Convivencia entre colibrÃes
Enseguida nos sumergimos en la densa espesura, que se interponÃa entre nuestras personas y el resto del mundo impenetrable, grandes aves nos observaban sin simpatÃa, con fijas miradas selváticas, y luego, a lo lejos, aparecieron monos correteando entre el fino entramado de ramas, subiendo y bajando con salvaje entusiasmo, aullando furiosamente en prolongados gemidos. a veces pasaban volando mariposas de vivos colores, y en el piso laborando innumerables insectos avanzando en densas columnas oscuras organizadas en torno a un objetivo común. Gruesos troncos podridos yacÃan en el suelo, recubiertos de helechos, la naturaleza se reproducÃa allà sin descanso con alarmante fertilidad, en una incesante fiebre de vida y descomposición.
En ese asfixiante verde universo aparece de vez en cuando, entre la densa confusión, un gigantesco árbol solitario en cuya copa pueden vivir y anidar un millar de animales y de sus alturas cuelgan inmóviles lianas retorcidas.
En esa callada espesura a ratos levantaba el vuelo en un destello de colores un colibrà revoloteando, o un tucán pico iris emprendiendo el vuelo; fuera de eso, ni un sonido, ni una señal de vida; nos adentrábamos desconcertados y en silencio en una confusa infinidad esmeralda, bajo la bóveda de una densa maraña de árboles, estrechamente rodeados de plantas de hojas multiformes. pronto fue imposible ya diferenciar un árbol aislado, pues cada uno estaba entretejido, entreverado con los otros a través de sus raÃces y raÃces aéreas, sus ramas, helechos y plantas trepadoras, todas envueltas y atadas por cientos de lianas y otras plantas parásitas, extendiendo sus de raÃces como zancos hacia nosotros, y sobre nuestras cabezas pendÃa cada vez más densa una verde red y una fosa de hojas y ramas.
Carlos Saavedra, el experto en aves de Panamá Rainforest Discovery Center, con el metal tranquilo de su voz explicaba ese maravilloso mundo de los colibrÃes. Allà estaban los colibrÃes quietos, en el aire, en el instante, y como un niño asombrado señalaba algún espécimen que más bien parecÃa un hada en medio de este bosque tropical húmedo de más de 19 000 hectáreas. ¿SabÃas qué estas aves revolotean las alas 60 veces por segundo? ¿Tienen el cerebro más grande en su mundo en proporción a su tamaño corporal? ¿Qué su corazón puede latir 1200 veces por minuto? ¿Que comen tres veces su peso corporal al dÃa? ¿Qué puede bajar su temperatura corporal de 37?5° a 17°C?
Y entre tantas preguntas y respuestas el sol, como una moneda de oro desapareció en el horizonte.
Emprendimos el regresamos poco antes del atardecer, fatigados por el húmedo calor y las horas pasadas, el camino ancho y de tierra serpenteaba y sus orillas comenzaban a poblarse de sombras como si el bosque avanzara por ambos lados e intentara estrangular la estrecha y frágil lÃnea de luz. AllÃ, en ese hábitat salvaje de más de 1300 especies de plantas, 525 especies de aves, 105 especies de mariposas, 79 especies de reptiles, 55 de anfibios, y 36 especies de peces de agua dulce cambiaba para mà el preciso significado de la noche. Cuán inmensa, bella, desconocida y hostil es la profunda y densa oscuridad en el trópico panameño.
El autor es estudiante de Turismo alternativo
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