Derecho de las audiencias en Panamá ¿quién lo defiende?
A diario se escuchan adagios como “la información es poder”, “el poder de las palabras” o “el medio es el mensaje”. La mayoría de estas premisas, tienen en común el poder ejercido desde el que se enuncia el mensaje. Pero quienes reciben ese mensaje, la audiencia, usualmente queda relegada a un papel pasivo en la ecuación.
Orozco (1997) define audiencia como “todos y todas con nuestras resistencias y complacencias, a consumir lo ofertado por los medios masivos”. Mientras que el “derecho de las audiencias son derechos humanos, que inician por la defensa del derecho a la información”, de acuerdo con la profesora, comunicadora y doctoranda Claudia Figueroa Pino, quien diseñó e impartió el seminario “El derecho de las audiencias” en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Panamá, junto con la también periodista y doctoranda Griselda Melo.
En medio de la jornada educativa, quedó claro que el derecho de las audiencias es una pieza fundamental del rompecabezas, que junto a la libertad de expresión y de prensa, conforman el ecosistema de la comunicación. La simbiosis de estos elementos no tiene por qué ser antagónica la una con la otra. Por el contrario, deben complementarse y enriquecerse mutuamente. Para ello, la relación de poder no debe ser vertical, sino en redes, tal como lo teorizó el sociólogo francés Michel Foucault.
Las redes sociales y el internet vinieron a romper ese poder vertical del emisor según Omar Rincón, profesor y especialista en la materia del derecho a las audiencias. Una suerte de democratización de la información. Es decir que ya los medios no tienen el monopolio de lo que van a informar. Las audiencias exigen, reclaman, critican, interactúan, bloquean y denuncian.
Sin embargo, el hecho de poder interactuar con un contenido no implica que se proteja el derecho de las audiencias a nivel macro: el respeto a los datos personales, a la identidad, la privacidad, entre muchos otros se diluyen en los códigos de ética de medios masivos, dándole al lector/televidente/radioescucha muy pocas herramientas para defenderse en caso de que un medio viole algún derecho personal o colectivo.
En Panamá se apela a la autorregulación de los medios. Hace muchos años el diario La Prensa fue precursor nombrando al reconocido periodista Herasto Reyes como “Defensor del lector”, desde donde publicaba cartas a los lectores, respuestas a lectores y artículos educativos sobre la información.
Pasaron los años y en vez de replicarse esta iniciativa en otros medios, el espacio de La Prensa pereció. Solo quedó la página de opinión y la réplica, que está protegida por la ley, pero que en la práctica tiene poco efecto en contrarrestar el daño que puede causar, a la reputación de una persona, una noticia tendenciosa, tergiversada o de plano, falsa.
Urge retomar este tema en Panamá a través de la creación de una defensoría de las audiencias, que ejerza una función cívica, educativa y constructiva en pro de los pilares de los medios: quienes los leen, ven y escuchan.
La autora es Periodista e investigadora, maestranda en Ecología Política y alternativas al desarrollo. Fundadora de Con las manos en la data.


