La Frontera entre la Inteligencia Humana y la Artificial Mediatizada por la Tecnología Generativa
Con las grandes transformaciones sociales, económicas, científicas y tecnológicas dentro de la denominada primera revolución digital, en los últimos años, se ha remarcado con mucha preeminencia, la modificación de roles en el sistema productivo y, sobre todo, educativo.
Cada vez más, están surgiendo una denominada tecnología generativa, que algunos estudiosos de la tecnología digital consideran que la idea de trabajo que hoy día se asume como tal, en los próximos años, podrá variar. Al respecto, Diego Fernández (2017), en esa misma proporción de idea, sugiere que, en igual manera, habrá cambios sustanciales en la calidad de salud y calidad de vida.
Pero si bien es cierto, que esas grandes transformaciones tecnológicas, benefician la mejora de muchos componentes de la vida humana, no es menos cierto, que, en igual proporción, puede acarrear a la especie humana, un aniquilamiento de no insertarse con las estructuras mentales necesarias en su control de lo oportuno o lo perjudicial.
El trabajo, la salud y la extinción de la especie humana, para algunos investigadores de la inteligencia artificial en adelante (IA), todas estas condiciones de la vida dependerán en gran parte de la denominada “tecnología generativa”, entendida según Ribera, M y Oliver Díaz (2024), “aquella que tiene como finalidad producir datos sintéticos como texto o imágenes a partir de patrones aprendidos en datos reales”.
Pero, qué es esa llamada “tecnología generativa” y su desarrollo a través de la IA. En sus posibles acercamientos conceptuales que la misma asume, no se puede abordar si primero no nos adentramos en entender la inteligencia humana. Definición muy sesgada en los ámbitos escolares por muchos educadores. En su inmensa mayoría, clasifican a sus estudiantes de acuerdo a unos baremos de una prueba que mide más no evalúa.
Es decir, quienes respondan con más certezas las llamadas pruebas objetivas, se le atribuyen el calificativo de “inteligente” aunque en la comprensión de su respuesta y su transferencia a la vida cotidiana, no tiene aplicación alguna, mientras que aquél estudiante que no obtuvo los criterios valorativos establecidos en el aula escolar, pero, sus vivencias con el contexto cotidiano y su capacidad de resolver problemas, logra mejores resultados en comparación con el alumno que obtiene resultados favorables en las pruebas escolares.
Otro ejemplo, bien puede ser, los principios de las funciones hemisférica desde los aportes dados por Broca, Sperry G., Williams B, De Bono entre otros, y todo lo que implica la “programación neurolingüística (PNL)”, en la cual dentro del “software” y “el coursware” del desarrollo curricular de los programas y sus contenidos, se estructuran como procesos aquellas característica prefrontal lineal, lógico-matemático, que favorece a aquellos estudiante que la poseen (pensamiento del hemisferio izquierdo), en detrimento del pensamiento del hemisferio derecho; global y holístico, sin las consideraciones de un tratamiento didáctico “confluyente” en la cual converjan ambos estilos de procesamiento de la inteligencia, ejemplo de una producción intelectual basada en la “teoría confluyente de la lateralización hemisférica”, bien podemos citar cualquier sinfonía que se estructuran para favorecer los dos (2) estilos de funcionamiento hemisférico, es decir, la estructura lineal; composición musical extendida y compuesta generalmente, está dividida en cuatro (4) movimientos, cada uno con un momento y estructura diferente (predominancia de estilo del hemisférico occidental). Por predominancia hemisférica holística, las obras de Beethoven, quien rompió con el equilibrio del clasicismo. Sus piezas eran más libres y enérgicas, lo que influyó en los compositores del romanticismo que buscaban expresar sentimientos más subjetivos y menos convencional.
A lo largo de toda la historia humana y, sobre todo, en la educación, a manera de ejemplo, no hemos sabido comprender lo que es la inteligencia humana e inclusive, se actúa de manera arbitraria y poco mensurada, sobre lo que la misma implica.
Las recientes investigación sobre la biología humana de Salsposky, R (2023), afirma que “detrás de cada acción humana hay una explicación biológica”. A nuestro entender, este concepto se centra en la idea de que, para comprender verdaderamente el comportamiento humano, debemos estudiarlo en todos los niveles, desde lo que sucede dentro del cerebro un nanosegundo antes de que ocurriera un comportamiento”.
Desde las neurociencias, por inteligencia humana, implica comprender cómo funciona el sistema nervioso para producir y regular emociones, pensamientos, conductas y funciones corporales básicas, incluidas la respiración y mantener el latido del corazón. Los neurocientíficos estudian el sistema nervioso en muchos niveles diferentes.
Las neurociencias, según Martínez, R (2023), “es una disciplina que comprende neurología, psicología y biología. Estudia al cerebro y, de manera amplia, todo el sistema nervioso y cómo se relaciona con la conducta y el aprendizaje.
Por otro lado, la Inteligencia Artificial (IA), debe ser comprendida en función de dos (2) aproximaciones conceptuales; por un lado, es un campo de la informática que se enfoca en crear sistemas que puedan realizar tareas que normalmente requieren inteligencia humana, como el aprendizaje, el razonamiento y la percepción. Y, por otro lado, máquinas que están programas para llevar a cabo determinadas tareas de forma automática sin la necesidad de que los seres humanos supervisen su trabajo.
Ahora bien, ¿Cuáles son las implicaciones de la importancia del abordaje conceptual de la inteligencia humana y la inteligencia artificial en la docencia y la investigación? La infinidad de descubrimientos científicos y avances tecnológicos importantes, conllevan grandes procesos de evolución humana desde sus inicios hasta los actuales tiempos.
Recientemente, nos abocamos a unas transformaciones digitales y las tecnologías generativas basadas en la IA, están posicionándose en los recintos escolares y así mismo, surgen una cantidad de herramientas para la docencia y la investigación. Véase la realidad aumentada, la realidad virtual, las redes sociales, las aplicaciones móviles y los Chabots y su diversidad de herramientas y funciones como apoyo a los procesos educativos.
En el desarrollo de todas estas tecnologías generativas, el uso y la aplicación mensurada de las herramientas de la IA, contribuyen como soporte en la búsqueda de innovadoras habilidades y destrezas mentales de automatización de tareas que permiten un proceso educativo más eficiente con el aumento de los motivos para aprender y enseñar.
Lo anteriormente señalado, de acuerdo con INTEF (2019), la IA está redefiniendo las habilidades necesarias en el mercado laboral. Según el informe del INTEF, las habilidades digitales avanzadas serán cada vez más demandadas, y los sistemas educativos deben adaptarse para preparar a los estudiantes para estas nuevas necesidades. La capacidad de trabajar con herramientas de IA en la docencia y la investigación en su comprensión y su funcionamiento será crucial en un futuro cercano.
Por otra parte, además de los conocimientos conceptuales, procedimentales y actitudinales, el complemento con otras habilidades mentales sustenta la certeza de que habilidades como el pensamiento crítico, la creatividad y la capacidad de resolver problemas complejos, serán cada vez más valoradas.
La educación, por lo tanto, debe evolucionar para no solo enseñar contenido específico, sino también para desarrollar estas “habilidades blandas” o soft skills, (las habilidades blandas se relacionan con la manera en que trabajas. Estas incluyen habilidades interpersonales (personas), comunicativas, de escucha, gestión del tiempo, empatía, entre otras). que son esenciales en un mundo impulsado por el uso de herramientas de la tecnología generativa y digital.
El autor es profesor del Departamento de Didáctica y Tecnología Educativa de la Facultad de Ciencias de la Educación


