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Algunas Consideraciones de la Evolución del Español

Por: Muriel de Londoño | Publicado el: 19 noviembre 2024



La historia de la lengua española permite conocer el origen del idioma y su evolución desde su paso del latín vulgar al castellano, razón por la que se hace interesante este estudio, ya que permite conocer las diversas transformaciones fonéticas, morfosintácticas, semánticas, léxicas y literarias que sufrió el latín vulgar a la transformación de lo que hoy se conoce como español.

A lo largo de la historia de la lengua latina hubo una variante popular, el latín vulgar, y una variante literaria. A medida que el latín vulgar fue transformándose, surgieron las lenguas romances, pero, al mismo tiempo, el latín literario perduró como lengua culta. Hoy día es necesario que todo filólogo de la lengua hispánica conozca a profundidad ese proceso evolutivo del idioma desde su origen hasta lo que hoy ya es un idioma consolidado en el mundo.

El español arcaico

Durante el siglo XIII, cuando la lengua castellana se enriquece espléndidamente con la poesía culta del mester de clerecía y se llega, en el aspecto métrico, al isosilabismo casi perfecto, aparecen las primeras manifestaciones de la prosa romance en ensayos de tendencia erudita; al principio se usó únicamente en traducciones de obras árabes de narración y de tratados morales sin ningún propósito literario; la creación de la prosa debe de contar con una segunda y docilidad del instrumento lingüístico y, a la vez, con una imposición desde arriba, puesto que, en nuestro caso, el castellano se encontraba en situación de inferioridad respecto del latín lengua de historia, de cancillerías, de notarios y de eruditos.

De acuerdo con lo que anota J. Ayala (1963) la poesía al decir de Menéndez Pidal aparece con un carácter popular o nacional, y se enlaza desde su comienzo con la poesía de otros idiomas románicos, con la francesa, con la gallega y la provenzal, principalmente. Lacros aparece con un carácter más erudito, ejercitándose en obras científicas o didácticas, copiadas o inspiradas en las literaturas más sabias de entonces: la latina, la árabe y la hebrea. En este primer período de su desarrollo, la prosa se ejercita principalmente en traducir las materias que hasta entonces se expresaban solo en las lenguas doctas de la época; en las traducciones se procuraba una fidelidad más literal que literaria, y en todo caso los varios estilos de los autores traducidos se sobreponían al estilo del adaptador castellano.

Algunos estudiosos sostienen que es la persona del rey Alfonso X el Sabio quien

da el impulso definitivo a la creación de la prosa romance en lo que se refiere, fundamentalmente, a la creación del vocabulario y a un esquema sintáctico.

En otro sentido, podemos destacar algunas de las características de la prosa creada por el Rey Sabio en la Crónica General, que es donde más se destaca su originalidad creadora:

  1. a) la creación de nuevos elementos de enlace subordinativo y aprovechamiento al máximo de los existentes (p. e.: para que, comoquier que, siquier, aunque, etc.).
  2. b) "Una de las condiciones manifiestas de la inmadurez de la prosa medieval es el estilo paratáctico de frases coordinadas reiteradamente con la partícula e (y). La frecuencia con que aparece en las obras de Alfonso el Sabio, y después en los

escritos del siglo XIV, denuncia su origen árabe. Escasez de formas de período, manifestada en la pobreza de los nexos conjuntivos

  1. c) La conjunción copulativa e (y) encabeza la apódosis en las oraciones compuestas

 .. d) Uso abundante del anacoluto, lo cual demuestra la influencia oriental en la creación de la primitiva prosa castellana, así como también la elipsis del verbo copulativo con la consiguiente unión directa entre el sujeto y el predicado nominal.

  1. e) Repite en muchas ocasiones el genitivo de plural cuando quiere indeterminar el sentido de una palabra, como en cuál cuento de los cuentos.
  2. f) Repetición de la conjunción que después de que un inciso ha roto la continuidad de una frase.
  3. g) Residuos de las fórmulas hechas usadas por los juglares para mantener la atención del auditorio, a lo que se junta “la poca destreza juglaresca en la transición narrativa, puesta de manifiesto en la escasez de las conjunciones o en la larga monotonía de las cláusulas yuxtapuestas.

En cuanto al dialectalismo nos dice R, Lapesa (1981,p. 202) lo siguiente: “En los textos arcaicos destaca la vitalidad de las hablas locales, incluso en territorios de un mismo dialecto; dentro de Castilla, el Cantar del Mío Cid presenta caracteres especiales de la Extremadura soriana; el Auto de los Reyes Magos ofrece el diptongo uo (mal transcrito, una veces pusto, otras morto) y clamar en vez de llamar, probablemente por reflejo del habla toledana; en la Disputa del alma y el cuerpo, compuesta en la parte septentrional de Burgos, hay huemne por  hombre; rima fuera/plena que obliga a suponer fora o fuora / plora en el original plural res por rey = reges y otras particularidades extrañas”.

El español distinguió hasta el siglo XVI formas que después se han confundido, y

Algunos casos han sido sustituidos por otros nuevos.

Hay que resaltar que el español de los siglos XII y XIII carece de estabilidad que resulta de un largo uso como lengua escrita. Las tendencias espontáneas de la

comunicación oral desarrollándose sin trabas se entrecruzan y contiende. A las variedades geográfica se añaden las vacilaciones que, dentro de cada dialecto, hay entre diversos usos fonéticos, morfológicos y sintácticos.

 El español del Siglo de Oro

El panorama histórico español cambia en el siglo XVII; se inicia ya la decadencia político-económica; las estructuras sociales anquilosadas giran en torno al poder monolítico de una monarquía cada vez más ostentosa, frívola e inoperante; el

empobrecimiento material de la Península corre parejas con el fastuoso y el derroche material de la Corte; las lejanas Indias y el oro que fluye de sus minas pasa directamente a las arcas de los banqueros europeos sin dejar en España más que una estela de empobrecimiento y de amargura; todo esto ha minado la confianza que el español tuvo en sí mismo durante el siglo XVI.

El cansancio del alma española fastidiada de históricas heroicidades, la vida literaria toma un ritmo apresurado en el que la lengua, básicamente la misma del siglo anterior, se ve obligada a entrar en estructuras violentas y forzadas. La moda barroca impone una actitud mental enredada que empapa también a la mente idiomática: erudición, agudeza, ironía, juegos mentales que sorprenden al ingenuo, alusión velada, son características de este período; una retórica complicada que exige estar en el juego para poderse sostener en un equilibrio inestable; polaridad semántica en los vocablos, campos lingüísticos difíciles de acotar, metáforas concentradas y constante invención de palabras según la ocasión lo exija. La literatura asedia a la vida y la vida a la literatura hasta el punto

de que hay momentos en que ya no sabemos quién influye a quién. Si Alfonso

Reyes ha dicho que "toda mente opera literariamente sin saberlo", podríamos afirmar que el Barroco hace que la vida se viva literariamente y al revés.

En el mismo lindero del barroco, el teatro nacional se reafirma en todos sus

valores y defectos con Lope de Vega que, captando las ansias de acción de un pueblo violento y ávido de emoción, supo idealizar la vida hispánica en todos sus aspectos. El milagro lopesco se opera principalmente en el campo del lenguaje: crea verdaderamente un instrumento de expresión dramática que, desgraciadamente, va a pesar negativamente en épocas posteriores. El lenguaje de

Lope según J. Ayala (1963) mezcla acertadísima de la sintaxis cervantina del 'buen gusto' y de la dislocada sintaxis barroca o 'intemporal'— es un prodigio de adaptación a las circunstancias, al tema o a los personajes: "tan pronto se amolda al tono brillante y conceptuoso de los galanes como a la ingenuidad del labriego o al desplante socarrón del criado. Hay, además, tipos convencionales de lenguaje, favorecidos por la tradición o la moda literaria: favorecidos por la tradición o la moda literaria: uno es la "fabla " antigua, remedo del español medieval, aparecida en romances artísticos y usada por Lope en alguna comedia de su primera época; otro, el lenguaje villanesco, que perpetúa el leonés empleado por los pastores de Juan del Encina y sus imitadores, mezclado con arcaísmos, giros vulgares e invenciones humoristas de los poetas.

Con Góngora y la escuela culterana culmina este proceso en una distorsión total de la lengua y con la creación de estructuras lingüísticas que no podían encajar, durante mucho tiempo, en el mecanismo normal del español.

El mérito lingüístico de Quevedo consiste en haber sabido encontrar en cada palabra todas sus proyecciones semánticas hasta el infinito por medio de la hipérbole y otros recursos estilísticos La poderosa afluencia de ideas sobrepasa a

los recursos expresivos y de aquí que haya que violentar la sintaxis y todos los cánones tradicionales: Quevedo vive retando permanentemente los convencionalismos al uso. Señalamos algunos de sus rasgos estilísticos más notables: adjetivación directa, por oposición, del sustantivo, sin intermedios

transierentes ("era un clérigo cervatana"); ampliación del contenido semántico del vocabulario (hambre imperial) ¡("renovación del léxico por medio del neologismo oportuno como diablazgo disparatarlo, archipobre, protomiseria; sublimación a la categoría de lengua literaria del vocabulario picaresco y de la germanía del hampa.

Según R, Lapesa (1981) Nuestros escritores del Siglo de oro no sentían preocupación por el rigor gramatical tan escrupuloso como los que se exigen actualmente; pasaban incongruencias del habla con mucha frecuencia en la lengua escrita.  Una palabra referida a varios términos podía concertar solo con uno de ellos: “a todo esto se opone mi honestidad y los consejos que mis padres me daban”. (Cervantes)

Español moderno

La lengua española adquiere a través de los siglos XVI y XVII su estructura definitiva; en lo esencial, todo lo que venga después será cuestión de pequeños detalles y de retoques. En el siglo XVIII el panorama nacional ha cambiado por completo; el pesimismo de Quevedo y de sus días ha cuajado en una total depresión tanto material como ideológica:

El español era apto para plegarse a toda forma de pensamiento, para encerrar los más sutiles matices de la sensibilidad e imaginación modernas. El traductor de Federico Schlegel se quejaba en 1843 de lo poco que ha sido trabajada la lengua española “en la parte abstracta y metafísica”. El Santo Oficio, dice Valera, “abogó todo discurso, todo pensamiento sobre lo divino que no fuese una repetición de lo

oficial y consignado. La filosofía acabó por convertirse en ergotismo frívolo para

las aulas, en fría indiferencia para los hombres del mundo”. Después del Santo Oficio vino una santa necedad filosófica, puramente negativa y que no ha creado

nada. Si en el estilo expositivo y filosófico apenas si contamos con algunos maestros, en la novela de costumbres aparecía un tesoro de elementos

pintorescos y expresivos, que en vano hubiéramos buscado en el siglo XVIII. El romanticismo había sido, no solamente en España y América, sumamente oratorio. Goethe señaló ya está falla en Byron a quien tanto admiraba.

De acuerdo con A. Marasso (1922) Musset dijo con cierta ironía que si se borrasen los adjetivos de los libros que entonces se publicaban se reducirían dos volúmenes a uno. Ya Aristóteles y Quintiliano reprocharon el mismo abuso a los oradores; abuso que es común en la prosa poética como puede verse, no solo en Granada, sino en los pasajes pastoriles de Cervantes. Lope escribió la Arcadia “a ejemplo de Sannazaro cuya prosa tiene tantos epítetos como palabras.” El adjetivo que es fuerza, color, imagen, se desleía haciéndose fácil y abstracto. Basta leer aún hasta a Núñez ele Arce. Había que poner, el alma en cada palabra; de ahí que, en los últimos tiempos el simbolismo francés haya renovado la adjetivación, aun en lo vaporoso e indeciso. El “epíteto raro”, de que hablaban los Goncourt, es el adjetivo vulgar, pero que adquiere nuevo sentido en el alma del artista.

Actualmente el español se ha convertido en una de las lenguas de comunicación y cultura más importante con cerca de 600 millones de hablantes repartidos por todo el mundo, aunque especialmente en América. Más que del español habría que hablar de las variantes del español: variantes geográficas (español meridional,

español septentrional, español de América) o variantes sociales (nivel culto, nivel vulgar, nivel rural), aunque el español es una de las grandes lenguas que mejor conservan su unidad.

La autora es Magíster y profesora de la Escuela de español de Facultad de Humanidad de la Universidad de Panamá

 

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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