Corrupción, el pan nuestro de cada día
Al observar, escuchar o comentar los acontecimientos diarios que se suscitan en el Panamá de hoy; país que está llamado a ser, de acuerdo al imaginario de muchos, el Dubai de Las Américas. Se puede constatar que la desobediencia, el leseferismo y la anarquía son los lápices de carbón y de colores que dibujan un país calificado en los niveles más altos de corrupción en América Latina.
Recientemente, Transparencia Internacional dio a conocer los resultados delÍndice de Percepción de la Corrupción 2017, informe en el que Panamá obtuvo 37 puntos de 100, ubicándolo como uno de los países más corruptos de América.Este documento refleja con claridad que,a pesar de los esfuerzos por combatir la corrupción en el mundo, la mayoría de los países están avanzando con demasiada lentitud; y se aclara que«aunque detener la corrupción lleva tiempo, en los últimos seis años, numerosos países han conseguido progresos mínimos o nulos», y esto incluye a la «nación canalera». (Fuente: CorruptionPerceptionsIndex, 2017).
Contrario a lo que se cree, corrupción no es solo el latrociniode los dineros del PAN (DAS, FIS, FES u otros). La palabra corrupción, dentro de un enfoque administrativo, social y legal se encuentra definida como la «acción humana que transgrede las normas legales y los principios éticos. Un ejemplo patético puede ser la denunciahecha por algunos ciudadanos en el sector de Veracruz, referida al uso de la playa para actividad comercial con beneficio particular; ante este escenario,la primera interrogante que surge es: «El uso de las playas para beneficio particular, ¿transgrede la ley?».
Si la respuesta es «SÍ»,y de acuerdo a lo precitado, existe corrupción; pero al parecer, el resto de los connacionales juegan de cómplices ante situaciones, que por no afectarse en lo particular, terminan siendo obviadas en detrimento del beneficio universal.
Este tipo de acciones y otras se traducen en actos que se pueden percibir como «corrupción»,ya sea porque algún funcionario dejó de ejercer su deber ; tal vez por algún tipo de motivación o por simple omisión de sus funciones. Emergiendo a la luz una imagen deterioradadel país, que el patrimonio político, económico, cultural y social de la institucionalidad del Estado no debería permitir.
Es imperante invitar a propios y a extraños, a denunciar los actos de la corruptela imperante y a unir esfuerzos, para dar un alto a la creciente cultura de transgredir los procesos administrativos, las normas legales y los principios éticos. Para
contribuir a robustecer los mecanismos que garanticen la certeza del castigo con equidad.
Cada día que pasa en complicidad, seaporta a la construcción del muro que imposibilita contar con una sociedad éticamente transparente.Urge, entonces, cumplir con la política de Estado, enmarcada en el fin educativo de «Contribuir al desarrollo integral del individuo con énfasis en la capacidad crítica, reflexiva y creadora, para tomar decisiones con una clara concepción filosófica y científica del mundo y de la sociedad, con elevado sentido de solidaridad humana».
De esta manera, el hombre y la mujer panameña deben ser capaces de accionar y reaccionar proactiva, pero asertivamente, ante los problemas que se le presenten; poniendo en su justa dimensión las buenas prácticas y todas las lecciones aprendidas, para convivir en un ecosistema con justicia y equidad social.
*El autor es docente y especialista en Administración de la Educación


