Un pueblo se levantó contra Noriega
Recuerdan aquel Viernes Negro de 1987 cuando los ciudadanos nos levantamos en contra del dictador Noriega. Jamás habÃa visto tanto fervor y deseos de salir de la tiranÃa. Sin duda alguna el nervio motor de esas movilizaciones fueron las declaraciones del coronel Roberto DÃaz Herrera quien el 6 de junio de 1987 le decÃa a Panamá y al mundo las monstruosidades que se cometÃan dentro de la bestia llamada Fuerzas de Defensa.
Por aquellos tiempos siempre se decÃa que los movimientos de masas solo eran de lunes a viernes y que los sábados y domingos la gente se iba a pasear al campo y a la playa. ¡En esa época se rompió ese molde y el mito cayó en pedazos como cual plato de vidrio cuando cae al suelo! Con una armadura conformada por coraje y valentÃa y con un color blanco que asustaba a los uniformados, el panameño pedÃa justicia, libertad y democracia. Y a esa gran concentración, que tuvo como epicentro la iglesia Del Carmen, acudieron seres humanos de todos los estratos sociales y polÃticos. No hubo divisiones, ni diferencias… todos nos abrazamos a nuestra bandera para gritar un… ¡BASTA YA!
Se le conoció como el Viernes Negro, pero en realidad fue uno blanco. Y es que ese color significa paz, entendimiento, hermandad. En mi vida habÃa visto tanta saña de los militares en contra de los civiles. La cara visible de quienes pedÃamos un mejor Panamá era el empresario Aurelio BarrÃa quien junto a otros colegas miembros de la Cámara de Comercio fundaron la Cruzada Civilista Nacional el 9 de junio de 1987.
En este miércoles en positivo pido aplausos para aquellos que lo dieron todo para que cambiáramos de rumbo. Si bien los pañuelitos blancos no tumbaron a Noriega por lo menos hicieron el trabajo del comején debilitando la estructura donde estaba montado. Con o sin invasión la suerte de Noriega ya estaba echada y la prueba fueron esos intentos de golpe contra el comandante, el primero ejecutado el 16 de marzo de 1988 y el segundo el 3 de octubre de 1989. Y al comparar el escenario de Panamá entre los tiempos de la dictadura y la era democrática post invasión el propio Aurelio BarrÃa declaró que valió la pena luchar en contra de los militares.
En pocas palabras la peor democracia es mejor que una dictadura perfecta. Recordar es vivir, como dice el otro y viene como anillo al dedo lo que una vez expresara Cicerón… los pueblos que olvidan su historia… están condenados a repetirla.
El autor es periodista y Docente de la Facultad de Comunicación Social
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