Todo pasa, lo importante es cómo y porqué pasa
Desde hace meses pensaba en la llegada de ese 18 de diciembre, fecha en que un puñado de educadores recordarÃa los 50 años de haberse graduado en el Instituto Normal de David. La fecha acaba de pasar y el sábado 21 celebramos, en el hotel David, tan significativo acontecimiento.
Al repasar esos años de adolescencia de 1972, 73 y 1974 se formaron en mi mente un sinnúmero de remolinos. Las travesuras, los amores intensos y profundos y las caritas inocentes de muchas personas que me rodearon. Al verlas, luego de 50 años, varias lágrimas de sangre corrieron por mi interior.
No solo evocaba esas épocas, también reafirmaba que el tiempo es inquieto y que la tierra no se detiene. Algunos rostros nuevos engalanaron el escenario para convertirse en esos tornados que llegan, causan estremecimientos y luego desaparecen. Gracias a esas niñas y niños que organizaron un evento inolvidable. Y asà como anhelamos la llegada de fechas especiales, estas pasan y lo importante es cómo y porqué pasan. TodavÃa comentamos en el grupo de chat esa velada especial.
Y en este domingo de inspiración nuestra poetisa Doris Jurado nos habla sobre esa Nochebuena que también pasó. En mi caso, cada 24 de diciembre me enfrento a sensaciones agridulces. El hecho de recordar la Navidad de mi niñez y compararla con la de hoy me causan enfrentamientos por la escasez de ayer y la opulencia de hoy. Mi esposa e hijos me recuerdan la palabra merecimiento y eso sofoca el fuego interior que se forma en mÃ, cada diciembre. Y nos dice Doris Jurado.
Noche Buena, te acercas, con paso silencioso, Y traes luz al mundo dejando luminoso el cielo con tu estela que llena de esperanza, sin ruidos, ni tambores solo con los sabores del triunfo que nos deja tu llegada gloriosa como el Rey de naciones y el Señor de Señores.
En esta madrugada recordaré a MarÃa que con su inmensa fe le dio la bienvenida al niño que en pañales acunó con el celo en sus benditos pechos. Y José, padre bueno le dio la bienvenida, lo cuidó con esmero y le pusieron el nombre que les llegó del cielo: Jesús, que vive y reina a pesar de los tiempos y a pesar del martirio que sufrió por nosotros qué aun le damos penas y que Él nos perdona.
Bienvenido, Jesús, porque aquà yo te espero con mis brazos abiertos, con perdón en mis labios y en mi alma un "te quiero".
Hasta aquà la inspiración de nuestra musa. Espero que la paz y el amor reinen en cada uno de los hogares.
El autor es Periodista y Docente de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Panamá


