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Las Amenazas de Trump y Cómo Frenarlo

Por: Federico A. Espino Z. | Publicado el: 02 enero 2025



No hay dudas que, toda la vida la administración de Los Estados Unidos de América ha contado con el firme respaldo de los medios tradicionales, que en muchísimas ocasiones convierten en verdades mentiras y falsedades evidentes, siguiendo las doctrinas de la Alemania nazi, aquí se le conoce popularmente como “taquilla”, no importa si es verdad o mentira, lo importante es estar en la palestra pública, en las páginas amarillas.  Esa es la alaraca del señor Trump.

Es evidente que tales desplantes tienen un doble fin, uno dirigido a su propia población que se regocija con las guerras y matanzas en contra de los países mas pequeños y débiles, y, otra para amedrentar e intimidar a la opinión pública mundial, haciendo gala de su poder.  Pero resulta que dicha estrategia ya está desgastada, obsoleta y en desface, porque todo el mundo ya sabe de las supuestas armas de destrucción masiva que nunca aparecieron, pues sólo ellos las tienen, de los supuestos muertos “americanos”, que nunca enseñaron, de sus permanentes incumplimientos de acuerdos y tratados que ellos mismos firmaron, pero luego violan, de los sabotajes, asesinatos de lideres de todos los países, desmanes interminables.  Los “gringos” son especialistas en dispararse en el pie, con sus medidas, pues la inseguridad que semejantes declaraciones hacen genera una crisis comercial que afecta todo el comercio mundial, incluyendo el propio de Los Estados Unidos.  Por cierto, las únicas amenazas que ha sufrido el Canal de Panamá han sido del presidente electo de Los Estados Unidos de América, Donald Trump.

El caso que nos ocupa, la comedia Trump, debe ser puntualizada bajo lo siguientes elementos, a saber:

  1. BAJO EL CONCEPTO DEL ESTRICTO DERECHO

Nosotros bajo la premisa de que somos un país chico, siempre debemos respetar los principios básicos del Derecho Internacional Público, como forma básica de resolver los conflictos, conforme a la Carta de las Naciones Unidas, organismo propiciado por los propios Estados Unidos de América, a finales de la Segunda Guerra Mundial y que ahora pretende desconocer y aplicar la doctrina del garrote.  Y es que permitir que puedan violarse los tratados y convenios provocará sin lugar a duda el caos, mismo que se buscaba eliminar con la ONU.  El derecho común se rige por el principio de que el contrato es ley entre las partes mientras que entre Estado rige el principio de buena fe “pacta sunt servanda”, que exige el fiel cumplimiento de lo pactado en los Tratados y Convenios.  Precisamente, el auto proclamado paladín de la democracia, el del derecho y el respeto a lo pactado, moralmente queda en entredicho por su doble rasero, cuando les conviene no hay tratado que valga, ya ni guarda las apariencias.

Ya diversas voces conocedoras del tema (Jorge Luis Quijano, Jorge Eduardo Ritter, expresidentes, etc.) se han expresado sobre la inexistencia de causas de incumplimiento por parte de Panamá, que nunca ha puesto en juego la integridad del Canal, por lo que parece llover sobre mojado explicar tales circunstancias, en tan corto espacio.

  1. LAS IMPLICACIONES DEL TRATADO TORRIJOS CARTE

Como bien sabemos, el Tratado Torrijos Carter tiene su origen en la lucha generacional del pueblo panameño, que tiene su punto de inflexión el 9 de enero de 1964, cuando la juventud panameña se enfrentó al ejercito más poderoso del mundo.  Frente a tal escandalo mundial, aunado a la ruptura de relaciones diplomáticas impulsada por el presidente, Roberto F. Chiari, generó el repudio mundial contra los Estados Unidos, masacrar a un pueblo desarmado con el uso de un ejército completo dejó en entredicho el supuesto liderazgo de los Estados Unidos, como país respetuoso de los Derechos Humanos, la Democracia y con fuertes vínculos religiosos, un papelón completo de desprestigio.  Eso ocasionó la inmediata llamada de Lyndon Johnson al Presidente Chiari, conversación desclasificada años atrás y publicada por La Estrella de Panamá, donde el panameño exige con mucha dureza que sólo hay un camino, eliminar las causas de conflicto, para pasar de una etapa revisionista a una etapa derogatoria de todo el Tratado de 1903, por lo que se dio una formal Carta de Intenciones estableciendo la derogatoria total y la eliminación del concepto de “perpetuidad”, estableciendo la soberanía total, sin cláusulas perpetuas.  Este cambio fue crucial en las negociaciones.  El resto es historia ya sabida.  Por cierto, en la propia firma del Canal, Omar Torrijos Herrera advirtió que los panameños no estaban de acuerdo con estar bajo el paraguas del Pentágono, pues nos convertía en objetivo militar de cualquier contienda nuclear. Esa situación excluye cualquier neutralidad.

El Tratado Torrijos Carter no sólo atañe al Canal, sino también al perfeccionamiento de nuestra independencia, estableciendo el concepto de “soberanía total en todo el territorio nacional”, sin quinta frontera, sin policía, jueces, ejércitos de otros países.  ¿Qué pasa si hoy entregamos el Canal, quedamos convertidos en una colonia más?  Por ejemplo, si entregamos el Canal, ¿quién garantiza el uso del agua para la población de las ciudades de Panamá, Colón y Panamá Oeste?  ¿Preferirá Trump darle agua a nuestra población o usarla para su negocio de pasar barcos?  Al parecer, esto es una trama vieja, ya una expresidenta de APEDE, hace unos años, declaró que debemos acostumbrarnos a buscar agua a los ríos, porque la del Canal es para los barcos, ¿qué sabía, será eso lo que viene?  La entrega del Canal implica perder nuestra independencia e integridad del país.

  1. LA LLAMADA GUERRA PSICOLÓGICA O DE BAJA INTENSIDAD COMO FORMA DE MERMAR LA VOLUNTAD DEL PUEBLO

La doctrina militar de Los Estados Unidos tiene como tarea preliminar a sus acciones intervencionistas la llamada guerra psicológica, empleando para ello su control de los medios tradicionales, inventando “hechos”, acontecimiento e identificando al potencial enemigo, deteriorando su imagen, credibilidad y sustento político.  No sólo se usan los medios tradicionales, los llamados “francotiradores”, los “influencer”, los “taquilleros”, y, cuanto resentido exista, son usados para “disparar” argumentos, algunos de los cuales rayan en lo absurdo.  No ha faltado quien con ánimo de atemorizar la población ha sugerido romper relaciones con China Popular y entregar el Canal a los gringos, otros alegan, no con algo de razón, que quienes deben salir a pelear por el Canal son los “grandes” de la ACP y los empresarios beneficiados con las áreas revertidas, olvidando que lo que está en juego es la independencia nacional, la vida misma del país.  Es bueno que tengamos presente que, al momento de la firma del Tratado, todos los altos puestos eran ocupados por ciudadanos de Estados Unidos, quienes tenían su salario en base a los valores de dicho país, con bono extra por estar fuera de él y bonos de ubicación y repatriación.

 No falta quien desde afuera pretende exigir acabar con la corrupción, pero olvidan que los propios Estados Unidos, ha propiciado el control de la llamada clase política de nuestro país, que mediante la invasión le entregó el país a los políticos, quienes han hecho y desecho con el país, ¿acaso no recuerdan sus propios actos?  Bien sabemos que es Estados Unidos quien manipula los resultados electorales, como en el 2014, que el partido con menos diputados electos resultó ganador, mediante un programa “hindú”, que eliminaba votos de unos y los sumaba a otros, por cierto, dicen que el mismo programa usado en la elección de J. Biden.

 En la década de los 60, Los Estados Unidos sufrió tres serios reveses de orden ideológico y moral, ante la opinión pública mundial, el primero fue como hemos visto, el 9 de enero de 1964 en Panamá, probablemente nunca hemos medido el alcance mundial de dicha gesta, aún en la propia población estadounidense, luego a raíz de la invasión a República Dominicana el 28 de abril de 1965 y por último probablemente la más reconocida la llamada “Ofensiva del Tet”, en 1968 en Vietnam.  El mundo, gracias a la televisión, apreciaba en los hogares las masacre y atrocidades de la soldadesca norteamericana, aún en los propios Estados Unidos, llevando a su propia población a preguntarse: ¿qué estamos haciendo allá, por qué nuestros soldados acribillan a civiles desarmados, que tiene esa gente que los anima a pelear por un ideal?  Surge así un criterio sencillo, con armas no se aniquila un ideal, tan temido como la filosofía del “BUSHIDO”, código ético y de guerra de los japones.  Las naciones del mundo cuestionaban entonces el proceder imperial de Los Estados Unidos y su propia población, con grandes manifestaciones opuestos a dichas atrocidades.  Para contrarrestar la entereza de los pueblos crearon la llamada doctrina de la “guerra de baja intensidad”, que como hemos visto hace la función de ablandamiento y desprestigio de los adversarios, misma que aplicaron de 1986 a 1989, previo a la invasión a Panamá, aunque el éxito no fue total, el Teniente General Carl Stiner, quien planificó y dirigió las operaciones militares, informó a sus superiores en el Pentágono que lo pensado en tomar el país en 5 horas se había prolongado por más de una semana y con el agravante que mientras una parte de la población aplaudía la invasión, otra en silencio se oponía, evidentemente sin entablar lucha armada, dado la carencia evidente de medios. De manera que los objetivos de la invasión quedaron a medias, tales como: A. La prorroga de las bases militares, B. La imposición de una Junta Directiva del Canal, totalmente afín a ellos, C. Acabar con el tráfico de drogas, por cierto, las propias autoridades norteamericanas certificaron que se incrementó 3 veces más que bajo Noriega.  Sólo cumplieron a cabalidad el desmantelamiento de las Fuerzas de Defensa, pedido por la propia administración Endara, hecho que no contó con el apoyo popular dado el rotundo fracaso en el referéndum de 1993.

 Pero, en 1992, específicamente el 11 de junio, ocurrió en Plaza Porras un acontecimiento histórico mundial, muy poco apreciado por nosotros, durante la visita de 6 horas del presidente George Bush, quien se pavoneaba como el gran emperador vencedor, las protestas lo hicieron huir, acontecimiento que la prensa internacional le dio cobertura en vivo, directo y sin manipulación.  Por segunda vez en la historia, el comandante en jefe había huido, esta vez perseguidos por un pueblo desarmado, pero indignado porque como dijo un periodista de La Prensa, no podemos permitir que quienes mataron a nuestros hermanos, hoy vengan a regocijarse.  La repulsa fue inmediata, en Sao Paulo, Brasil, lo estaban esperando en iguales términos, luego Europa y al fin no pudo reelegirse.  Tal repulsa era indicio que el pueblo panameño tenía una inquebrantable voluntad de no dejarse quitar ni su independencia ni el Canal.  Después de eso, desistieron de sus pretensiones de prorrogar las bases, tratando de colar un centro antidrogas, oferta que no aceptó Pérez Balladares.  Esto nos indica que Los Estados Unidos no quiere problemas con un pueblo decido a defender sus derechos.  Hay que decir que el señor Trump parece desconocer un hecho real, las dos ocasiones que sus presidentes han huido, son contra los canadienses y británicos (1812) y contra los panameños (1992) y es con quien busca pleitos.  Es claro que Los Estados Unidos está rehuyendo una confrontación que implique la condena moral del mundo, pues nadie duda de su capacidad militar y económica, pero carente del derecho y apego a las normas internacionales. Una victoria militar, sin sustento moral, ideológico y legal, no surte los efectos esperados, Irak, Afganistán, Libia, son claros ejemplos.

  1. LOS ARGUMENTOS DE TRUMP

El presidente electo Donald Trump, dentro de su esquema de permanente taquilla y mantenerse en la palestra pública, no duda en hacer referencias de hechos y acciones ajenas a la realidad, que en sus delirios de Emperador del mundo, ni siquiera repara que “sus invasiones” a Groenlandia y a Canadá involucra a miembros de la OTAN (Dinamarca), de forma que es total disparate.  En nuestro caso, Panamá y su Canal, sus argumentos son los siguientes: 

  1. Trump acoge con entusiasmo el argumento esbozado por Ronald Reagan quien sostenía que el Canal de Panamá había sido “regalado” por Cartea a Panamá. Dicho tratado nace al momento de la gesta patriótica del 9 de enero de 1964, que dio como resultado el compromiso de la eliminación de las causas de conflicto (perpetuidad, bases militares, soberanía, administración…), por lo que dicho tratado buscaba generar un estado de paz y tranquilidad entre las partes, hecho que ha sido así durante los 25 años de administración panameña.
  2. Sostiene que los panameños somos unos estafadores, al establecer costos de peajes altos para el comercio de Estados Unidos. Todo lo contrario, la política de peaje es para todos los usuarios, sin preferencia alguna.  Es evidente que desde 1914 a 1999, los Estados Unidos fue subsidiado comercialmente por el Canal, así como por el no pago de alquiler de las bases militares, establecidas para conveniencia de ellos, sin autorización alguna.  ¿Cómo una nación del tercer mundo subsidia al país más rico de la tierra?  IMPERIALISMO PURO. 
  3. Para Trump Panamá le ha entregado el Canal y los Puertos a los chinos. Desde 1996 se inició el proceso de concesión de los puertos de Balboa y Cristóbal, es decir, más de 28 años, en un proceso privatizador aupado por el Fondo Monetario y Los Estados Unidos, que ahora, parece que han caído en cuenta, como se dice en el campo, “después de la yegua muerta sale con la chacara de maíz”. Ya ese es un hecho consumado.  No se extrañe el lector si en un par de semana aparece dicho personaje amenazando con ataque nuclear a Japón porque se enteró que el 7 de diciembre de 1941 atacaron Pearl Harbor.  Ya Los Estados Unidos de América han deja de ser el país que dictaba  su política exterior con por los menos diez años de anticipación mediante los llamados “documentos”, por el contrario ahora están detrás de los acontecimientos, su capacidad conspirativa ha decaído, las últimas asonadas golpistas le han fallado estrepitosamente (Bolivia, Perú, Ecuador, el propio Panamá, con su manejo electoral de coartar las elecciones para tratar de imponer candidatos afines, etc.), de manera que China, con mucha astucia y paciencia le “ha robado el mandado.  Como ya sabemos desde 1996 concesionaron los puertos terminales del Canal, igualmente tienen proyectos en Nicaragua, el puerto de Manzanillo en México, así como el nuevo puerto Chancay en Perú, que conecta con la carretera transamazónica con Rio de Janeiro y Sao Paulo, en Brasil, que llevará todo el comercio chino a América del Sur, por lo que dejarían de usar las rutas marítimas del Canal de Panamá.  ¿Acaso Los Estados Unidos no vieron venir el “lobo”, desde hace más de cuarenta años?  La negligencia y torpeza en política exterior tiene un precio muy alto, que erróneamente creen que como ellos se jactan de la mayor democracia, el más poderoso…, etc. Todo el mundo se ha de arrodillar.  Es mejor que dejen sus escaramuzas y guerras creadas y se dediquen a lo suyo.  Y eso que no han tomado en cuenta el problema monetario que les viene.
  4. Como quiera que “cada ladrón juzga por su condición”, ahora resulta que para Trump, todos los panameños somos delincuentes, sin considerar siquiera que “nadie se sienta en la silla sino tiene el visto bueno del norte”, es decir ellos mismos se han encargado de darle el poder a la clase dominante, dirigen tras bastidores a las autoridades represivas, hasta le dan pergaminos de buena conducta, Noriega, por cierto tenía decenas otorgados por la DEA, FBI… y cuantas siglas queramos, su “Embajadora” hace el papel de Procónsul, mientras no son pocos los panameños quienes diariamente se acercan a dicha Embajada a “tomar el té”, descargando los bochinches y miserias del resto de los panameños. Como dijo la presidente de México, para los gringos sólo los latinos son los integrantes de los carteles de las drogas, pero nadie ha visto a Pablo Escobar, Chapo Guzmán, Mayo Zambala…, vendiendo drogas en las calles de las ciudades y pueblos de los Estados Unidos, nunca hemos visto a un “capo”, de quienes comercializan la droga presa, pues todos son gringos y sus ganancias las lavan en el sistema norteamericano.  La pretensión de los estadounidenses es generar discordia entre los nacionales, esto sin negar que la administración de justicia es deficiente, que la policía no hace su trabajo, el Ministerio Público es una Agencia de los Estados Unidos, no les importa con el crimen del panameñita vida mía, ni su educación, la salud, pero, por cierto Estados Unidos, no está mejor, como para tirar la primera piedra.

 5.EL, ¿QUÉ HACER DEL PUEBLO PANAMEÑO?

Bien sabemos que esta lucha la ha llevado especialmente la clase popular, mientras que, contrario, los organismos de la clase dominante cuando mucho dan un comunicado.  Los últimos gobiernos también han adoptado una actitud muy parca, faltos de patriotismo, siendo que los segmentos políticos han sido los más beneficiados, al igual que los grupos dominantes.  Ahora necesitan de la canalla del panameño vida mía, entonces a bajarse del bus.  Desde 1990 han disfrutado de la administración del Canal, pero es tiempo de que eso se democratice.  Los estrategas del norte no desean que esto desemboque en una lucha popular que encienda todo América Latina y hasta Canadá, por eso se hace imperioso la lucha popular, mientras el gobierno tiene que crear los puentes políticos para esa gestión.  No puede caer el gobierno en dimes y diretes con la potencia del Norte, lo mejor es dejarlo hablar solo, mientras que se fortalece una alianza de unidad nacional para enfrentar a un enemigo poderoso.

El autor es Abogado

    

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