El síndrome del Impostor entre los Diseñadores Gráficos
En el mundo del diseño gráfico, donde la creatividad y la innovación son requisitos constantes, muchos diseñadores nos enfrentamos a una lucha interna que rara vez se habla de ello: el síndrome del impostor.
Este fenómeno psicológico afecta a personas de todas las edades y contextos, independientemente de sus logros o nivel de experiencia. Como diseñador te habrá saltado la duda alguna vez si el proyecto que diseña es lo suficientemente bueno, te preguntarás constantemente si será del agrado del cliente, jefe o de los usuarios. Incluso podrías tener dudas de tu capacidad y talento en el diseño, a pesar de tus logros y éxitos anteriores.
Estas dudas y falta de confianza en nosotros mismos como profesionales pueden acarrear consecuencias a corto y a largo plazo, como mermar nuestra producción creativa (no queremos correr riesgos y seguimos fórmulas que nos han funcionado con anterioridad); así como también puede provocar ansiedad, agotamiento y bloqueos creativos.
Como ya sabemos, el diseño gráfico es un campo competitivo y altamente visual, donde el trabajo de un diseñador suele estar sujeto a juicios públicos constantemente. De hecho, cada proyecto terminado o en progreso es compartido por muchos de nosotros en redes sociales como Behance, Instagram y Dribbble. La idea de compartirlo es darnos a conocer, aprovechar la publicidad de “boca en boca” y hacernos de una reputación en él medio para conseguir prospectos.
Pero lo que muchos no son conscientes es que estas redes sociales se han convertido en vitrinas donde se exhiben trabajos impecables, pero que rara vez muestran el verdadero proceso detrás de ellos: los errores, las iteraciones y las lecciones aprendidas. Inevitablemente, al revisar los portafolios y proyectos de otros colegas, ya sea para buscar ideas y referencias o para explorar las nuevas tendencias, caemos en la trampa de “compararnos con los demás”. Estas comparaciones poco realistas alimentan el síndrome del impostor, especialmente entre diseñadores juniors que están comenzando en la industria o diseñadores seniors que enfrentan proyectos de alta exigencia o van más allá de su campo de experiencia.
Por otro lado, la naturaleza subjetiva del diseño significa que no siempre hay una respuesta “correcta”, lo que puede intensificar las inseguridades. Es decir, una decisión aparentemente sencilla como la elección de un color, el rojo, por ejemplo, puede desatar una cantidad de enorme de ansiedad por no estar seguro cuál, de la infinita cantidad de gamas de rojo, se debe elegir. Cualquier diseñador, incluso de moda o de productos, sabe que la elección del color puede ser una de las decisiones más cruciales en un diseño. El diseño es subjetivo, repito, y lo que puede gustarle al cliente o jefe, puede que no cumpla las expectativas del usuario final o de la aprobación escrupulosa de otros diseñadores.
¿Pero qué hacer? ¿Cómo afrontamos esta ansiedad y/o falta de confianza cuando nos ataca? A pesar de lo desafiante que puede ser lidiar con el síndrome del impostor, existen estrategias prácticas que los diseñadores gráficos pueden adoptar para enfrentarlo. Una de las primeras cosas que yo suelo hacer y que me ha funcionado es minimizar las comparaciones.
Si bien es útil buscar inspiración en el trabajo de otros diseñadores, es importante recordar que cada profesional tiene su propia trayectoria laboral y conjunto de habilidades desarrolladas. Como expliqué anteriormente, las redes sociales son una ventana selectiva y no reflejan la totalidad del proceso creativo. Pero, aun cuando sabes que lo que les funciona a ellos no necesariamente te funciona a ti porque son contextos diferentes, y el “impostor” se hace presente, debes aprender a “reconocerlo”. Muchos especialistas en psicología recomiendan fomentar la autoconciencia. Debes identificar los pensamientos negativos y cuestionar es válido y refleja la realidad. Esta autovaloración ayuda a romper el ciclo de autosabotaje.
La autora es Magíster en Diseño Gráfico y Docente en la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de Panamá.


