llamada persona de la tercera edad. Un adulto mayor ha alcanzado ciertos rasgos que se adquieren desde un punto de vista biológico (cambios de orden natural), social (relaciones interpersonales) y psicológico (experiencias y circunstancias enfrentadas durante su vida).

Gracias a Dios, hoy es común que una persona tenga la dicha de llegar a la vejez, ya que en otros tiempos esto solo era accesible para una minoría. 

Haciendo un resumen de la historia, se dice que tras la caída del Imperio Occidental, la Iglesia se empezó a consolidar como una institución poderosa, y el cristianismo demostró no tener ningún interés especial por los viejos, es a partir de aquí, cuando se inicia una larga etapa que se conoce como la Edad Media y termina en el siglo XV; en esta etapa, comienza la «época oscura», donde se desarrollaron muchas guerras y la fuerza física era importante para enfrentar estas luchas.  Se tomaba mucho en cuenta el ser joven porque este conservaba su agilidad física y su vigor, mientras que el ser viejo era una representación de debilidad que iniciaba a la edad de 50 años.

En esta época, las condiciones de vida eran muy duras y las personas trabajaban hasta donde sus fuerzas se lo permitían; esto causaba que el deterioro físico fuera prematuro; cuando esto sucedía al adulto mayor no se les permitía trabajar y pasaban a depender de la voluntad de sus familiares o al incontable grupo de indigentes.  Sin embargo, a inicio del siglo XVI, surge el primer esbozo de asilo donde se les daba  alojamientos a la minoría de ancianos ricos que se refugiaba en los monasterios buscando un retiro tranquilo.  Lamentablemente, los pobres de la época no corrían con la misma suerte y en muchos casos eran abandonados.

En la Edad Contemporánea, con la revolución industrial, se dieron nuevas transformaciones y procesos técnicos que resultaron nefastos para los viejos que no podían llevar el ritmo del trabajo porque sus escasas fuerzas no le permitían continuar con sus labores, quedando fuera y siendo remplazados por mano de obra joven que se imponían con su fuerza y audacia, causando un desprestigio a la vejez y aumentando el número de ancianos sin esperanza de vida.  Esto trajo como consecuencia la disolución muy fuerte en el núcleo familiar y el aumento progresivo del envejecimiento de la población, obligando a la sociedad a tomar cartas en el asunto para crear leyes, programas y normas que le dieran respuesta a este problema de la vejez.

Vuelvo a darle gracias a Dios, porque con todos estos hechos que acontecieron y que marginaron al adulto mayor, nos enseñan que estas personas mayores tienen un valor preponderante en la sociedad y en la familia, porque representa un valor incalculable por sus aportaciones de patrimonio, experiencia y valores.

Recordemos, entonces que, desde que se nace, conforme la persona va avanzado en edad, disminuye su actividad muscular y metabólica, también su requerimiento nutricional (especialmente las calorías), porque el organismo funciona más lentamente a medida que la edad avanza y las actividades físicas tienden a ser menores.  Se requiere que desde la infancia se enseñen hábitos alimentarios adecuados a cada edad, de manera que se internalicen hasta el punto de adoptar calidad y estilos de vida saludable, complementándolo con ejercicios que fortalezcan nuestra masa muscular.

La existencia de los adultos mayores seguirá en la reflexión. Pero todos deben reconocer que ellos nutrieron la economía, la sociedad y las instituciones, creando riqueza. Esto los hace portadores de sabiduría y experiencias invaluables que es preciso que la sociedad, los gobernantes y la ciudadanía joven reconozcan que los años vividos por esos hombres y mujeres han producido un saber que es necesario, valioso e importante para todos los involucrados en la agitada vida de hoy.

Toda persona anciana requiere de un buen trato y bienestar emocional, algunos ancianos son independientes que se valen por sí mismos mientras que otros no; por lo tanto, requieren de adecuaciones en sus hogares para así desenvolverse en un ambiente satisfactorio libre de imprevistos y necesidades.

Las transformaciones demográficas ocurridas durante la segunda mitad del siglo pasado nos permiten concluir que, sin lugar a dudas, somos una sociedad que tiende, a medida que transcurre el tiempo, a envejecer cada vez más. Este fenómeno se debe, entre otras causas, a un aumento en la esperanza de vida y a la disminución en los índices de natalidad, asociada a un descenso de la población en un número creciente de países.

El 1 de octubre es el Día Internacional de las Personas Mayores, un día importante que nos servirá para manifestar la importancia que tienen nuestros mayores en la sociedad.

El envejecimiento es un proceso natural, y es necesario poner en valor día tras día, la necesidad de contar con la experiencia y vivencias de los mayores. La vida de las personas en la tercera edad se vuelve más pasiva, y el envejecimiento tiende a ocasionar problemas en el entorno. Cuando no hemos entrado en esa fase, no somos conscientes de la necesidad de cariño, respeto y atención que merecen los adultos mayores.

Nuestro país necesita de la rica experiencia de los menos jóvenes y de la resistencia y creatividad de los más jóvenes, de aquí nuestro interés en saber qué piensan los unos de los otros, para poder entre todos aportar lo mejor, lo más dulce y tierno que tengamos dentro, sólo así podremos enriquecer la savia de nuestras vidas, mantener nuestras tradiciones históricas culturales y continuar desarrollando nuestra Revolución Socialista, por eso le rogamos a los más jóvenes que recuerden «vivir viejo está bien, pero importante es también vivir plenamente».

Démosle en nuestras vidas y en nuestra sociedad el lugar que merecen ocupar.

La autora es estudiante de la Maestría de Ciencia de la Familia y del Desarrollo Comunitario con Énfasis en Promoción Comunitaria y Ecología Familiar.

 

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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