El Canal de Panamá es un tema debate internacional
Hablemos del tema del momento, el Canal de Panamá, una de las obras de ingeniería más icónicas del mundo, que vuelve a ser protagonista de un debate global. Esta vez, las declaraciones del presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump, han puesto a prueba la diplomacia y la soberanía de Panamá. Trump calificó las tarifas del Canal como "exorbitantes" y lanzó amenazas sobre una posible "devolución" del Canal, reavivando viejas tensiones entre ambas naciones. Ante este escenario, el presidente panameño José Raúl Mulino reafirmó enérgicamente que el Canal es y seguirá siendo patrimonio inalienable de Panamá.
Estas declaraciones, más allá de las posturas políticas, abren una discusión que merece una reflexión profunda y matizada. ¿Estamos, como país, gestionando adecuadamente los recursos generados por el Canal? ¿Son justificadas las críticas sobre la percepción internacional de su administración?
Desde su traspaso a Panamá en 1999, el Canal ha sido una fuente vital de ingresos y orgullo nacional. En el año fiscal 2024, entregó al fisco panameño más de 2,400 millones de dólares, destacándose como un pilar económico crucial para el país. Las tarifas que se cobran a los buques no son un capricho, sino el resultado de estudios de mercado, costos operativos y la necesidad de mantener y modernizar la infraestructura.
Sin embargo, para muchos panameños, el gran cuestionamiento radica en cómo se distribuyen esos recursos. A pesar de los aportes significativos, persiste la percepción de que la calidad de los servicios públicos no está a la altura de lo que podría esperarse. Los hospitales y escuelas del país deberían reflejar los beneficios de tener una fuente de ingresos tan estratégica.
Mientras algunos ciudadanos se aferran a la narrativa de soberanía y celebran la independencia del Canal, otros cuestionan la transparencia y eficacia en el uso de sus ingresos. Este debate es válido y necesario, pero no debe perder de vista el contexto más amplio: Panamá compite en un mercado global donde rutas como el Canal de Suez o el Ártico representan desafíos constantes. La estabilidad y gestión eficiente del Canal son esenciales para mantener su relevancia.
Las declaraciones de Trump no deben ser subestimadas. Estados Unidos sigue siendo el principal usuario del Canal, representando más del 70% del tránsito de mercancías. Sin embargo, su amenaza de exigir la "devolución" carece de fundamento jurídico, considerando los Tratados Torrijos-Carter, que establecen claramente la soberanía panameña sobre el Canal.
Lo que sí es cierto es que estas tensiones reflejan un panorama geopolítico más amplio, donde las potencias buscan consolidar su influencia sobre rutas estratégicas. Para Panamá, esto significa una doble responsabilidad: defender su soberanía mientras mantiene una postura de apertura al diálogo y la cooperación internacional.
Este debate debe ser una oportunidad para que Panamá revise internamente cómo se gestionan los recursos del Canal y cómo se proyecta al mundo. Es necesario garantizar que cada dólar generado se traduzca en desarrollo tangible para el país. Sin duda alguna, la diplomacia debe jugar un papel clave para neutralizar cualquier intento de deslegitimar la soberanía panameña.
El autor es Periodista


