25 años de la reversión: El Canal de Panamá y la concentración de sus riquezas.
El Canal de Panamá, una colosal obra de ingenierÃa que unió dos océanos, ha sido durante décadas un sÃmbolo de progreso y desarrollo para Panamá. Sin embargo, a 25 años de su entrega a manos panameñas el 31 de diciembre del año 1999, detrás de esta fachada de modernidad y prosperidad se esconde una realidad más compleja y desigual.
La construcción, la reversión y, posteriormente, la ampliación del Canal han sido testigos de cómo las luchas populares por la soberanÃa y la justicia social se han visto contrapuestas a los intereses de una élite económica que ha sabido capitalizar esta mega obra en su propio beneficio.
La historia del Canal es un relato de contrastes. Por un lado, encontramos las luchas de un pueblo que, durante décadas, soñó con recuperar su soberanÃa y construir un futuro más justo.
Los tratados Torrijos-Carter de 1977, representaron un hito en esta lucha, al devolver el control del Canal a manos panameñas. No obstante, la oposición de sectores poderosos, vinculados a algunos intereses económicos en Estados Unidos y a una élite local, intentó obstaculizar este proceso.
Paradójicamente, aquellos que en su momento se opusieron a la transferencia del Canal y a su ampliación son hoy los principales beneficiarios de esta mega obra.
La ampliación del Canal, presentada como un motor de crecimiento económico, ha generado enormes ganancias para un reducido grupo de empresarios y polÃticos, mientras que las mayorÃas han visto escasos beneficios tangibles.
La concentración de la riqueza en pocas manos es una realidad incuestionable en Panamá. El Canal ha sido un catalizador de este proceso, al generar una serie de actividades económicas conexas que han enriquecido a un puñado de familias y empresas. Mientras tanto, amplios sectores de la población siguen enfrentando problemas de pobreza, desigualdad y falta de oportunidades.
En conclusión, el Canal de Panamá es un legado complejo y contradictorio. Por un lado, representa la religión de un pueblo y un sÃmbolo de su capacidad para superar grandes desafÃos. Por otro lado, ha exacerbado las desigualdades sociales y económicas del paÃs, beneficiando principalmente a una élite económica.
Es fundamental reflexionar sobre este legado y preguntarnos cómo podemos construir un futuro más justo y equitativo para todos los panameños.
Es necesario promover polÃticas públicas que promuevan una distribución más equitativa de la riqueza, que fortalezcan el Estado de derecho y que garanticen el acceso a servicios básicos para todos.
El Canal de Panamá puede seguir siendo un motor de desarrollo, pero es imperativo que este desarrollo sea inclusivo y beneficie a toda la sociedad. Solo asà podremos construir un paÃs más justo y próspero para las futuras generaciones.
El autor es profesor en la Universidad de Panamá.


