¿Quién es el protagonista de en evaluación de los aprendizajes, en la educación superior?
Los desafíos que nos impone la educación superior en este siglo XXI, en esta nueva era que los estadistas y filósofos denominan la era del conocimiento, la evaluación de los aprendizajes en la educación superior, juega un papel muy importante como un proceso sistemático, continuo, integral y participativo, que permite conocer una problemática, analizarla y explicarla mediante información relevante de diferentes técnicas e instrumentos evaluativos, emitir juicios de valor que sustentan las posibles toma de decisiones para buscar la solución a las debilidades y fortalezas del aprendizaje del estudiante.
En definitiva: la evaluación de los aprendizajes es un término que evoca diferentes significados según distintos autores. Algunos la perciben como juicio sobre la calidad; otros como un modo sistemático de examinar temas importantes. Aún hay quienes la conciben como una actividad diaria que llevamos a cabo siempre que tomamos una decisión.
Dado el enfoque que adoptemos, la evaluación de los aprendizajes en la educación superior se asocia, algunas veces, a exámenes y se refiere de manera restringida a los resultados de los alumnos, mediante diversos medios como: pruebas, entrevistas, cuestionarios, análisis, solución de problemas, experimentos, investigaciones, entre otros, y no vemos la evaluación como un instrumento para mejorar el proceso de enseñanza y aprendizaje.
Lo cierto es, que una buena parte del profesorado universitario evalúa basándose en su experiencia de cómo ellos fueron evaluados cuando eran estudiantes, otros toman referencias de algunos de sus colegas, hay quienes adoptan consejos extraídos de diferentes fuentes, algunas no siempre confiables; en resumen, podríamos decir que su sistema de evaluación está fundamentado más en el sentido común y experiencias propias o vicarias, que en referencias teóricas producto de la investigación educativa o en buenas prácticas del proceso de enseñanza y aprendizaje.
Según Álvarez, (2001), nos dice que cuando nos acercamos a las aulas universitarias para conocer las prácticas de evaluación del aprendizaje, nos encontramos con que muchas veces tales prácticas están regidas por la arbitrariedad y los caprichos del evaluador que, sin reparos, emplea la evaluación como instrumento de poder para controlar el comportamiento de los alumnos, para demostrar quién tiene el poder en el aula y para someter a los insurrectos.
Se trata de evaluaciones que emplean técnicas que no se corresponden con la naturaleza del objetivo y contenido a evaluar, que usan instrumentos que suelen estar mal diseñados o son poco rigurosos e improvisados.
La evaluación no sirve solamente para medir y clasificar la cantidad de información archivada en la memoria de los alumnos, sino que ha de utilizarse para comprender y aprender.
Por último, de acuerdo con la relevancia especial y las nuevas tendencias en los últimos años, que debe seguir la evaluación del aprendizaje, como parte del proceso de evaluación y acreditación de la educación superior, constituye un mecanismo necesario para constatar que nuestros estudiantes poseen, las competencias básicas, especificas y precisas para el correcto ejercicio de su profesión, para incorporarse al mundo laboral.
La autora es Docente Universitaria del Centro Regional Universitario de Panamá Oeste


