DÃa Internacional de las Mujeres Rurales
El DÃa Internacional de las Mujeres Rurales se celebra anualmente el 15 de octubre desde 1997 y fue establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2007. Tiene como objetivo reconocer la función y contribución decisivas de las mujeres rurales, incluidas las mujeres indÃgenas, en la promoción del desarrollo agrÃcola y rural, la mejora de la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza rural. Además, busca sensibilizar sobre las desigualdades que enfrentan las mujeres rurales y promover medidas para mejorar su calidad de vida y empoderamiento socioeconómico y polÃtico.
Las mujeres rurales (una cuarta parte de la población mundial) trabajan como agricultoras, asalariadas y empresarias. Labran la tierra y plantan las semillas que alimentan naciones enteras. Además, garantizan la seguridad alimentaria de sus poblaciones y ayudan a preparar a sus comunidades frente al cambio climático. Sin embargo, como señala ONU Mujeres, las campesinas sufren de manera desproporcionada los múltiples aspectos de la pobreza, y pese a ser tan productivas y buenas gestoras como sus homólogos masculinos, no disponen del mismo acceso a la tierra, créditos, materiales agrÃcolas, mercados o cadenas de productos cultivados de alto valor. Tampoco disfrutan de un acceso equitativo a servicios públicos, como la educación y la asistencia sanitaria, ni a infraestructuras, como el agua y saneamiento.
Las barreras estructurales y las normas sociales discriminatorias continúan limitando el poder de las mujeres rurales en la participación polÃtica dentro de sus comunidades y hogares. Mundialmente, con pocas excepciones, todos los indicadores de género y desarrollo muestran que las campesinas se encuentran en peores condiciones que los hombres del campo y que las mujeres urbanas, como lo demuestran las siguientes cifras.
El 64% de las mujeres del campo tiene bajos ingresos, fundamentalmente debido al trabajo informal que realizan, lo que reduce sus posibilidades de salir de la pobreza. Menos del 15% de la propiedad agrÃcola está en manos de mujeres rurales, lo que limita su capacidad de crédito para invertir y producir. Más del 30 % de las mujeres agrÃcolas no tienen acceso a que su parto sea atendido por profesionales. Esto puede provocar complicaciones e incluso mortalidad materna. Las niñas rurales son más propensas al embarazo y al matrimonio precoz, lo que las hace más vulnerables a las enfermedades de transmisión sexual, al abandono de los estudios y a la violencia de género.
El empoderamiento de las mujeres rurales requiere acceso al trabajo decente y a la seguridad social; educación y capacitación; fuentes sostenibles de energÃa y tecnologÃa; saneamiento y agua potable; eliminación de la violencia y prácticas dañinas para ellas; incluirlas en la toma de decisiones y en el liderazgo de la comunidad; contribuyendo a elevar su resiliencia en general.
Conseguir la igualdad de género y empoderar a las mujeres rurales no solo es lo correcto, sino que es un ingrediente fundamental en la lucha contra la pobreza extrema, el hambre y la desnutrición.
La autora es directora Instituto de la Mujer de la Universidad de Panamá IMUP
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