La cosmogonía cristiana sobre el Medio Ambiente en 1971
El libro del Génesis, capítulo 1: 27-31, ha sido considerado para algunos la base de los problemas ambientales ocasionados por el hombre, principalmente a partir de la revolución industrial. Sin embargo, a este respecto, nos encontramos de entrada, con una errada interpretación de la Biblia y por eso no es casual que en las sagradas escrituras aparezca la siguiente advertencia en 2 de Pedro 1: 20-21 “ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”.
Sin duda, Pedro pone de manifiesto que solo la Iglesia Católica está legitimada y autorizada para interpretar las sagradas Escrituras y esto se puede constatar, de esta manera, más adelante, cuando Pedro dijo en Segunda de Pedro 3: 15-16 “Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición”. Con estos pasajes, podemos ver, cuánto se equivocan, quienes interpretan la Biblia de manera privada y quienes lo hacen terminan malinterpretando la palabra de Dios. Pero ahora tenemos que fijarnos en el pasaje bíblico del Génesis 1:26. La doctrina social de la Iglesia surge en 1891 con el Papa León XIII y aparece en un contexto en que se desarrollaba la sociedad industrial, establecía que la creación es un don de Dios y también en el Génesis se da especial atención a la naturaleza, por ejemplo, en Génesis 1: 21 en el que Dios declara que todo lo que había creado era bueno.
Igualmente, cuando se da el diluvio universal, Dios destruye todo lo que significa la opresión y la maldad, pero salva la familia humana a través de Noé y también a los animales de la Tierra. También tenemos los pasajes en hebreos 10:4-18 en que se manifiesta que la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados, sino la sangre Cristo, que redime los pecados del mundo.
De la misma manera, está el pasaje en el evangelio de Mateo en que Jesús libera las aves de las jaulas del templo y también el pasaje de Marcos 1: 10-11 en que el Espíritu Santo desciende sobre Cristo como una paloma. Paralelamente, grandes santos de la Iglesia Católica han tenido especial relación con la naturaleza, como es el caso de San Francisco de Asís, que llamaba hermanos a los animales, al sol, a la luna y a las estrellas y alababa a Dios por todas las criaturas y por toda la creación. Les predicaba a las aves del cielo, incluso logró hacer dócil a un lobo que todos temían y creó un himno llamado “El Cántico de las Criaturas” o “Cántico del Hermano Sol”. Al reflexionar sobre estos pasajes y sobre la vida de grandes santos de la Iglesia Católica, se hace evidente el sesgo ideológico de quienes afirman que la crisis ambiental es responsabilidad del pasaje del Génesis 1: 27-31.
El Papa Pablo VI, el 14 de mayo de 1971, en su Carta Apostólica Octagésima Adveniens, en donde denunciaba una “explotación inconsiderada de la naturaleza, en la cual corre el riesgo de destruirla y de ser a su vez víctima de esta degradación”.
En las palabras de esta reprimenda, se puede apreciar de manera inmediatamente clara, dos cosas: el cuidado del medio ambiente y la denuncia a un sistema depredador y opresor que no respeta la creación de Dios y que, en la Biblia, el hombre no está llamado a destruir la naturaleza, sino a ser un buen administrador de la creación.
La Conferencia Episcopal de Medellín, cuando manifiesta su concepción de vida y de desarrollo integral de los pueblos en 1968, en el punto dos, establece la originalidad del mensaje cristiano, que involucra primero la conversión del hombre, para que luego pueda exigir el cambio en la sociedad. Hoy los ambientalistas también entienden que para enfrentar los desafíos del cambio climático y el calentamiento global es necesario un cambio interior en el hombre.
Llegados a este punto, queda claro, pues, que el cristianismo a través de la Iglesia Católica siempre ha defendido la vida y nunca ha estado a favor de la destrucción de la Tierra, la cual considera parte de la creación de Dios. Y por último, en la Conferencia Episcopal de Medellín, se intenta llevar lo que la conferencia denomina la “luz del evangelio” a todos los pueblos y el respeto a las generaciones futuras, como después en 1987 la Comisión de Brundtland de las Naciones Unidas en su informe “Nuestro Futuro Común” define el desarrollo sostenible como el “desarrollo que satisface las necesidades presentes, sin comprometer a las generaciones futuras” y también hoy lo establecen los derechos humanos de tercera generación que instituyen el derecho a vivir en un medio ambiente sano.
*Estudiante de la Maestría Historia de América Latina


