Los desafÃos de la educación y el liderazgo
El cambio organizacional se relaciona con el trabajo en equipo, la capacidad de colaboración, la reflexión entre los miembros sobre qué hacer, qué resulta y qué se aprende de ello, el estÃmulo de los comportamientos innovadores y la cultura organizacional que genera y sustenta.
Para ser efectivos, las organizaciones deben tener la capacidad de dar respuestas a los desafÃos planteados por la sociedad y las situaciones por las que atraviesan.
El liderazgo y la forma de ejercerlo experimentan extraordinarias transformaciones, partiendo de que la gestión y liderazgo son dos nociones integradoras del universo de los procesos de dirección de los ámbitos organizativos.
 El liderazgo se vincula con los valores, los propósitos, la pasión y la imaginación, necesarios para poner en circulación los procesos de animación y movilización de los actores del sistema.
 La escuela tiene como reto afrontar los cambios en la socialización de los individuos: enseñar a los estudiantes con distintas condiciones de educabilidad y los cambios en la familia asà como en las pautas de socialización de las nuevas generaciones; además de crear nuevos modelos institucionales.
Se espera que la escuela sea capaz de desarrollar competencias cognitivas, humanas y habilidades para buscar y procesar información que se ofrece a través de los medios de comunicación y de las aplicaciones tecnológicas.
Permitir la inclusión en la sociedad de estudiantes que respondan a los altos niveles de calificación para los puestos de una organización. Un estudiante que sea capaz de pensar por sà mismo, analizar situaciones, resolver problemas, cooperar con otros.
Además de enseñar a convivir en democracia con las diferentes culturas y éticas existentes en el mundo. A través de una identidad constituida sobre la base de los derechos y deberes: respeto a la vida, tolerancia, libertad, legalidad.
Las escuelas como organización está en crisis y su gestión es contradictoria ya que por un lado, la sociedad le asigna un papel como motor de la competitividad y de las transformaciones económicas y creadora de equidad y justicia social, todo esto en medio de escasez de los medios, recursos y de condiciones laborales deficientes para los docentes.
La transformación de los sistemas educativos debe centrarse en crear la capacidad humana técnicas e institucionales para llevar adelante nueva misión en un contexto social incierto, cambiante y crecientemente inequitativo. Exige contar con estrategias que reorganicen y reestructuren la totalidad del modelo organizativo de la educación; a la vez que modifique la imagen y creencias de cómo y con quién conducir los procesos.
Los docentes tienen un papel protagónico en el cambio, por estar en contacto con las demandas sociales, laborales, polÃticas y económicas.
El cambio debe poder generar una creatividad colectiva, clara visión que estimule y genere grupos, alianzas, motivaciones y competencias para actuar, asumida por todos los sectores que participan en la configuración de la comunidad educativa.
Si bien es cierto, el papel profesional del docente depende de diversos factores personales, asà como espirituales, existen otros que están relacionados con las condiciones de trabajo y las oportunidades profesionales que afectan su labor en el proceso de aprendizaje-enseñanza.
Para hacer frente a los desafÃos de la educación tanto los docentes como los directivos necesitan una nueva manera de pensar y nuevo modo de ver, que les permita generar estrategias que respondan por un lado al proceso académico como al administrativo. Ambas condiciones sugieren un alto nivel de competencia profesional y acumulación de conocimientos, competencias, saberes y de experiencia sobre el mundo, las prácticas y los procedimientos.
Es por ello, que el cambio educativo también implica una alteración del clima psicosocial y de las formas de ejercer el poder y el control. Se configura de forma singular establecer reglas de juego distintas a las existentes, regulando los espacios de autonomÃa de cada ámbito y agentes participantes.
Por tal razón, es importante realizar prácticas de liderazgo que fortalezcan la gestión educativa, en donde se vincule el aprendizaje profundo relacionado con la problemática cómo abordar las prácticas asentadas como rutinarias en tiempos en que exigen otros volúmenes de innovación y aprendizaje profundo.
El Liderazgo debe promover trabajo generativo, es decir, el aprendizaje requerido para abordar los conflictos entre los valores de la persona o brecha entre valores postulados y las nuevas realidades que requieren transformaciones de esos valores o de las creencias o las conductas, que a su vez genera nuevas formas de actuar.
La dimensión de la gestión educativa requiere identificar y plantear los problemas colectivos, reconocer sus conflictos, evaluar en función de los trámites y de los valores a profundizar para realizar resultados socialmente útiles. Reflexionar, planificar y dirigir los procesos de aprendizaje.
La autora es estudiante de la MaestrÃa en Ciencias de la Familia y Desarrollo Comunitario.


