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La Fisiología de los Sentimientos en el Duelo: Un Viaje Interior entre Ciencia y Emoción

Por: Azael Del Cid Rodríguez Sánchez Azael.rodriguezs@up.ac.pa | Publicado el: 19 diciembre 2024



“La fisiología de los sentimientos en el duelo: Un viaje interior entre ciencia y emoción” analiza con profundidad la manera en que las emociones y los sentimientos experimentados durante el duelo tienen una base fisiológica. Este enfoque explora los procesos neurobiológicos, hormonales y emocionales que interactúan en el sistema nervioso para dar forma a las respuestas humanas frente a la pérdida. Además de abordar los fundamentos científicos del duelo, el reflexiona sobre sus implicaciones en la salud física y mental, destacando las estrategias necesarias para el afrontamiento y la recuperación.

El duelo se comprende como un proceso natural de sufrimiento que surge ante una pérdida significativa, como la muerte de un ser querido, la ruptura de una relación o un cambio profundo en la vida. Aunque su intensidad varía en función de factores como la personalidad, las circunstancias de la pérdida y el apoyo social, afecta tanto al cuerpo como a la mente de manera integral.

Desde un enfoque neurobiológico, los sentimientos asociados al duelo encuentran su origen en áreas específicas del cerebro, como el sistema límbico, que incluye la amígdala y el hipocampo. Estas estructuras procesan las emociones y almacenan recuerdos relacionados con la pérdida, activándose frente a estímulos emocionales y generando sentimientos de tristeza, ansiedad y melancolía. Además, el sistema nervioso autónomo regula respuestas físicas al estrés, como la frecuencia cardíaca y la presión arterial, lo que subraya el impacto fisiológico del duelo.

El escrito profundiza en la influencia de hormonas y neurotransmisores durante el duelo. Sustancias como la serotonina, dopamina y oxitocina, asociadas al placer, la conexión emocional y el bienestar, disminuyen notablemente en esta etapa, contribuyendo a sentimientos de aislamiento, vacío y desesperanza. Por otro lado, el cortisol, una hormona vinculada al estrés, incrementa de manera significativa, lo que puede provocar insomnio, pérdida de apetito y alteraciones en el sistema inmunológico.

Asimismo, el escrito destaca el rol del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HPA) en la regulación de las respuestas emocionales y físicas al duelo. Este eje, junto al sistema nervioso autónomo, moviliza recursos energéticos para enfrentar la pérdida, aunque a menudo a costa de la estabilidad emocional y física del individuo.

El impacto del duelo trasciende el ámbito emocional y afecta de manera profunda la salud integral. Entre las afecciones comunes se encuentran la depresión, la ansiedad y el trastorno de estrés postraumático. Además, un duelo prolongado o mal gestionado puede derivar en un “duelo patológico”, caracterizado por síntomas que interfieren significativamente con la vida cotidiana. En el plano físico, las personas en duelo enfrentan un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, hipertensión, trastornos del sueño y alteraciones inmunológicas.

Más de la mitad de quienes atraviesan un duelo significativo reportan problemas de salud mental previos o desarrollan nuevas afecciones durante este proceso. Esto resalta la necesidad de monitorear cuidadosamente a los dolientes para prevenir complicaciones y fomentar una recuperación integral.

Frente a los desafíos del duelo, el autocuidado emerge como una herramienta esencial para la recuperación. El ensayo propone cinco pilares fundamentales: mantener una estructura diaria, buscar apoyo social, fortalecer la espiritualidad, cuidar la salud física mediante el ejercicio y priorizar la salud mental a través de técnicas de relajación y terapia. Sin embargo, también se reconocen las barreras que enfrentan muchas personas en duelo, como la falta de motivación, el aislamiento social y el estigma asociado con buscar ayuda profesional. En este sentido, se enfatiza la importancia de la intervención activa de familiares, amigos y profesionales de la salud.

El escrito argumenta que el duelo debe considerarse un proceso adaptativo y saludable, no una patología. Sin embargo, cuando se complica, las intervenciones terapéuticas se vuelven esenciales. Entre estas, la terapia cognitivo-conductual se posiciona como una de las más efectivas, ayudando a las personas a identificar y modificar patrones de pensamiento y conducta desadaptativos. En casos severos, se recomienda combinar estas terapias con tratamientos farmacológicos para aliviar los síntomas de ansiedad y depresión.

Finalmente, el escrito subraya la necesidad de incorporar enfoques innovadores, como técnicas de mindfulness y relajación, junto con herramientas basadas en la neurociencia para comprender y abordar las respuestas emocionales y fisiológicas durante el duelo. Esto no solo permite una visión más integral del proceso, sino que también facilita la creación de estrategias más efectivas para promover la resiliencia emocional y el bienestar general.

El autor es docente de la Facultad de Enfermería y estudiante de Doctorado Ciencias de la Salud y del Comportamiento Humano

 

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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