Agricultura y medio ambiente.
Desde la revolución verde los agricultores se transformaron en explotadores de los recursos naturales que nos ofrece la tierra. Debemos entender que nuestro planeta no está destinado exclusivamente a satisfacer nuestras necesidades, por lo tanto, el atentar contra toda forma de vida que se encuentra en el medio ambiente es cuanto menos inmoral y, muy posiblemente una de las causas principales que contribuye a nuestra destrucción.
Seguir manteniendo a ritmo acelerado y en grado alarmante, el sistema agrario de tala, quema y cambiar de lugar de cultivo cuando no da más la tierra, muy practicado en nuestros dÃas en Panamá. Otras agresiones a que es sometido continuamente el medio ambiente como la aplicación abusiva de pesticidas, impiden el normal desarrollo de las distintas formas de vida en nuestro planeta.
Utilizar practicas agrarias que no agredan al medio ambiente, no significa retroceder a una agricultura antigua de nuestros antepasados, por el contrario, si aplicamos un sistema agrÃcola ecológico podemos conseguir un nivel de vida de mayor calidad de alimentos frescos, buenos y ecológicamente elaborados, una vida grata en un ambiente agradable. La salud fÃsica y mental, y la satisfacción que todo ser humano tiene que encontrar y sentir, surge de un trabajo duro y variado al aire libre y en con tacto con la naturaleza, y de la realización correcta y eficiente de un modelo agrario ecológico y sostenible.
La tierra puede producir con rentabilidad sin necesidad de aplicar cantidades ingentes de pesticidas y abonos artificiales, ni de utilizar maquinarias costosas. Si aprovechamos nuestra parcela en forma racional y planificada, no solo vamos a obtener el rendimiento y lo recursos económicos deseados, sino que, además, vamos a contribuir a rescatar el equilibrio biológico que mantendrá vivo a nuestro medio ambiente y toda su biodiversidad y como consecuencia nos mantendrÃa vivos, sanos y saludables a todos nosotros, sin peligrar el futuro de nuestros hijos.
Por otra parte, los paÃses llamados desarrollados y que han venido utilizando sistemas revolucionarios de cultivos intensivos, utilizando para ello toda clase de agroquÃmicos a su alcance, están comprobando en sus tierras, con notable asombro, ya que creÃan que esos momentos no llegarÃan nunca, los efectos negativos de estas prácticas, dando como resultado un gran avance de desertización junto a un cambio climatológico que está afectando de forma directa a la salud de las personas.
Es por ello que hay que rescatar el vasto conocimiento que existe sobre las prácticas tradicionales de la agricultura y de la conservación del medio ambiente, todo ello sin menospreciar el desarrollo tecnológico de nuestro dÃa.
La agricultura ecológica no solo debe llevar a la obtención de productos de primera calidad exentos de tóxicos para conservar la salud del hombre, de los animales y del medio ambiente, si no que, además, nos garantiza de que todas las materias primas utilizadas para la confección de abonos orgánicos, están libres de contaminantes. Además de una cuestión de cantidad, la producción agrÃcola ha empezado a ser también una cuestión de calidad. Tenemos que cambiar a métodos alimentarios más sostenibles que tengan un menor impacto ambiental.
Es hora de actuar juntos para lograr una comprensión, orientación y trabajo común en la protección de la biodiversidad para poder producir suficientes alimentos nutritivos y hacerlo entre desafÃos como el cambio climático, las enfermedades emergentes, la presión en los recursos hÃdricos y de la alimentación, y las demandas de una población humana en crecimiento. Como consumidores que somos, apoyando con nuestra opción de compra los productos locales, ecológicos, de temporada y respetuosos con el medio ambiente, y con esto a sus productores.
La autora es estudiante de la MaestrÃa en Ciencias de la Familia y del Desarrollo Comunitario con Énfasis en Promoción Comunitaria y EcologÃa Familiar.


